20 de septiembre del 2021
10 de Febrero de 2021
Por:
Redacción Credencial

La música es a Colombia lo que la gastronomía es a México: una veta de identidad que nos describe. Que contiene la sofisticación de nuestras culturas, de nuestros pueblos, de nuestra diversidad, de nuestras emociones, de nuestros relatos. De Colombia se esperan talentos excepcionales, y así debe ser en un país por cuyas venas corre la cumbia, la chirimía y el joropo, pero también el rock, el hiphop, la salsa y el reguetón, entre tantos ritmos. Esta selección fue curada por seis expertos a quienes Revista Credencial les sugirió un criterio: que sus elegidos fueran jóvenes promesas especialmente talentosas y con alta proyección internacional.

15 nuevos talentos

 
CURADORES
  •  Andrés Cepeda:
Sus 30 años de carrera musical lo han posicionado como uno de los artistas más respetados de Colombia. Ganador de dos Latin Grammy, diez Premios Nuestra Tierra, tres discos de oro, cuatro discos de platino y tres premios Shock.
• Alejandro Santamaría
• Alejo Ruiz
• Pantoja
 
 
  • Jaime Monsalve:
Jefe musical de la Radio Nacional de Colombia. Autor de tres libros sobre tango y coautor de aproximadamente 12 sobre jazz, rock, música clásica y otros géneros. En 2011 ganó un premio Simón Bolivar por la investigación sobre el primer disco de jazz grabado en Colombia.
• Bogas
• The Criollos
• Gaiteros de Pueblo Santo
 
  •  Mariangela Rubbini:
Directora de la Revista Shock hasta 2020. Fiel defensora de la música emergente y apasionada por el universo musical. Ha sido curadora de importantes convocatorias y fue miembro votante de los Premios MTV Latinoamérica.
• Gabriel Garzón Moreno
• Alejandro Santamaría
• Dawer x Damper
 
  •  Fonseca:
El solista, reconocido por su mezcla de pop y ritmos folclóricos colombianos, lanzó en 2002 su primer álbum. Desde entonces ha lanzado ocho más y ha sido ganador de 36 premios entre Grammy Latino, Premio Nuestra Tierra, Shock, MTV, Billboard, entre otros.
• Cocora
• Jbot & Tuti
• Alejandro Santamaría
 
  •  Juan Carlos Garay:
Periodista musical y escritor. En 2008 ganó un Premio de Periodismo Simón Bolívar, y su crítica se puede escuchar y leer en El Malpensante, Semana y Ñ (Argentina), así como en la emisora de la Universidad Javeriana y la Radio Nacional de Colombia.
• Soy Emilia
• Santiago Sandoval
• Alexis Play
 
  • Laura Galindo
Periodista musical y cultural, ganadora dos veces del Premio Simón Bolívar de Periodismo. Pianista y creadora de la serie digital Un cuento para contar en la Radio Nacional de Colombia. Colaboradora en diversos medios colombianos.
• Pablo Martínez
• Julieth Lozano
 
 
 
 
  • ALEJANDRO SANTAMARÍA
No es coincidencia que tres de los seis expertos a los que se le encargó la difícil tarea de hacer curaduría para este especial –Andrés Cepeda, Fonseca y Mariangela Rubbini– coincidieran en que el talentoso joven bogotano de 23 años, Alejandro Santamaría, cantautor de canciones como Si te vas, junto a Andrés Cepeda; Sin querer, junto a Kobi Cantillo, y El Guerrero, junto a Yuri Buenaventura, debía resaltarse en estas páginas.
 
Es gracias a eso, pero también gracias a lo que él describe como una “obsesión” por crear música que acompañe a las personas en diferentes momentos de su vida, que su guitarra, su particular tono de voz y sus románticas composiciones llegaron a la portada de esta edición. Además, en el caso de Alejandro, se cree que pronto no hablaremos de “proyección”: se augura que aquello será, este año, más presente que futuro.
 
“La música es un resumen de la vida. En las canciones hay historias de todo tipo y eso es lo que nos mantiene conectados con ella. Por eso, siento que tengo que escuchar y hacer música cada día de mi vida”, comenta el artista, quien a los 11 años conoció la magia de la guitarra y desde ese entonces sueña con mostrar su talento al mundo. Incluso cuando planeaba convertirse en abogado, sabía que su llamado eran las melodías y las partituras; por eso dejó de lado esa carrera para dedicarse por completo a su sueño como cantante, que comenzó hace aproximadamente año y medio con el lanzamiento de su sencillo debut, Qué tal. Este último suma, a la fecha, un disco de oro y más de 10 millones de vistas en YouTube: un éxito explosivo en las métricas contemporáneas.
 
Esto, junto con la seriedad con la que asume su oficio, ha hecho de Santamaría un artista apetecido tanto por el público como por los inversionistas y expertos del gremio. Para la muestra, su participación en este especial, respaldada en criterios expertos, pero a ello se suman las colaboraciones mencionadas y que no solo le ha servido de telonero a Fonseca, sino también al español Alejandro Sanz, uno de sus héroes musicales.
 
“Mi sueño más grande es mantenerme en constante evolución como artista y, sobre todo, tener siempre un público al cual cantarle”, sostiene Santamaría, cuyo mayor interés es que su música sea reconocida primero en su propio país. Por eso, antes de pandemia, se encontraba en un intenso trabajo de promoción que lo llevó a Neiva, Ibagué, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena y Medellín. Este 2021, el plan es cruzar las fronteras nacionales hasta allí donde su música ya ha tenido gran acogida.
 
El capitalino supo sacar provecho de su encierro durante las cuarentenas de 2020: lanzó su sencillo Medio día, que –dice– aunque no fue escrito para este momento, se ajusta a él perfectamente al ofrecer la cuota de esperanza que muchos necesitaron. Y es que Medio día narra la historia de amor de un joven que no comprende cómo es que no es capaz de pasar más de medio día sin ver al amor de su vida. El video del tema fue grabado en la casa donde pasó el confinamiento, un paradisiaco retiro de clima cálido. Creó, también, Solita, una canción gestada de la mano del cantante y productor de música urbana Yera. Y para 2021 –dice entre risas– sueña con una vida sin tapabocas y muchos viajes musicales.
 

 
  • SANTIAGO SANDOVAL
Pese a su juventud –nació en 1989–, este guitarrista y compositor está consolidado como uno de los nuevos mejores talentos de la escena del jazz en Colombia. Líder del quinteto que lleva su nombre, el bogotano tomó un relevo que llevó su familia, durante décadas, en el nicho del género: su padre es el percusionista Germán Sandoval. “En Colombia tenemos la infraestructura, el público y las plataformas para tener una comunidad robusta alrededor del jazz, pero los ojos de la industria no han estado ahí”, comenta Sandoval, que tiene un disco laureado –La meta de un largo viaje (2017)– y que sacará otro este año. Sin embargo, mira el futuro de la escena con optimismo: “Hay un creciente interés por hacer festivales de jazz en múltiples ciudades y pueblos colombianos”. Es un placer escuchar su guitarra –limpia, danzante, casi líquida– acompañada de la voz de la cantante del quinteto, Gina Savino.
 

 
 
  • PABLO MARTÍNEZ
Quienes tuvieron la fortuna de ver el montaje de El barbero de Sevilla, de Rossini, en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo de Bogotá, en 2019, recordarán siempre al tenor solista que entonó el aria Cessa di più resistere, en compañía de Valeriano Lanchas. También hoy lo recuerdan los madrileños quienes lo han escuchado en el Teatro Real, dirigido por Plácido Domingo, y quienes han asistido a su canto en Polonia y Austria, entre otros escenarios europeos. Según dice el tenor lírico, es el belcanto italiano el que se adapta mejor a las características de su voz y su personalidad artística. “Y Rossini, por sobre todas las cosas, con su repertorio cómico”, sostiene Martínez, cuyo amor por la música fue sembrado y cuidadosamente formado en un hogar de actores: “Mi padre, por ejemplo, trabajó desde que yo era muy niño en teatro musical, primero
con María Cecilia Botero y luego con Misi”, comenta desde su residencia en España quien en 2018 alcanzó el segundo premio del Concurso Internacional de Canto Ciudad de Logroño, y quien el año siguiente fue finalista en el International Hans Gabor Singing Competition.
 

 
 
 
 
  • SOY EMILIA
Cuando Juanita Carvajal sube al escenario –sea en el festival Lollapalooza Chile, el Vive Latino en México, Rock al Parque en Colombia–, encuentra intacta la configuración que había dejado en su bajo eléctrico, sus pedales y su amplificador principal. Pero no siempre fue así. “Al principio, era muy duro subir y ver que los roadies cambiaban el ‘seteo’. Es común que eso no le pase a un hombre”, comenta Juanita, quien en 2015 comenzó a gestar un proyecto al que bautizó Soy Emilia –como si se tratase de un personaje ficcional– y que, gracias a su primer álbum, Reconstrucción (2019), ya está en el radar de los Grammy Latino: el año pasado fue nominada en la categoría de Mejor nuevo artista.
El respeto de los roadies en el universo de la producción y la logística, junto con ese reconocimiento por parte de la industria, son como dos de las cuatro patas de una mesa que augura éxito; en el caso de Juanita, se suman otras dos: la ‘pata’ de la crítica –no en vano Juan Carlos Garay la incluyó en esta lista– y la de los fans, que se acumulan en decenas de miles de diversas latitudes, como consta en sus presentaciones y en las métricas de plataformas digitales. Esa alineación de factores se explica en que Juanita no es ninguna ‘aparecida’ en el universo musical: en primer lugar, de los treinta años que tiene en edad, por lo menos diez los ha pasado tocando en escenarios multitudinarios por toda Latinoamérica, ya fuera con Esteman –el proyecto al que se sumó como bajista cuando aún estudiaba bajo para jazz en la Universidad Javeriana– o, en algunas ocasiones, con su grupo de punk, Odio a tu exnovia. Y, en segundo lugar, batalló por años en la orilla de la gestión, como production manager, tour manager y booker de artistas afines con el género en el que ella misma se mueve: el pop alternativo latinoamericano.
Quién sabe si Juanita, allá en los noventa –cuando aún estaba obsesionada con las composiciones de John Deacon, el bajista de Queen; cuando aún saltaba del rock clásico al bambuco y viceversa; cuando estudiaba aún en el colegio La Candelaria, el mismo del que se graduaron Las Añes y Andrea Echeverry, y cuando pasaba incontables horas tocando ese viejo Samick, en la casa de sus padres en Chía–, imaginaba que terminaría tomando vuelos internacionales de trabajo musical. Lo cierto es que hoy, ad portas de lanzar un EP y todo un nuevo álbum este año –Agridulce–, Carvajal es lo que es gracias a su talento en composición e interpretación, a su trabajo conceptualmente consciente y al sudor de una década de trabajo.
 

 
  • BOGAS
    Algunos semiólogos dicen que, en el arte, nada es absolutamente novedoso: que los ‘textos’ –las obras– son sumas de códigos tomados de aquí y de allá, acuñados de diferentes maneras. Bogas, el dueto de músicos compuesto por el bogotano Julián David Nieves y el ibaguereño Leonel Alexander Merchán (el primero en la guitarra y el segundo en la marimba de chonta), ponen a prueba –a la vez que ratifican– esa idea: lo que hacen es tan novedoso que parece inusitado, pero es, también, producto de una mezcla de vetas musicales: la de la clásica contemporánea, la del jazz y la del folclor colombiano. ¿Alguna vez se imaginó escuchar una composición de Philip Glass o de Eric Satie tocada en la marimba de chonta? Este instrumento “ha recorrido unos caminos en el jazz nacional, representando un papel importante en diferentes formatos instrumentales y agrupaciones. Sin embargo, en Bogas quizá sea la primera vez que se encuentre tan desnuda, tan a cargo de melodías, armonías e improvisaciones en temas como My favourite things o Afroblue –dicen los músicos–. En 2021 lanzaremos el EPK de nuestro disco y estamos gestionando y abriendo espacios para girar por Colombia y, en especial, por el Pacífico”.
 

 
 
  • ALEXIS PLAY
El chocoano recuerda la Quibdó de los años noventa cuando, teniendo unos 14 años, lo picó el ‘bicho musical’, tan viral en la costa del Pacífico: “La ciudad era más tranquila, todos podíamos caminar a cualquier hora y a cualquier lugar –dice–. En ese momento, la música me ofreció una transición porque, de niño, fui muy tímido. El hiphop y el reggae me ofrecieron una herramienta de expresión diferente”. Herramienta que, con años de fungir como ‘rapero’ pero también como productor, compositor y gestor –para proyectos como Choquibtown y la Pacifican Power, entre otros–, se consolidó en un lenguaje específico: la Chirimía Beat, una rama del hiphop empapada de ritmos tradicionales del Pacífico, pero también rebosante de conciencia política. El último hit en esa veta es Rebulú, el álbum de Alexis Play lanzado en 2020. “El Pacífico es una región musical por su historia. La de la diáspora africana y el fatídico periodo de la esclavitud, pero también la de la poscolonización. Cuando nuestros ancestros africanos se encontraron con los indígenas y con la tradición occidental, se crearon nuevos sonidos, híbridos que generan una riqueza enorme”, sostuvo.
 

 
 
  • GAITEROS DE PUEBLO SANTO
    Es fácil que los vellos de la nuca se despierten justo cuando al canto de las gaitas –con esa voz de ave épica, maternal, ancestral– se suman las voces del coro en Juancho Miguelito, una de las canciones del primer trabajo discográfico de esta banda que duró una década preparándolo con sumo cuidado. El álbum se llama Historias contadas (2020), y sí que cuenta historias: incluso entre tema y tema un narrador enmarca lo que escuchamos en la debida tradición oral. Pero las que realmente cuentan las historias son las gaitas, y quizá por eso el trabajo fue nominado en los Latin Grammys del año pasado como Mejor álbum de folclor. El grupo atlanticense promete internacionalizar las raíces de la música caribeña colombiana, para tomar el relevo de –entre otros–, los titanes de los Gaiteros de San Jacinto.
 

 
 
 
  • THE CRIOLLOS
Pocos intentos de juntar el arpa llanera y las maracas de la Orinoquía con una guitarra eléctrica ‘popera’ han salido tan bien. Quizá por eso esta agrupación de Yopal, compuesta por ocho jóvenes artistas, llamó la atención del director musical de la Radio Nacional, Jaime Monsalve, quien los incluyó en esta selección. Ellos demuestran, una vez más, que la tradición llanera –con su joropo, entre otros ritmos– ya no solamente es ese orgullo del folclor nacional, uno tristemente inexplorado en las ciudades de los Andes y del resto del mundo –y decimos “tristemente” porque se trata de un patrimonio que conjuga, de manera muy particular, apropiaciones europeas junto con desarrollos locales que hablan del ecosistema natural y cultural de las planicies del oriente colombiano–. Con The Criollos, además, los llanos se consolidan como una semilla para músicas contemporáneas, dignas de audiencias multitudinarias, en las que no solamente se ve a los titanes del grupo Cimarrón, sino también a Velo de Oza y MusicalBooz, entre otros. Si quiere saber de qué estamos hablando, escuche completo el primer disco de la agrupación, Amor criollito (2018).
 

 
 
 
 

 

GABRIEL GARZÓN-MONTANO

 

Este trabajo trasciende las expectativas de cualquier experto en música popular, y más si hablamos de que incorpora R&B, funk, soul y urban-reggaeton. Para escribir las canciones de su más reciente álbum, Agüita, el cantautor y multiinstrumentista colomboamericano –que nació en Nueva York y es hijo de madre francesa y padre colombiano– se inspiró en la poesía de Rimbaud, a la vez que lo hizo en los escritos filosóficos de Estanislao Zuleta. Como cereza del variopinto pastel, sumó a su lista de referentes al rap de Atlanta, a Tego Calderón y a J Balvin. El joven de 31 años reconoce que sus proyectos musicales provienen del cúmulo de experiencias vividas como un una persona nómada. Después de abrir el concierto de Lenny Kravitz en su gira europea de 2014, la carrera musical de Gabriel no ha tenido descanso: debutó con Jardín, su primer álbum de estudio (2017) y continuó con Agüita, estrenado en 2020.

 

 

 

 

 

ALEJO RUIZ

“Mi papá es un percusionista (uno que empezó tocando con una lata de galletas) y mi mamá es cantante de vallenato, aunque también le encantan los boleros”. Así describe Ruiz el hogar en el que creció, en el que descubrió su amor por la música cuando, a los 4 años, ingresó a su primer coro. Ya adulto, pasó por las bandas Tierra adentro folk y Los hijos de Jack, y también experimentó en el teatro musical. Sin embargo, es en su faceta como solista que ha sido escuchado en más de 50 países. En 2020, Ruiz lanzó su primer álbum titulado Dejando atrás: ocho canciones inéditas y dos covers que reúnen lo mejor del reggae, el bossa nova, el bolero, el funk y el pop. Ha colaborado con artistas como Andrés Cepeda, Chabuco, Fonseca, Juan Pablo Vega y Carolina Sabino. “Debo confesar que es absolutamente increíble que Cepeda me haya destacado aquí, yo soy fan de él y de todo lo que ha hecho con la música y por la música de nuestro país. Es un sueño cumplido”, aseguró. Dentro de la industria –y fuera– se describe como un artista y ser humano cursi, feliz, positivo, lleno de energía y empático.

 

 

 

  • JULIETH LOZANO
    “Entrar en un personaje, analizarlo a profundidad, hace que las emociones te innunden; eso es riesgoso para la buena técnica. En La Traviata, por ejemplo, Violetta pasa por tantos desafíos emotivos que, a veces, canta destruída. Pero si tú, como intérprete, estás muy triste, se te traba la laringe y no cantas”. La soprano colombiana describe así, desde su residencia en Londres, uno de los retos más exigentes de ser cantante lírica y de destacarse en ese vasto y reñido universo artístico que es la ópera en Europa. Esa conciencia, aunada a su talento –pero también a la transparencia y alegría con la que habla de su profesión–, tienen a la cantante en un punto supremamente prometedor de su carrera: entre otros logros y distinciones, ya fue seleccionada como una de las Artistas Jóvenes del National Opera Studio, en el Reino Unido; ya fue dirigida por Sir Tomas Allen, y ya recibió el Premio del Presidente, entregado por Su Majestad el Príncipe Carlos en el Royal College of Music. Ya fue soprano solista en el Royal Albert Hall. Una curiosidad sobre Julieth que conmueve: antes de estudiar música, se preparó para ser ingeniera, con buenas notas y prospectos. “El salto dio susto, claro que sí. Por los obstáculos financieros y emocionales, pues antes yo no cantaba tan bien como quería –comenta–. El instrumento se demora en entender, en formarse, en fortalecerse. Pero sentí que era lo correcto, seguí mi corazón”.

     

  • JBOT & TUTI

 

Álvaro José Negret (Tuti) y Juan Botero ( Jbot), ambos de 17 años, se conocen desde que tienen memoria. En 2019, cuando cursaban noveno grado en el colegio, dieron rienda suelta a su talento conjunto y comenzaron a componer. Junto al productor Rob Suárez crearon su primer sencillo, Mi ex favorita. Esta producción, que a la fecha suma más de 129.000 vistas en YouTube, fue su carta de entrada a la industria musical. Su propuesta apunta a un público juvenil y se basa en historias colegiales, así como en relaciones amorosas y amistades de secundaria. Jbot y Tuti esperan que en 2021 logren posicionarse como representantes del género urbano.
 
 
 
 
 
 
  • DAWER X DAMPER

    En medio de un complejo contexto social, en el Distrito de Aguablanca (Cali), dos hermanos interpretaban el papel de cantantes en una obra de teatro escolar. El público, enamorado de sus interpretaciones, ovacionó la actuación y, sin saberlo, dieron la cuota de motivación que necesitaba la dupla para lanzarse al agua con la música: el arte que les salvó la vida. “Con el tiempo nos dimos cuenta de que nuestra conexión musical iba más allá de eso: teníamos una herencia ancestral”. Y es por eso, justamente, que “color”, “flow aesthetic”, “dancehall” y “afrofuturismo” son los cuatro conceptos que mejor definen al dúo caleño Dawer x Damper, ganador del Shock Fest Cali 2019. Con convicción, decidieron recorrer su camino exentos de los clichés del género al que se dedican: los lujos y la ostentosidad –supuestamente propios del género urbano–, no los definen. Lo que realmente desean es destacarse gracias al talento que resguarda el Pacífico colombiano. Dawer –tranquilo, creativo y soñador– y Damper –también creativo, aunque más serio–, le ofrecen al público una propuesta musical bailable con conciencia.
 
  • COCORA
Daniela Méndez y Ricardo Dávila fueron roomies en Los Ángeles. Cada cual había llegado a California en búsqueda de su propio rincón en la colosa industria musical estadounidense: Méndez se había anotado en la carrera de Music Business en UCLA y Dávila trabajaba en un estudio de música para cine. Pero vivir en el mismo apartamento hizo que emergieran múltiples coincidencias creativas y que se conformara un dueto cuyo nombre –Cocora– evoca ese punto común entre la ciudad norteamericana donde viven los músicos, por un lado, y su país natal, por el otro: las palmas del Quindío y las del pacífico ‘gringo’. El primer álbum del dueto se lanzará este año, pero ya en plataformas suenan y resuenan los primeros sencillos de la banda –como Al Despertar, lanzado en 2020–, y que, más allá de sus notas de reggae acústico, pueden definirse en la suma de cuatro conceptos: calidez, color, optimismo y buena vibra.
 
 
 
 
 
 

PANTOJA

Aunque Mauricio Pantoja nació en el seno de una familia musical de Ipiales (Nariño), creció y se formó en la capital del país. Las tertulias de su padre cantando boleros junto a sus amigos –dice– fueron una influencia clave para sus propias y sentidas composiciones. Y, aunque no es mucho lo que se sabe de este 2021, para Pantoja será un año de “felicidad profunda”, pues saldrá a la luz su segundo álbum de boleros, Trébol II, y comenzará a grabar su quinto álbum como solista. Además, continuará trabajando para llegar a más corazones, así como llegó al de Andrés Cepeda, con quien comparte la canción Obsesión, y quien lo destacó en este especial como uno de los talentos promisorios para el 2021.

 
 
 
 
 
*Publicado en la edición impresa de enero de 2021.