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El selfie museum de Medellín

MUCHOS han reclamado la autoría de la selfie. Paris Hilton, por ejemplo, sostuvo que ella, junto con Britney Spears, había dado inicio al fenómeno en 2006. Una afirmación desmentida de inmediato por cientos de internautas que se remitieron a antecedentes con más de un siglo de antigüedad, como aquel de 1839, cuando Robert Cornelius, empresario estadounidense y pionero en el campo de la fotografía, hizo uno de estos autorretratos en su tienda de lámparas en Filadelfia.

 

O como el de 1914, cuando la duquesa Anastasia Romanov dio paso a las selfies de espejo con una foto de sí misma que luego envió a su padre acompañada de una carta que decía: “Fue muy difícil (tomar la foto) ya que mis manos temblaban”. A ellos dos se sumaron el fotógrafo neoyorquino Joseph Byron, quien en 1920 se autorretrató en una azotea, y nada menos  que Frank Sinatra, quien también hizo uso de este recurso en 1938.

Parece ser que son, entonces un fenómeno desarrollado de manera gradual y colaborativa. El caso es que la selfie es una cápsula comunicativa de tal poder en nuestro tiempo, que en varias ciudades del mundo –Miami, Nueva York, Barcelona, Los Ángeles, Berlín, entre otras– se han erigido o adaptado espacios para que la gente se las tome. En ese mapa de museos de la selfie ahora aparece Medellín, gracias a la iniciativa de un grupo de amigos. 


*Publicado en la edición impresa de diciembre de 2021.

Las pinceladas escultóricas de Patricia Tavera

“EN SUS DIBUJOS, Patricia aprovecha todas las posibilidades que ofrece la materia. Busca las tonalidades de tintas y aguadas. Utiliza el azar: una mancha, por ejemplo, es suave y sensualmente conducida y transformada en figura. La línea es de pronto rauda como el vuelo de un pájaro. De pronto se demora, se recoge y se cierra sobre sí misma con la sensualidad de una curva femenina y se abre en una provocación erótica. Sí, en Patricia el trazo está guiado por la intuición y no por una premeditada construcción racional. Su pintura es cosa diferente”.


Así describe el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza el arte de Patricia Tavera en las páginas del libro que recientemente se publicó sobre la artista, titulado
 Trazo, materia y éxodo. La publicación recopila no solo una retrospectiva de las obras de la bogotana, prolífica desde la década de los setenta, sino también una selección cuidadosa de textos acerca de su obra, escritos por personas clave en la vida de la artista. Es el caso del mismo Plinio Apuleyo Mendoza, pero también de su maestro, David Manzur. También se incluyen las voces de Juanita Samper Ospina, Elena González-Moñux, George Gómez y Cáceres, Paz Álvarez, Alejandro Santos, Francisco Gil Tovar y Aurora Intxausti, entre otros.


En el lienzo y en sus pinceladas, que son casi escultóricas, el talento de Patricia se ha encontrado reiteradamente con el concepto del éxodo: ese movimiento forzoso de seres humanos a lo largo y ancho del planeta. Y así, con esa  conjunción de impresionismo y expresionismo tan propia de ella, en ese punto intermedio entre la figuración y la abstracción, la artista impacta. Clara y fuerte: así es recordada en las galerías que le han acogido en España, Italia y Portugal, países donde residió, pero también en Estados Unidos, en Francia, en Hungría, en Austria y en varias naciones de América Latina.

REVISTA CREDENCIAL honra su trayectoria y talento con esta selección de obras plasmadas en su libro y que le permiten ir en contra del deber ser, o –como lo expresa en otro de sus apartados, el propio Manzur– en contravía: “Patricia, vas en contravía y por eso te felicito, porque veo que entiendes que el arte no se inventa y que, en el mejor de los casos, la creación no es más que una variante de lo ya hecho. (...) En tus cuadros se siente el pasado, pero también se presienten los reflejos de la contemporaneidad en evolución hacia propuestas futuras”. 

FOTOS CORTESÍA PATRICIA TAVERA

Villa de Leyva en aromas y sabores



BOYACÁ ES COMO UN ESPEJO para los bogotanos, quienes acuden a ese departamento para reconocerse a sí mismos y disfrutar del territorio agrícola del que provienen muchas de sus familias. Para gozar de esas colinas verdes, calurosas en algunos días y gélidas en otros, y en cuyos hombros descansan sembrados de tubérculos, frutas y aromáticas. Sembrados que, de hecho, hacen parte de la región que más abastece de alimentos a Colombia, según el DANE.

Y en ese entorno, Villa de Leyva es el tesoro mejor cuidado por las autoridades patrimoniales. Un romántico pueblecito de temperatura ideal (23 °C en promedio), fundado en 1572 y en donde los 16.000 habitantes (de todo el municipio) reciben a varias veces ese número en turistas cada año. Es como el Mompox de los Andes, o una especie de Barichara mucho más cerca de la capital.

El restaurante que ha aprovechado el capital cultural de Villa de Leyva con más respeto y constancia es Mercado Municipal. Hablamos con Laura Jaramillo, quien hace 13 años fundó este rincón gastronómico junto con su pareja, Mario Martínez. Hoy, su negocio es un referente turístico y gastronómico para toda Colombia.


Una casona para el arte en Cali

EN LA DÉCADA de los ochenta nació la Fundación Obeso Mejía, que aún encarna el espíritu filantrópico de una de las parejas más recordadas de la Sultana del Valle. La antioqueña Luz Mejía de Obeso y el costarricense nacionalizado colombiano Antonio Obeso de Mendiola vivieron una historia de amor que se prolongó por 73 años –hasta el fallecimiento de él en 2014– y cuyos frutos los percibe, todavía hoy, la sociedad caleña. Uno de los últimos deseos de los Obeso Mejía era que la casona que construyeron juntos en 1947, esa misma en la que vivieron por décadas y que queda a orillas del río Cali, quedara a disposición del ímpetu artístico de esa ciudad, que es inagotable. Pues bien: hoy ese predio, a su vez un Bien de Interés Cultural Municipal, es administrado por el Museo La Tertulia, que lo utiliza como una plataforma de creación en beneficio de la ciudadanía. Y hace pocos meses, la Alcaldía municipal inauguró un puente de hierro sobre el río Cali que conecta al museo con la Casa. Con ello se culminó el deseo ilustre de la pareja ilustre.