Covid-19

 

EL 20 DE ENERO DE 2020, pocos días después de que en Tailandia se registrara el primer caso de COVID-19 fuera de China, Martha Lucía Ospina creó un chat de Whatsapp en el que incluyó a los mejores modeladores epidemiológicos que conocía y que estaban regados por el mundo. Incluyó a especialistas del Imperial College del Reino Unido, de la Universidad de San Francisco e incluso de países asiáticos, pues, dice, “quería que retaran los modelos que tuviéramos en el Instituto Nacional de Salud (INS). Es que nadie tiene la verdad absoluta”.

EL 20 DE ENERO DE 2020, pocos días después de que en Tailandia se registrara el primer caso de COVID-19 fuera de China, Martha Lucía Ospina creó un chat de Whatsapp en el que incluyó a los mejores modeladores epidemiológicos que conocía y que estaban regados por el mundo. Incluyó a especialistas del Imperial College del Reino Unido, de la Universidad de San Francisco e incluso de países asiáticos, pues, dice, “quería que retaran los modelos que tuviéramos en el Instituto Nacional de Salud (INS). Es que nadie tiene la verdad absoluta”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUALQUIERA pensaría que un enemigo común a todos los seres humanos –uno de la talla de una pandemia– sería suficiente para calmar los fervores ideológicos de las sociedades polarizadas y, con ello, unir a la especie en torno a su bienestar. Pero no: la COVID-19 está lejos de producir ese consenso.