06 de octubre del 2022

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Un río con museo

ES HORA DE RECONOCERLO: Honda se está gentrificando. Y con ello, ese pueblecito patrimonial, que es como una pequeña Cartagena en los Andes colombianos –también caliente, sin mar, pero con río, el río–, está mutando en demografía. Una de las puntas de lanza de ese proceso es el arte: pintores, escultores, fotógrafos, curadores, académicos y afines han encontrado allí un entorno propicio para crear, deliberar y gozar de una vida sana.

Y en ese contexto, el Museo del Río Magdalena es una especie de imán. En 2014, la entonces directora Elsa Laverde y el antropólogo Germán Ferro (hoy director) lideraron una renovación de este centro cultural de la mano de varias entidades públicas, y desde entonces el museo no solo cumple con ese llamado clave de restablecer el vínculo que Colombia tiene con el río que atraviesa el país de abajo a arriba, sino que también le abre sus puertas al arte joven. FOTOS CORTESÍA MUSEO DEL RÍO MAGDALENA. 

Jim Amaral en tres dimensiones

QUIZÁ PAREZCAN tener respuestas obvias, pero frente a la obra escultórica de Jim Amaral (California, EE. UU., 1933) no podemos evitar hacernos algunos interrogantes: ¿Estamos ante texturas más que de volúmenes y formas? ¿Les aplica mejor el concepto de ilustraciones que el de esculturas, suponiendo que estas fueran ideas excluyentes? ¿Tenemos la impresión de que se trata de una obra conceptual más que figurativa? ¿Hay en estas piezas una rusticidad espontánea y orgánica o, por el contrario, una premeditada y delicada elegancia?

A finales de la década de 1950, Amaral llegó a Colombia proveniente de Estados Unidos para echar raíces en nuestro país de la mano de su pareja, la también artista Olga de Amaral, cuya exploración en el arte textil es un referente obligado en ese nicho creativo. Desde entonces, él se dedicó a explorar soportes y lenguajes diversos. Por ejemplo, en los años sesenta, sus dibujos y pinturas con alusiones eróticas irrumpieron en el entorno conservador bogotano de entonces. Sus dedos hicieron danzar pinceles húmedos con acuarela, así como untados de acrílico y óleo: de sus días más pictóricos’ recordamos obras con aire surrealista en las que, por ejemplo, pezones y genitales juegan con otros rincones de la piel humana. Y ante todo, dichas alusiones están hechas con sencillez, sin pretensiones de excesiva complejidad.

Y luego, la obra escultórica de Amaral, sobre todo aquella desarrollada en las últimas tres décadas, parece denotar una madurez que, aunque no ausente en sus soportes bidimensionales, es contundente. La rusticidad y carácter orgánico del bronce es aprovechada, pero con control; asimismo ocurre con cuán figurativa es cada obra, con sus alusiones al cuerpo humano, que son genéricas y, entonces, no le hablan a un individuo ni de ninguno de ellos, sino a la especie entera. Para corroborar lo anterior existe la posibilidad de acercarse —entre otros— a la esquina de la carrera 7 con calle 72, en Bogotá, donde, al pie del edificio de la Bolsa de Valores, tres grandes figuras aladas de Jim Amaral, hechas en bronce, parecieran surcar un espejo de agua. También se puede corroborar en la Galería La Cometa, que representa al artista.
Fotos cortesía: Galería La Cometa. 

El gran mariposario paisa

ESTOS COLORIDOS lepidópteros son mucho más poderosos de lo que creemos. Por ejemplo, son indicadores de la calidad y de la salud de los ecosistemas: si ellos están bien, quiere decir que el entorno natural también lo está. Además, resultan fundamentales para un sinnúmero de especies de aves, murciélagos y mamíferos insectívoros, y las zonas ricas en mariposas, según la Asociación Zerynthia –especializada en la conservación de estos animales–, son también abundantes en otros invertebrados.

Pero, más allá de eso, Colombia es el país donde más especies de mariposas hay (20 % de las existentes en el planeta, según un estudio reciente), y por ello no extraña que el país tenga varios mariposarios en su geografía. De ellos, quizá ninguno sea tan bello como la Casa de las Mariposas Forjas Bolívar, ubicado en las instalaciones del Jardín Botánico de Medellín. Fotos cortesía Jardín Botánico de Medellín. 

La piel de la tierra

Puede que leer ensayos sea un placer, pero ¿qué tal apreciarlos cuando están dibujados a lápiz?

Alejandro García Restrepo (Medellín, 1983) sabe exponer a los seres humanos como meros componentes en ese tapiz de vida que cubre el planeta y que llamamos naturaleza. Según sus lápices, conformamos una amalgama de materia orgánica en la que la piel de nuestro cuerpo se funde con escamas y con plumas; en la que alzamos vuelo en vez de caminar, los caballos son en realidad ramas secas y los animales tienen extremidades humanas.

Este artista paisa reparte el grafito sobre el papel con tal precisión en los aspectos del volumen, la luz y la sombra, en las texturas y la composición, que sus obras casi tienen un halo de ciencia. Algo así como lo que ocurre con las ilustraciones en esos tratados botánicos de antaño. Pero ese rigor hiperrealista, preciosista incluso, no sirve en sus obras a un propósito meramente ilustrativo ni conceptualmente vacío, sino que está allí en función de un surrealismo personal.

“El dibujo es una técnica que está al alcance de todos, sus requerimientos son muy asequibles”, dice García Restrepo. “Y a pesar de la simpleza de sus procedimientos, los resultados pueden ser muy sofisticados”.

Estas páginas funcionan a veces como las paredes de una galería de arte, como aquellas en las que el artista ha expuesto en Medellín y otras ciudades. Lo buscamos para exhibir en ellas una muestra representativa de su postulado gráfico.

Fotos obras cortesía Alejandro García Restrepo.

Parque Arví, un territorio mágico

ABIERTO AL PÚBLICO el 9 de febrero de 2010, este parque ecoturístico cuenta con más de 1.761 hectáreas de bosques disponibles para ser recorridos. Se ha convertido en un lugar icónico para los paisas, no solo por su fauna y flora, sino por la magia que se respira en cada uno de sus espacios. Claudia Vanegas, guía y nativa del territorio, le contó a REVISTA CREDENCIAL algunos datos clave para la visita a este paraíso ubicado a pocos kilómetros de Medellín. FOTOS CORTESÍA PARQUE ARVÍ.