26 de febrero del 2024
FOTO: CORTESÍA PREMIOS @CARLOSOARTURO
15 de Marzo de 2023
Por:
Catalina Uribe Tarazona

Esta joven chocoana de 27 años es cantante, compositora, rapera y productora. Hablamos con ella sobre sus primeros 10 años de carrera musical y acerca de cómo fue crecer en Quibdó siendo artista y miembro de la comunidad LGBTQ+.

TAGS: Colombia, Música

“El arte no es un privilegio, es una necesidad humana”: Mabiland

*Artículo publicado en la edición impresa de junio de 2022.

Usted salió de Quibdó a los 17 años. ¿Cómo se sintió irse de un territorio tan lleno de arte, música y magia para lograr sus objetivos?

A esa edad me fui a estudiar a la Universidad de Medellín porque, aunque en mi casa siempre estuve rodeada de literatura, poesía y arte, en Quibdó no hay oportunidades para crecer. Y es por la estructura del Gobierno, así como por la social: lo que yo llamo ‘racismo estructural’, porque los territorios que sufren de eso son los de mayorías afro e indígenas. Entonces, si bien esos lugares te invitan a crear, no hay cómo desarrollar esas creaciones. Yo, por ejemplo, firmé con la familia Warner, pero en México. Y en cuanto a mi carrera, siempre me ha tocado desarrollarla fuera de mi territorio natal. Me habría gustado mucho poder ser la Mabiland que soy, pero sin haber tenido que salir de ahí.

¿Y cómo podrían mejorarse esas oportunidades en el Pacífico?

Es un asunto de institucionalidad, de circulación, de presupuestos participativos y de educación. Esas cuatro cosas tienen que ir de la mano. Que los dineros que se roban pasen a usarse en arte y cultura. En parte, yo me hice gracias a Medellín, porque no tenía posibilidades económicas para financiar mi proyecto. Allí pude presentarme a becas y a presupuestos participativos que no existen en Quibdó, a pesar de que deberían: en ello tendrían que verse reflejados nuestros impuestos. Pero allá no
hay una Secretaría de Cultura, por ejemplo, con lo cual sabes que el problema es intenso. Si bien el arte no se puede realizar siempre de la mano del Estado, este sí tiene que garantizar unas posibilidades básicas para que se pueda desarrollar. El arte no es un privilegio, es una necesidad humana de expresión.

Yo me he mantenido muy atenta a todo lo que está pasando en el país, y cuando vengan las elecciones en Quibdó me voy a poner al pie del cañón, a exigirle a todos los candidatos que pongan sus propuestas a conocimiento de todo el territorio.

Comenzó escribiendo poemas, pero actualmente explora la música. ¿Cómo sonorizó con su propia voz aquello que escribía?

Fue muy loco. Empecé a tocar guitarra con amigos a los 12 años, pero éramos ‘los raros’: escribíamos canciones para nosotros, para recordarnos que no estábamos solos y así éramos felices. Luego, cuando llegué a Medellín, usé la música para ganarme lo mío: empecé a tocar en bares y a ahorrar. Y estando en la universidad —cursando la carrera de Comunicación Audiovisual—, me estaba yendo mal en una materia llamada Radio (risas), y si la perdía me devolvían a Quibdó. Un día, escuché al profesor de esa materia decir que había un proyecto de la facultad con el que se podía ganar puntos. Consistía en escribir una canción y cantarla, así que me lancé a presentar una. Gustó mucho y ahí arrancó todo: me empezaron a contratar en más bares y empecé a llenar lugares de 20, 30, 40, 50 personas.

 

En sus palabras, Medellín le permitió encontrarse con la “verdadera Mabiland”, ¿cómo fue eso?

Yo nací en un contexto muy machista y con muchas dificultades culturales para personas LGBTI+. No es que tú dices “voy a ser homosexual” y entonces todo es perfecto. Quibdó no es un territorio apto para ‘salir del closet’, o por lo menos no lo era en el tiempo en que yo vivía allí. Entonces, a uno le cuesta aceptar lo que es, como piensa, siente, se enamora, etcétera. Cuando llegué a Medellín, me encontré con una ciudad que está en el furor de las libertades personales y es una de las cosas que más agradezco porque pude ser libre. Y no es que culpe a mi territorio por no darme esa libertad, sino a que no se pueda educar a la gente, porque no hay las herramientas suficientes. A Medellín llegué a conocer museos, salas de cine, pinturas, arte... abrir la mente a nuevas posibilidades que no tenía antes. Quiero abanderarme para que, a través de lo audiovisual, sean muchas más las personas que puedan experimentarlas.