20 de septiembre del 2021
 
[1] Los rápidos de Átures en el Medio Orinoco © Natalia Lozada Mendieta
Agosto de 2021
Por :
Natalia Lozada Mendieta*

Los antiguos del Orinoco: tecnología cerámica prehispánica en el antiguo territorio colombo-venezolano

Antes de la existencia del plástico, la cerámica y los recipientes orgánicos, como los de totumo, eran de los materiales predilectos para contener, servir y preparar alimentos y bebidas. El estudio técnico de la manufactura de la cerámica procedente de la antigüedad, y, específicamente de aquella elaborada por los habitantes del Orinoco, nos permite reconstruir las prácticas y saberes de los antiguos alfareros. Este revela su conocimiento del territorio y de los recursos útiles para la elaboración de cerámicas resistentes y portables, objetos que permitieron a los antiguos pobladores movilizarse a lo largo del río e intercambiar sus productos. Igualmente, el estudio de la cerámica nos permite identificar interacciones ocurridas en el pasado y la transmisión de prácticas de alfarería. Su análisis posibilita reconstruir una historia menos monolítica, en la cual los diferentes grupos que poblaron el río a través de tiempo compartieron sus conocimientos y donde el río se configura como un lugar de encuentro en vez de una frontera.

 

 

Breve historia indígena prehispánica del Orinoco

 

La frontera entre Colombia y Venezuela que actualmente constituye río Orinoco no existía previamente a la conformación de las repúblicas suramericanas en el siglo XIX.  Al contrario, antes el río servía como una autopista que conectaba a los diferentes grupos humanos que habitaban las selvas amazónicas, los llanos y el escudo guayanés (imagen 1). Durante el periodo prehispánico, el Orinoco también se caracterizó por su diversidad de ambientes y gentes. Las evidencias del paso de los grupos indígenas que recorrieron y habitaron el territorio se remontan atrás en el tiempo casi 9200 años[1]. Estos primeros grupos humanos produjeron herramientas de cuarzo y realizaron pinturas en cuevas y abrigos rocosos, los cuales sirvieron como lugares de habitación temporal durante varios milenios, y, en épocas más recientes, se utilizaron como lugares de enterramiento.    

 

Los sitios con fechas de ocupación humana más temprana en la región se ubican en el área de la confluencia de los ríos Parguaza y Cataniapo (imagen 2), perteneciente a una sección del río denominada como el Medio Orinoco, misma región donde se han encontrado las evidencias más antiguas de materiales cerámicos. Si bien todavía faltan por investigar numerosas áreas del río y existe mucha controversia sobre la datación de los grupos más antiguos que produjeron y utilizaron cerámica en la zona[2], pareciera que los primeros alfareros ya se encontraban produciendo vasijas entre los siglos VI y II antes de Cristo[3].  

[2] Mapa de la región 


Muchas veces la cerámica es el único material que se recupera en los sitios arqueológicos, y, por lo mismo, es utilizada para identificar los diferentes grupos que habitaron el territorio a través del tiempo. Para esto se examina su estratigrafía, y se reconstruyen sus técnicas de manufactura, morfología y estilo, asumiendo que cada grupo produce, da forma y decora de acuerdo a prácticas propias que le caracterizan y diferencian de otros. Lo que resulta interesante sobre la historia de ocupación del Medio Orinoco, es que desde un principio la cerámica encontrada en un mismo lugar había sido elaborada con distintas pastas y técnicas de preformado. El análisis de las técnicas de manufactura de objetos cerámicos de esta región, específicamente del área de los rápidos de Átures, permitió cuestionar el modelo de poblamiento propuesto anteriormente para este territorio. Se había postulado una sucesión de tradiciones cerámicas producidas por grupos distintos, en cambio, los nuevos estudios permiten proponer una historia compleja que involucra grupos multiétnicos que interactuaron y utilizaron diferentes recursos naturales de un amplio territorio para producir su cultura material.

 

De arena, de esponja, de corteza y de tiesto

 

Los antiguos alfareros indígenas del Orinoco utilizaron diferentes ingredientes para preparar la pasta con la que elaboraron sus vasijas. Para identificar estos componentes se recurrió a análisis petrográficos y de fluorescencia de rayos X que permitieron caracterizar las arcillas e identificar sus inclusiones naturales y aquellas que fueron agregadas como desgrasante[4]. Una receta común fue el uso de arcillas derivadas de rocas ígneas graníticas características del Escudo Guayanés (imagen 3). Estas arcillas arenosas son especiales para la elaboración de cerámica por su alto contenido en cuarzo, mineral silíceo que aumenta su resistencia a la acción del fuego y, por lo tanto, reduce su encogimiento al momento de la cocción. La elección de esta arcilla demuestra que los alfareros reconocían insumos naturales ideales para sus labores a causa de sus propiedades físicas y químicas deseables.

[3] Cerámica temprana granítica. Vista macroscópica © Natalia Lozada Mendieta 

 

Por otro lado, también utilizaron arcillas más finas que necesitaban ser modificadas para aumentar su plasticidad. Para ello los alfareros agregaron material orgánico rico en sílice, en vez de arena, como espículas de esponja de agua dulce, corteza de árbol y fibras vegetales. Las esponjas son organismos que crecen en áreas tropicales inundables con baja corriente, adheridos a ramas o troncos y cuyas espículas actúan como una capa protectora (imagen 4). Durante la temporada seca, las espículas eran recolectadas, quemadas y pulverizadas para luego añadirlas a la arcilla, donde pueden identificarse como pequeñas estructuras elongadas (imagen 5). La receta de arcilla con espículas no es única del Orinoco, ya que también se ha reportado en el noroeste amazónico, Matto Grosso y Goias –en Brasil– y asociada a grupos Carib. Su utilización evita las fracturas e incrementa la rigidez y tensión del material, ayudando a que sea más resistente. Su composición silícea es ideal para soportar altas temperaturas, lo que hace que la vajilla con esponjas sea apta para cocinar[5]. Finalmente, al ser un material ligero, las vasijas elaboradas con esta receta son más fáciles de transportar. La corteza de árbol, así mismo llamada caraipé, se obtiene de árboles de la familia Chrysobalanaceae. Estos se encuentran en áreas de sabana inundable o bosques en áreas elevadas al interior del escudo guyanés, debido a lo cual los antiguos pobladores debían desplazarse tierra adentro para obtenerla. La corteza se quema y se pasa por una malla antes de ser añadida a la arcilla (imagen 6). Como ocurría con la esponja, su adición hacía más portable y aumentaba la resistencia térmica de la cerámica[6]. Esta receta también ha sido descrita en comunidades indígenas que habitaban las tierras bajas de Guyana, Venezuela, Bolivia y el noroccidente amazónico[7].

[4] Esponjas de agua dulce en la superficie de un árbol a las orillas del Orinoco
© Juanita Escovar 

 

Si bien estos componentes de la pasta habían sido descritos previamente sin necesidad del uso de técnicas de microscopía[8], estas últimas permitieron identificar de forma precisa su distribución y orientación, aclarando que se trata de elementos agregados y no naturales. Esto indica una intencionalidad por parte de los alfareros y su versatilidad y amplio conocimiento de los recursos naturales y sus aplicaciones en la cerámica. Igualmente, se identificó una receta antes desconocida: la utilización de fragmentos de vasijas fragmentadas como desgrasante. Los tiestos rotos elaborados con roca granítica, esponja y corteza fueron reutilizados dentro de nuevas vasijas (imagen 7). Lo anterior evidencia formas de aprovechamiento del material, sucedidas quizás cuando no se tenía acceso directo a esponjas o corteza, y la existencia de zonas de desecho comunes que permiten deducir que los usuarios de estas distintas recetas pudieron haber coexistido o interactuado en el pasado.

 

[5] Corte petrográfico de una cerámica con espículas de esponja © Natalia Lozada Mendieta

[6] Corteza de árbol
y fragmento de madera carbonizada, posiblemente de
Licannia sp. al interior de una cerámica
© Natalia Lozada Mendieta

[7] Pedazos de tiesto molido con arena y esponjas en corte petrográfico de un fragmento cerámico
© Natalia Lozada Mendieta 

Los antiguos alfareros y sus intercambios

 

Las técnicas de alfarería son aprendidas y transmitidas a partir de la práctica con especialistas, quienes en las comunidades indígenas de esta región suelen ser mujeres. Las alfareras transmiten los conocimientos a sus hijas y sus técnicas pueden apreciarse en las recetas de la pasta y en las formas de manufactura y decoración de las vasijas. Todas las vasijas, independiente de su tipo de pasta, se elaboraron utilizando rollos. Sin embargo, también se detectaron otros tipos de terminado y decoración que indican grupos de alfareras distintos. En la etapa más temprana de ocupación humana con cerámica en los Rápidos de Átures, entre el 100 a.C. y el 400 d.C., se encontró una cerámica arenosa y otra con corteza de árbol. La primera, asociada con grupos de habla Arawak, se ha denominado Ronquín Sombra y estaba elaborada con rollos gruesos y decoración incisa y modelada con formas zoomorfas. La segunda, denominada Cedeñoide, se fabricaba con rollos finos y se decoraba con incisiones delgadas (imagen 8). La considerable diferencia de las técnicas de ambas tradiciones sugiere que no hubo un contacto prolongado entre los grupos que hubiera permitido el intercambio de técnicas de alfarería o que se manifestara en este tipo de material.

[8] Cerámicas pertenecientes a las tradiciones Ronquín sombra, izquierda, y Cedeñoide, derecha © Natalia Lozada Mendieta

[9] Cerámica Arauquinoide decorada
© Natalia Lozada Mendieta 

 

Rio arriba, en la confluencia con el rio Cataniapo, las vasijas más tempranas, hechas alrededor del siglo V d.C., no están decoradas y solo contienen arcilla y arena, lo cual indica la existencia de al menos un tercer grupo en la zona. Sin embargo, a partir del siglo VIII d.C. este mismo grupo empezó a decorar sus vasijas con incisiones y aplicaciones muy semejantes a las encontradas rio abajo. También utilizó pequeños platos de pasta con espículas. Lo anterior sugiere que estos pobladores entraron en contacto con las vasijas elaboradas por los habitantes de rio abajo, imitando parte de sus decoraciones y que interactuaron con grupos que incursionaban en el área y usaban vasijas elaboradas con esponja, adoptándolas dentro de su ajuar.

 

Las vasijas con esponja, asociados con la tradición Arauquinoide y los grupos indígenas de habla Carib, pasaron a ser las más comunes en el área de Átures entre el 1000 d.C. y el momento de contacto con los conquistadores europeos. En ese lapso la presencia humana en la zona aumentó considerablemente, lo cual se aprecia en la mayor cantidad y variedad de vasijas cerámicas y otros materiales como cuentas de collar y pintaderas. De este periodo se encuentran vasijas elaboradas con los tres componentes principales ya mencionados, en ocasiones mezclados o incorporados en forma de desgrasante del tiesto. Entonces se adoptaron nuevas formas y decoraciones con aplicaciones e incisiones geométricas complejas (imagen 9). Además, se evidenciaron formas semejantes de hacer y aplicar rollos y técnicas de modelado para dar forma a las vasijas en los tres grupos de pasta. Esto último habla de grupos multiétnicos que convivían juntos y aplicaban recetas y técnicas comunes.

 

* Arqueóloga. Profesora Asistente Facultad de Artes y Humanidades-Universidad de Los Andes.

 

 

Bibliografía:
1Kay Scaramelli y Franz Scaramelli, “Anchoring the landscape: human utilization of the Cerro Gavilán 2 rockshelter, middle Orinoco, from the early Holocene to the present”. Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi Ciências Humanas 12, n.o 2 (2017): 429–452.

2 Philip Riris, José Ramón Oliver y Natalia Lozada Mendieta, “Missing the point: re-evaluating the earliest lithic technology in the Middle Orinoco”. Royal Society Open Science 5, (2018): [en línea].

3 William Barse, “The Early Ronquin Paleosol and the Orinocan Ceramic Sequence”. Bulletin of the Peabody Museum of Natural History 50, n.o 1 (2009): 85-98.

4 Natalia Lozada Mendieta, “Ancient Pots and Potters of the Átures Rapids Region: Occupation and Interaction Processes in Pre-Colonial Middle Orinoco, Venezuela” (tesis doctoral. Institute of Archaeology, University College London, 2020).

5 Filipe Natalio, Tomás P. Corrales et al., “Siliceous spicules enhance fracture-resistance and stiffness of pre-colonial Amazonian ceramics”. Nature Scientific Reports 5, (2015): [en línea].

6 Claide Moraes y Adília da Rocha, “Uma maneira alternativa de interpretar os antiplasticos e a decoracao nas cerámicas amazónicas” en Cerâmicas Arqueológicas da Amazônia: Rumo a uma nova síntese editado por Cristiana Barreto et al. (Belém: IPHAN-Ministério da Cultura, 2016), 334-347.

7 Stéphen Rostain, “La Céramique Amérindienne de Guyane Française”. Schweizerische Amerikanisten-Gesellschaf 55-56, (1991-1992): 93-127.

 

8 Alberta Zucchi, Kay Tarble y J. Eduardo Vaz, “The ceramic sequence and new TL and C-14 dates for the Agüerito site of the Middle Orinoco, Venezuela”. Journal of Field Archaeology 11, n.o 2 (1984): 155-180.



 

 * Arqueóloga. Profesora Asistente Facultad de Artes y Humanidades-Universidad de Los Andes.