20 de septiembre del 2021

Actualidad

Quizás no haya una mayor congruencia que la que hay entre lo que Antonio Caballero escribe en sus columnas y la cara que pone cuando habla. Mírenlo y digan si es una exageración: el ceño fruncido dibuja en la frente algo similar a un árbol en otoño, cuyas ramas son la marca de antiguas elucubraciones que reflejan cierta preocupación perenne o un genio de los mil demonios. Sus ojos melancólicos, o más bien su mirada impaciente, delata un genuino fastidio con la pose, o mejor, con que lo inviten a posar.

 

Encuentre la nota digital haciendo clic aquí.

 

Hay dos maneras de valorar a la monarquía española: desde una perspectiva frívola, propia de las llamadas revistas del corazón, las publicaciones rosa, y de sectores cuya cultura es limitada, y otra, desde la perspectiva institucional, donde prevalece el criterio histórico y la responsabilidad política. Aunque ambas parecen fusionarse en ocasiones, cada una, sin embargo, alimenta intereses diferentes.