28 de octubre del 2021

Historia del fútbol

Si alguien del presente pudiera viajar en el tiempo y aterrizara en un campo de fútbol de 1863, seguramente no lo reconocería como tal. Vería un par de postes a ocho yardas de distancia (7,32 metros) y, casi 200 metros más allá, otro par. Nada de líneas de meta ni de banda, como tampoco áreas ni círculo central.

Sobre la foto: El equipo del Polo Club de Bogotá, antes de un partido que sostuvo contra el equipo de la Escuela Militar. No queda memoria del ganador. Aparecen entre otros: Ulpiano Valenzuela, Alejandro Santamaría, Carlos Obregón, Carlos Dávila, Ignacio Barberi, Julio Sáenz, Pepe Obregón (capitán), Juan Uribe de Brigard y Carlos Sánz, uniformados con guayos de taches antediluvianos y suéteres de cuello tortuga.

A comienzos de 1931, un futbolista llamado Luis Monti, y quien lo tenía todo en su patria, tuvo que abandonar la Argentina en silencio, de incógnito. Había sido ídolo y referente antes del Mundial del 30: el eje del seleccionado que perdió la final de aquel torneo ante Uruguay. Su vida cambió en menos de 24 horas por una extraña visita. El 29 de junio de aquel 1930, Monti fue abordado por dos sujetos oscuros que intentaban hablar español, de apellidos Scaglia y Benneti.

Y es que durante un mes los registros de audiencia televisiva rondan los 30 mil millones de espectadores, cifra equivalente a que cada habitante de la Tierra viera cinco de los 64 encuentros programados desde la fase inicial hasta el partido que consagra campeón al equipo de un país en la madre de todas las ceremonias, ese ritual tan respetado como odiado en todo el orbe, desde los tiempos de los receptores radiales de tubo hasta los televisores HD, pasando claro por los transistores y el plasma.