ILUSTRACIÓN SHUTTERSTOCK
21 de Junio de 2022
Por:
Redacción Credencial

 

La Biblioteca de Escritoras Colombianas es un proyecto del Ministerio de Cultura que, el alianza con 10 sellos independientes, puso en librerías y bibliotecas 18 títulos escritos por mujeres.  Un trabajo de compilación y edición para descubrir una mirada que, durante décadas, fue dejada de lado. 

 

 

 

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La otra mitad de nuestras plumas

 

A FINALES de 2017, un grupo de 43 escritoras envió una carta abierta en protesta por la elección de una delegación que representó a Colombia en un evento cultural en París, donde se destacaban 10 de los mejores exponentes de las letras colombianas: todos ellos escritores hombres. Años después, Pilar Quintana, una de las firmantes de esa carta, logró que el Ministerio de Cultura se comprometiera con la idea de realizar una biblioteca de 18 títulos para darle visibilidad a esas escritoras que, por distintas razones, no eran suficientemente reconocidas en el panorama cultural.

 

 

 

 

El proyecto, coordinado por Quintana, comenzó a finales de 2020 y fue lanzado en marzo de este año. Incluye novelas, cuentos, escritos periodísticos, poemas y una obra de teatro, de escritoras de todo el país y de varias épocas. Aparecen algunos nombres conocidos, como el de María Mercedes Carranza, pero otros que dan cuenta de otras literaturas, como el de Hazel Robinson, una escritora raizal de la isla de Providencia, o el de Esperanza Aguablanca, una indígena de la nación U’wa conocida como Berichá.

Hablamos con Natalia Mejía y con Camila Charry, asistentes editoriales de la ini- ciativa, para conocer a fondo la manera en que pudo ver la luz este ambicioso proyecto.

¿Cuántas escritoras hallaron en ese rastreo, antes de escoger los 18 títulos finales?
Natalia Mejía:
Llegamos a una lista de 470 escritoras, 250 contemporáneas o vivas y 220 clásicas o ya fallecidas. De los 18 títulos que se publicaron, hay siete que no circulan comercialmente y están colgados en la página del Ministerio de Cultura para libre consulta y descarga; los otros once títulos fueron publicados por editoriales independientes en una alianza piloto que nos dejó muy contentos porque la gente los puede comprar en librerías. Pero, para que quede claro, los 18 títulos están disponibles para todo el público en todas las bibliotecas públicas del país.

¿Cómo fue esa escogencia?
N.M.:
A finales de 2020 comenzó una etapa de sondeos en librerías, editoriales e instituciones educativas para tratar de hacer un mapa de escritoras en Colombia. Nosotras mismas nos dábamos cuenta de que no conocíamos tantas escritoras como queríamos, o que habíamos oído de ellas, pero no las habíamos leído. Hubo una etapa de sondeos y de investigación en bibliotecas, hemerotecas y con académicas expertas del tema que fue arrojando una lista bastante precisa de escritoras. Luego se conformó un comi
té asesor conformado por 16 personas: hicimos reuniones, juntadas, intercambios vía correo electrónico, y discutimos quiénes debían estar ahí y por qué.

Camila Charry: Cuando entré, lo que hice fue rastrear a las poetas ya fallecidas que conocía, que no me imaginé que fueran tantas, porque pese a haber estudiado literatura leí muy pocas mujeres colombianas. Me sorprendí porque encontré un montón: por un lado, las que están escribiendo hoy, pero también con nombres que aparecían referenciados por unas y otras en sus libros. Encontré más o menos unas 200 poetas y luego la tarea fue mirar cuáles eran las que tenían una obra potente que hablara desde su propia época, un manejo del lenguaje depurado y una visión propia sobre el género de la poesía, qué es y para qué es la poesía. De esa inmensa lista quedaron Maruja Vieira, Neira Delmar, María Mercedes Carranza y Emilia Ayarza. Ayarza, por ejemplo, es una poeta muy desconocida, pero creo que es la que nos habla de una manera mucho más clara sobre nuestra época.

¿Por qué dice que Ayarza, que publicó en 1940, habla de la sociedad contemporánea?
C.CH.:
Emilia Ayarza fue muy cercana a los escritores que crearon la revista Mito, pero no fue escuchada por ellos. Cuando una lee los poemas se encuentra con una mujer que pudo ser muy incómoda porque ofrece la reflexión frente a un país manejado por un poder que deja por fuera a la mayoría, y en esa mayoría están los homosexuales, las mujeres que no se casan, las mujeres musculosas, las madres solteras, las mujeres anchas de cadera... También habla de que el rol de la mujer como madre debería revisarse: esos niños, esos seres que crean las mujeres, en la poesía de Emilia Ayarza son los que van a integrar los grandes ejércitos, lo que significa que nacen condenados a tener que matarse entre unos y otros por las decisiones que toman los que mandan. Esos niños son el fracaso de esa maternidad y el fracaso 
de un país que debería apuntarle a la libertad, a los derechos en general. A mí me sorprende que en esa época una mujer se le haya acercado de tú a tú a los hombres y haya resultado tan incómoda, que ni siquiera la publicaron.

En el frente de la escritura como un espacio de cuestionamiento es prominente Sofía Ospina, con Déjennos tranquilas. ¿Cómo fue trabajar con ese texto?
N.M.:
Fue hermoso trabajar con doña Sofía. Yo creía que no iba a ser tan chévere porque ella nació en cuna de oro, a finales del siglo XIX, en una familia ultraconservadora: su abuelo fundó el Partido Conservador, su tío fue presidente, su hermano fue presidente... Pero editarla fue un descubrimiento porque el espíritu de la escritu
ra y de la vida de doña Sofía fue profundamente liberal. Ella defendía ante todo el buen vivir, el disfrute, el humor, el no tomarse en serio las cosas, el vivir aquí y ahora sin amarguras y sin ataduras, algo que para un montón de mujeres de esa época era supremamente revolucionario y mucho más viniendo de alguien como ella. Ella fue una mujer muy prolífica y disfrutaba mucho de la escritura: fue cuentista, dramaturga, periodista y sin embargo su libro más conocido es un libro de recetas de cocina, porque era una matrona paisa que armaba una mesa gigante para que todos sus sobrinos y nietos llegaran a comer.

¿Por qué el canon, ese “deber ser” que pesa sobre las mujeres, ha silenciado estas voces?
C.CH.
La literatura de las mujeres ha sido injustamente acusada de ser una literatura intimista, contemplativa, en donde lo íntimo no transmite absolutamente nada, como si las mujeres fueran ciudadanas literarias de segunda categoría. Hubo un cerco porque lo que los hombres esperaban que fuera importante, intelectual, de hondura, no lo creían transmisible a través de la experiencia de las mujeres. Además, no se las publicó y no se las leyó, no se les dio el chance para que ellas tuvieran
esa puertica y dijeran: “Esto es 
lo que nosotras hacemos”.

 

PILAR QUINTANA
Coordinadora del proyecto

“Una tradición literaria no está completa sin las mujeres, sin la otra mitad. En el colegio no leímos a las mujeres escritoras de Colombia. No estaban en el programa, como tampoco estaban los escritores negros y los indígenas. Solo estaban los hombres blancos o mestizos. Muchos de nosotros tampoco leímos a las escritoras colombianas en la universidad. Los profesores y las profesoras no las conocían o no les parecían importantes. Esta Biblioteca permite que conozcamos un espectro más amplio de la tradición literaria colombiana, que es una tradición con multiplicidad de voces, variada y diversa, como es el país. Leer a estas mujeres me sirvió para conocer mucho mejor la tradición literaria de mi país, los orígenes de la literatura hecha por mujeres y las formas y los motivos por los que las mujeres escribían, para entender su valentía, sus luchas, sus miradas, las dificultades y las discriminaciones que han enfrentado y siguen enfrentando. También para corroborar que las mujeres no escriben peor que los hombres, como solía oír, sino que, al igual que pasa con los escritores hombres, hay de todo: escritoras geniales, buenas, regulares y malas”.