19 de agosto del 2019
29 de Diciembre de 2018
Por:
Diego Puentes

La Historia de las civilizaciones ha sido forjada por el movimiento de grandes poblaciones de seres humanos, así como por el contacto entre culturas diferentes. La caravana que desde Centroamérica avanza hacia Estados Unidos se enmarca en una lógica que está presente desde el mismo nacimiento de nuestra especie.

La migración masiva, una constante humana

A principios de octubre arrancó, desde Honduras, una nueva caravana de migrantes hacia Estados Unidos. En ocasiones anteriores, estas no lograban superar las 500 personas y, en medio del arduo camino, la ‘mancha’ de gente en las carreteras se desvanecía en historias individuales que se fundían en cifras y olvido. Pero en esta ocasión, debido al amplio cubrimiento que medios locales e internacionales dieron a la nueva caravana, y al uso de nuevas tecnologías, como Whatsapp y Messenger, para difundir información sobre la misma, los arriesgados fueron muchos más.

 

Al mismo tiempo que el número de caminantes crecía, crecían también los intereses de quienes pretenden capitalizar políticamente la angustia humana de los migrantes. El presidente Donald Trump vociferaba discursos xenófobos que convertían este drama en una de sus bases de campaña política para las elecciones de medio periodo que se llevaron a cabo el 6 de noviembre de este año. Todo un plan de desinformación, atacando a los migrantes con calificativos como criminales, violadores, terroristas y toda la baraja de términos que Trump ha venido acuñando a lo largo de estos años. Incluso su secretario de Defensa, el general Jim Mattis, no dudó en comparar la caravana de los migrantes con la invasión armada que llevó a cabo Pancho Villa en 1916 en medio de una guerra civil; todo con el fin de generar zozobra entre los electores y ampliar sus bases políticas.

 

Este escenario no es ajeno al resto del mundo. En varios países desarrollados el discurso conservador antiinmigrante ha calado hasta responsabilizar a los extranjeros de la mayor parte de las angustias que hoy viven las clases media y baja, debido a la recesión económica y al recorte de muchos de sus derechos sociales y económicos que esta ha traído consigo.

 

Este hecho se explica por la exacerbación de los miedos a la población más vulnerable, que ve en los extranjeros la cara responsable de sus angustias. Pero este argumento está lejos de ser cierto, y para entenderlo se debe profundizar en las formas, razones y el desenlace de las migraciones que hoy enfrenta el mundo. Estas, definitivamente, no son invasiones sino, más bien, una respuesta guiada por el instinto de supervivencia.

 

Las razones de los migrantes

 

Nadie que sepa que en el camino le puede esperar la muerte o la cárcel huye de su lugar de origen, a menos que en este no tenga otra opción. La caravana de migrantes surge debido a un ambiente de violencia entre pandillas y grupos armados, de extrema pobreza y hambruna, en Estados en donde la inestabilidad y la corrupción permiten la persecución política y la impunidad de los delitos cometidos por las autoridades estatales. Asimismo, por la necesidad de encontrar condiciones de vida dignas.

 

Según Naciones Unidas, 47,3% de los hondureños vive en la pobreza, y 23,3% en la extrema pobreza. En Centroamérica, la Cepal ha encontrado que existen 7,6 millones de personas que viven en esta condición. Todo esto sumado a una larga relación con el país del norte (muchos de los migrantes tienen algún familiar que ha emigrado a Estados Unidos, incluso algunos de los que hoy marchan ya fueron deportados) hace que esta sea una oportunidad que ven como única para garantizar el éxito de su travesía.

 

Y lo hacen de manera masiva para protegerse de las redes criminales de ‘coyotes’ y de los grupos narcotraficantes que transitan las mismas rutas para llegar a Estados Unidos. También para evitar las violaciones, secuestros y atracos a los que son sometidos los migrantes cuando van en grupos pequeños. La caravana es la salida más lógica, pero también la más desesperada. Y al ser sus causas tan fuertes, no hay nada que pueda evitarla. De ahí que se necesite una respuesta más que la represiva: esta es inefectiva e injusta.

 

Lo explica la Historia

 

No es la primera vez que el mundo enfrenta un proceso migratorio de grandes magnitudes. Son ejemplos, desde los primeros rastros del hombre en África y su proceso de población hacia Europa, Asia y Oceanía, pasando luego por la ampliación de la agricultura, que dio paso a grandes migraciones en diferentes direcciones del planeta; asimismo, lo es el periodo conocido como de las ‘invasiones bárbaras’, que en realidad fue una gran migración desde Asia central hacia Europa, debido a presiones demográficas y a la búsqueda de alimentos; o las migraciones de los procesos de colonización en el siglo XVI, incluida la migración forzosa de esclavos negros al continente americano para suplir la fuerza de trabajo que dejó la aniquilación de la mayor parte de indígenas y su mestizaje; o también, el proceso de migración masiva que se dio desde Europa hacia América debido a las presiones de la industrialización y a la ausencia de condiciones para una vida digna que esta generó; o, claro está, la gran cantidad de refugiados que dejaron la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

 

Hoy día estamos ante un fenómeno migratorio más, y para dar respuesta al mismo hay que buscar en sus causas. La marcha de la caravana es comparable por sus características a las migraciones masivas que se han dado desde África hacia Europa.

 

Según Acnur, en el 2018 más de 53.000 personas provenientes de África han cruzado por las fronteras de España, Italia y Grecia, desde Marruecos y Libia, en busca de una oportunidad que les permita sobrevivir y ayudar a sus familias. Casi 1.500 murieron en el intento, ya que las políticas migratorias europeas hacen muy difícil la llegada de quienes buscan refugio o trabajo. Aún así, debido a las condiciones de violencia y escasez del continente africano, es probable que estas se sigan dando de manera masiva.

 

*Lea la nota completa en la edición de Diciembre de 2018.