20 de septiembre del 2021

Del rosa al amarillo, o la curiosa evolución de la orfebrería prehispánica en la Sierra Nevada de Santa Marta

Desde aproximadamente el siglo I a.C., las bahías caribeñas, valles y colinas de las Sierra Nevada de Santa Marta estuvieron habitadas por comunidades de pescadores, agricultores, mineros de sal, alfareros, talladores de piedras semipreciosas, mineros y orfebres identificadas como poblaciones del periodo Nahuange (ca. 100 a.C-1000 d.C). Muchos de los asentamientos Nahuange parecen estar enterrados bajo asentamientos Tairona (1000 -1600 d.C), mostrando una secuencia de crecimiento y ocupación permanente, especialmente en los sitios de Pueblito y Ciudad Perdida. Con el pasar del tiempo estas poblaciones sufrieron cambios, hicieron alianzas con otras vecinas o desarrollaron nuevas y variadas formas de organizar su sociedad y de explotar su medio ambiente. Hacia el 900 d.C. comenzaron a producirse variaciones iconográficas en sus objetos manufacturados, aumentando la variedad de artefactos, caminos y cimientos de piedra para las viviendas, así como el número de vestigios arquitectónicos esparcidos por la Sierra, donde se han identificado más de 250 poblados comunicados por caminos de piedra. Estos se dispersaron por las vertientes noroeste y norte de Sierra Nevada, desde la costa hasta la región del páramo. Estaban organizados en cacicazgos con una organización social jerárquica y un sistema religioso estricto y profundamente arraigado.

La orfebrería es una de las manifestaciones culturales más significativas de la Sierra Nevada. Los estudios arqueológicos, iconográficos y técnicos nos permiten diferenciar la orfebrería temprana o Nahuange (imagen 1) de la tardía o Tairona (imagen 2).

 

 

A lo largo de la historia de la metalurgia en la Sierra Nevada, los orfebres fabricaron sus artefactos de metal con aleaciones de oro, plata y cobre, aleación conocida con el nombre de tumbaga. En casi todos los casos, las aleaciones contienen porcentajes de cobre en torno al 50%. No obstante, hay una diferencia muy llamativa entre la orfebrería de ambas épocas: mientras que durante el periodo Tairona predominaron los objetos con superficies amarillas, durante el periodo Nahuange habían imperado aquellos de tonos rosáceos. Para entender este contraste hemos centrado la atención en el estudio de las técnicas de tratamiento de las superficies de los objetos, y en la revisión de conceptos y posibles simbologías relacionados con colores, energías y materiales inmersos dentro del pensamiento amerindio con referencia a la metalurgia.

 

Comparación de la orfebrería Nahuange y Tairona

 

Uno de los aspectos técnicos más interesantes de la orfebrería precolombina es la manipulación de aleaciones y tratamientos de superficies para lograr texturas y colores determinados. La búsqueda de apariencias concretas estimuló una sofisticada gama de técnicas de dorado en artefactos hechos de tumbaga.  La apariencia final de los objetos, junto con su forma y representación, seguramente respondía a demandas culturales con contenido simbólico relacionado con las características humanas o inmortales de los metales y su correlación con el ciclo vital. En el caso de la Sierra nevada de Santa Marta el tratamiento superficial de las piezas fue el dorado por oxidación, técnica que consiste en una reacción química producida al exponer un objeto de tumbaga al fuego, con lo cual se forman óxidos de cobre en la superficie que deben eliminarse por medio de un agente ácido decapante. Al quitar los óxidos, la superficie queda más rica en oro y dorada. El proceso puede repetirse varias veces hasta obtener una tonalidad amarilla uniforme.

[3] Adornos de orfebrería del periodo Nahuange
O29564, O26328, O29309, O30215, O08678, O10945, O14843, O15907, O16133, O16255
© Clark Manuel Rodríguez / Museo del Oro, Banco de la República

[4] Adornos de orfebrería del periodo Tairona
O18170, O22957, O22958, O30230, O34000, O34001, O13460, O22884
© Clark Manuel Rodríguez
/ Museo del Oro, Banco de la República 

 

Los orfebres Nahuange produjeron principalmente objetos de adorno personal como narigueras, orejeras, colgantes con formas de mujeres, aves, patos, y anfibios de formas redondeadas; collares, pectorales en forma geométrica, en espirales, en forma de aves; cinturones y, como parte de parafernalia ritual, discos y sonajeros. Aunque predominaban los artefactos martillados de láminas delgadas y uniformes, también elaboraron objetos mediante el vaciado a la cera perdida. Las decoraciones más usuales fueron áreas de puntos, líneas, círculos y espirales elaborados mediante cincelado y perforado. Por lo general, estos objetos muestran superficies muy pulidas, brillantes y rojizas (imagen 3).

 

Durante el período Tairona hubo una producción orfebre mucho más intensa y variada: coronas, aretes, narigueras de diferentes formas, collares y colgantes en forma de aves, de colmillos, de garras, cascabeles, anfibios o mezcla de mamífero, rana y serpiente; adornos para el labio, cinturones, pectorales geométricos, en forma de ave, en forma de personajes ataviados con rasgos de hombres-animales, que en ocasiones alcanzan grados excepcionales de complejidad. También se usaron artículos ceremoniales como discos, campanas, sonajeros o bandejas para alucinógenos (imagen 4). Es evidente el predominio de tonalidades doradas en sus superficies y de la técnica del vaciado a la cera perdida. Los objetos martillados suelen mostrar un grosor variable, generalmente mayor que el de los Nahuange. La decoración cincelada y grabada está presente en objetos martillados, combinando líneas rectas o figuras humanas detalladas. Los colgantes vaciados a la cera perdida o pectorales están mucho más decorados, con profusión de hilos y trenzas.

 

Los resultados analíticos revelan que las composiciones de las aleaciones usadas tanto por orfebres Nahuange como Tairona generalmente superan el 50% de cobre. Es decir, los artesanos de Sierra Nevada se ocupaban de la metalurgia del cobre, tanto o más que de la del oro. No obstante, debemos evitar asumir que el cobre tenía menos precio que el oro: además de tener su propio valor simbólico, la adquisición de cobre podría haber sido más difícil a pesar de que hoy se conocen minas de cobre en el sur de Sierra Nevada[1]. Estas similitudes en las aleaciones empleadas por los artesanos Nahuange y Tairona están en marcado contraste con los colores típicamente diferentes de sus productos, que resultan de los diferentes tratamientos superficiales llevados a cabo.

 

Para lograr láminas a partir de una aleación de tumbaga, el martillado y recocido (calentamiento de la lámina) repetidos, son necesarios para estirar el metal sin que se quiebre. Este proceso inevitablemente conduce al dorado por oxidación. Por el contrario, los objetos vaciados a la cera perdida salen del molde con la coloración típica de la aleación, y solo requieren pulimento. Sin embargo, las superficies frontales de la mayoría de los objetos martillados Nahuange suelen ser pulidas y del color rosado de la aleación rica en cobre, mientras que las superficies traseras quedan mates, escamosas y amarillas. El examen microscópico de algunos objetos vaciados Nahuange muestra rastros de dorado entre los diseños decorativos que posteriormente se eliminaron mediante pulido. Entonces, el dorado y el posterior desdorado tuvieron lugar en diferentes momentos de la historia de los artefactos, y no durante su fabricación. Este posible vínculo entre el tratamiento de la superficie y el momento de la biografía de los objetos también podría explicar por qué algunos aparentemente nunca fueron dorados, o se dejaron completamente dorados (imagen 5)[2]. En cuanto a los orfebres de Tairona, estos produjeron superficies doradas por oxidación en artefactos tridimensionales vaciados a la cera perdida. Los objetos más idiosincrásicos muestran formas complejas, con ricos detalles decorativos. La intencionalidad del dorado por oxidación tanto en objetos martillados como vaciados a la cera perdida es evidente y se aprecia especialmente en pectorales en forma de ave, en los cuales ha sido posible determinar mediante análisis microscópicos que primero se cinceló y grabó la decoración y luego se hizo el proceso de dorado por oxidación (imagen 6).

[5] Detalle de nariguera, periodo Nahuange
O18124
© Clark Manuel Rodríguez / Museo del Oro, Banco de la República 

[6] Pectoral en forma de ave triple, periodo Tairona
O13973
© Clark Manuel Rodríguez / Museo del Oro, Banco de la República 


 

Técnicas, colores y simbolismo

 

Tenemos claro que la metalurgia de Sierra Nevada estaba basada en el cobre y que seguramente el valor y el significado del uso de aleaciones de tumbaga variaron entre los períodos Nahuange y Tairona. El trabajo del metal durante el periodo Nahuange revela un deseo evidente de resaltar y mostrar los tonos brillantes y rojizos del cobre. Los tonos rosáceos pueden evocar asociaciones entre el color rojo y las identidades femeninas y de fertilidad, como se registra entre los Desana del Vaupés[3], asociación también sugerida para el estilo metalúrgico temprano de los Quimbaya[4]. Objetos rojizos de tumbaga se encuentran en otras partes del Caribe colombiano, incluidos el territorio Zenú y la región de Urabá. En una perspectiva más amplia de la cultura material, las representaciones humanas durante el período Nahuange están dominadas por figuras femeninas (imagen 7) , talladas en piedras verdes, modeladas en arcilla o fundidas en metal.

 

En la orfebrería Tairona vemos frecuentes representaciones de hombres murciélago, hombres felinos u hombres pájaro, dorados y con claros atributos masculinos y poderosos; también ocarinas, flautas o remates de bastón con representaciones similares en arcilla, concha, piedra o hueso. Durante este período se evidencia la preeminencia de las representaciones masculinas, lo cual puede estar relacionado con el énfasis en las superficies doradas de los adornos, ya fueran antropomorfas, animales o quiméricas, y estuvieran elaboradas por martillado o por vaciado a la cera perdida. Los orfebres Tairona mantuvieron el uso de tumbagas ricas en cobre, pero la gran mayoría fueron sometidas a un cuidadoso dorado por oxidación (imagen 8).

[7] Colgante femenino tallado en nefrita, periodo Nahuange L03423
© Clark Manuel Rodríguez / Museo del Oro, Banco de la República

[8] Pectoral en
forma de hombre- murciélago, periodo Tairona
O16790
© Clark Manuel Rodríguez

/ Museo del Oro, Banco de la República 

 

El vínculo entre los tonos rojizos y lo femenino es relativamente común, como ocurre entre los Desana y los Uwa de la Sierra Nevada del Cocuy, quienes relacionan estos colores cobrizos con el de la sangre como componente femenino del ser humano. Sobre los tonos dorados, brillantes e iridiscentes del oro, llaman la atención las referencias Uwa al oro en celebraciones relacionadas con el origen de la vida y también en la mitología Kogi, importante aquí, especialmente a la vista de estudios que sugieren que Kogis y Arhuacos, son descendientes de los Tairona. Entre los Kogi, Teikú, Señor de los Metales, está relacionado con el origen de las semillas[5]. Para ellos, el equilibrio fundamental que garantiza la supervivencia se basa en el concepto de fertilidad, que asegura la continuidad social. El oro simboliza esta luz seminal. Al analizar la etimología de Teikú y su conexión con la palabra Tairona, Reichel-Dolmatoff[6] confirma que Tairona o Teyuna, significaría los verdaderos machos, los progenitores. Esto revelaría una asociación entre el oro, el sol y el principio de fertilidad.

 

Entonces podemos pensar en los posibles significados y mensajes que transmitieron los orfebres Nahuange y los Tairona con sus particulares formas de trabajar los metales. En primer lugar, el uso de tumbagas ricas en cobre podría relacionarse con las propiedades básicas y complementarias necesarias para generar vida y mantener el equilibrio cósmico: la masculino y femenino. El uso del cobre, relacionado con las propiedades femeninas de transformación, regeneración y necesidad de mantener la sociedad, correspondería con las concepciones de los artesanos Nahuange al representar figuras femeninas o animales pacíficos en diferentes materiales. Las tonalidades rojizas de los objetos martillados Nahuange se obtuvieron mediante la remoción intencional de superficies doradas. Si bien el dorado de estos objetos sería un efecto secundario inevitable de su fabricación mediante martillado y recocido, sigue siendo más difícil explicar por qué algunos objetos fundidos también se doraron, para después quitarles la capa dorada y mostrar de nuevo su tono rosado. La evidencia de esta práctica nos obliga a considerar que la expresión de las ideas de lo femenino y la regeneración fueron una preocupación central de la metalurgia Nahuange, como también lo fueron en sus obras en arcilla y piedra. En el caso de los metales, el color y el brillo habrían transmitido la esencia femenina sin requerir referencias explícitas.

 

Los orfebres Tairona continuaron utilizando los mismos materiales que los Nahuange, en general en las mismas proporciones, pero crearon nuevos tipos de ornamentos corporales, con representaciones más abundantes y variadas. A pesar de las normas y motivos novedosos, retuvieron viejas ideas y las desarrollaron de manera idiosincrásica, como se ejemplifica en la evolución de pectorales y colgantes en forma de aves con alas desplegadas[7]. En algunos adornos conservaron los colores rosados ​​de las tumbagas, pero sus adornos suelen mostrar un brillo amarillo característico. La preocupación de los Tairona por dorar sus ornamentos corporales, demuestra un cambio en las ideas asociadas a los metales y los mensajes codificados que transmitían. Puede sugerirse que, para los Tairona, la luz seminal que generaba la vida (la materia esencial sin la cual nada podría producirse) tenía que manifestarse en la superficie. Las sociedades Tairona priorizaron lo masculino y su asociación con el sol y el oro. En su orfebrería, como en sus figuras en arcilla, piedra, hueso y concha, mostraron personajes masculinos, a menudo feroces, que incorporaban cualidades de diferentes animales.

 

 

* Arqueóloga, jefe de la Sección de Registro de Colecciones, Museo del Oro, Banco de la República.

** Arqueólogo, historiador Pitt-Rivers Professor of Archaeological Science, University of Cambridge. UK.

 

Bibliografía:

[1] Juanita Saénz Samper, “Inscrito en Metal. Tecnología metalúrgica en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia”. Boletín de Arqueología. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales 25, (2015).

 

2 Juanita Saénz Samper y Marcos Martinón-Torres. “Depletion Gilding, Innovation and Life-Histories: the Changing Colours of Nahuange Metalwork”. Antiquity 91, n.o 359 (2017): 1253–1267.

3 Ana María Falchetti, Lo humano y lo divino. Metalurgia y cosmogonía en la América antigua (Bogotá: ICANH-Universidad de los Andes, 2018).

4 María Alicia Uribe Villegas, “Mujeres, calabazos, brillo y tumbaga. Símbolos de la vida y transformación en la orfebrería Quimbaya temprana”. Boletín Universidad de Antioquia 19, n.o 36 (2005): 61-93.

5 Falchetti, Lo humano y lo divino.

 

6 Gerardo Reichel-Dolmatoff, Los Kogui. Una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia (Bogotá: Procultura, 1981).

 

7 Juanita Saénz Samper, “Las águilas doradas: más allá de las fronteras y el tiempo. El motivo de las aves desplegadas en la orfebrería Tairona”. Boletín Museo del Oro 48, (2001): 38-65.