27 de octubre del 2021
Fotos Javier La Rotta
30 de Julio de 2021
Por:
Diego Montoya Chica

 

La joven paisa que se 'viralizó' como un símbolo de la protesta pacífica pertenece a una generación que se adaptará, con pragmatismo, a un mundo desafiante. ¿Cómo son esos jóvenes que pronto tendrán la batuta en el mundo?

 

Susana Boreal y los centennials

LA NOCHE DEL 4 DE MAYO, cerca de 400 músicos de Medellín recibieron un llamado en su celular. Era una invitación que llegaba como un alivio al final de ese martes, que fue tan intenso para Colombia. Hacía tan solo una semana, el 28 de abril, las protestas habían comenzado aquí y allá en forma de cacerolazos, marchas callejeras y arengas en contra de una reforma fiscal propuesta por el Gobierno de Iván Duque, pero habían escalado tanto –en temperatura y magnitud, y en toda la nación– que ya la ONU y la Unión Europea hacían llamados urgentes a la calma. Bastó una semana de marchas para que el país incrédulo, triste, rumorara a los muertos por decenas y a otro tanto de desaparecidos. Todo en el marco de la manifestación social más grande que haya registrado la historia nacional. Y que sigue viva: al cierre de esta edición, casi tres meses después las primeras llamas, aún hay tizones rojos en la hoguera.

 

Una de las primeras en recibir esa invitación fue Susana Gómez, de 26 años, una estudiante de dirección orquestal en la Universidad de Antioquia. Hacía seis meses que la chica había regresado a la casa de sus padres después de haber cursado un intercambio académico en Bélgica, pero no lo estaba pasando nada bien: el encierro de la pandemia, sumado a una suerte de desesperanza en el plano laboral, hacía que digerir las noticias fuera difícil. Sobre todo, ese combo no ayudaba a palear la depresión que Susana carga desde niña y que, pese a que se la trata con madurez y sinceridad, la golpea con fuerza de tanto en tanto.

 

El mensaje era una propuesta de su amigo Juan Ernesto Arias. Se la enviaba, inicialmente, a un puñado de compañeros de academia: ¿Y si ellos, esos poquitos veinteañeros, convocaban a un concierto para el día siguiente? ¿Acaso los de música académica no podían sumarse al clamor y, sobre todo, hacerlo de manera pacífica, con el arte como bandera?

 

Finalmente, los de artes, danza y teatro estaban llevando sus performances a la calle...

 

Resistirse era demasiado pedir para Susana, que empatizaba con las marchas y que moría por expresar su propio descontento. Así que ella, junto con Juan Ernesto –trompetista– y otra compañera, Ana María Zapata – clarinetista–, amplificaron la convocatoria via Whatsapp y Telegram, escogieron el repertorio y enviaron las partituras respectivas. Al día siguiente, en horas de la mañana, unas cinco mil personas –entre músicos y demás ciudadanos– rodeaban a Susana, diminuta en medio del huracán de voces e instrumentos al que habían citado en el Parque de los Deseos. Su batuta revoloteaba como un colibrí y el país entero la vio feliz, empinada lo más que pudo, azuzando voces, cuerdas y metales.

 

“Cuando uno canta con otras personas, respira al mismo tiempo y el pulso empieza a compartirse”, explica Susana, quien ese 5 de mayo se convirtió en un símbolo de la protesta pacífica, dentro y fuera de Colombia. “El arte”, dice la paisa, a la que han entrevistado hasta en CNN, “es lo que nos mantiene cuerdos en medio de tanto horror y tanto dolor”.


SU GENERACIÓN EN LA POLÍTICA

“En todas la generaciones vamos a encontrar individuos solidarios o individualistas, pues la condición humana perdura”, dice Marco Antonio Péres Useche, director del Observatorio de Sociedad, Gobierno y Tecnologías de Información de la Universidad Externado. Este abogado hace hincapié en que la escasez a la que estará sujeta la generación de Susana –en recursos naturales, en recursos económicos e incluso en espacio de vivienda– hará que los centennials sean fundamentalmente pragmáticos. Además, propone una manera esperanzadora de interpretar a estos jóvenes que, según él,  comenzaron a nacer hacia 1993 y 1994, aunque algunas agencias ubican su nacimiento a finales de esa década: “En un estudio leí que los centennials se parecen más a la generación boomer, que fue la que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que tuvo que adaptarse para reparar todas las consecuencias e impactos de la guerra. A los centennials les va a pasar algo parecido: encuentran un mundo con cambio climático, con deterioro ambiental, con crisis económica y con pandemia, de manera que tendrán que asumir compromisos para transformarlo”.

 

Eso no quiere decir que se trate de una generación automáticamente afiliada a un partido político o a una militancia en particular. Así lo aclaró Eduardo Cárdenas, director de investigación de la consultora Etnológica, que adelantó un estudio sobre centennials para la Universidad Eafit. En cambio, sí concebirá la sostenibilidad social y ambiental, ya no como el ideal teórico que fue para sus predecesores, sino como algo casi que dado por hecho en su vida diaria. “Es la generación más informada de la historia humana”, sostiene Cárdenas. Y eso, dice, contribuirá a que exista “mayor aceptación de la diversidad [llámese sexual, racial, religiosa, cultural], así como mayor conciencia ambiental y social”.

 

Susana lo reconoce. “Si el otro no le está haciendo daño a usted, puede vivir como se le dé la gana”, dice, y nos da luces sobre lo que sería su propio objetivo en términos de incidencia en política, o a lo que estaría encaminado su activismo: “Luchar para que le paguen mejor a los músicos, para que tengan más oportunidades”. La joven es supremamente consciente de las dificultades económicas que sufre su generación, sobre todo en toldos musicales.

 

No obstante, además de lo inherente a su generación, hay otras dos experiencias que intensifican el compromiso social de esta estudiante que, al año de haber comenzado matemáticas puras en la universidad, se pasó a la carrera de música para obedecer a esa fuerza pasional que domina a quien es un creativo. En primer lugar, la mayor de las hermanas Gómez –Susana es la penúltima de cinco– fue víctima de feminicidio hace casi cuatro años. Con ello, el país de las cifras, ese en el que el año pasado se cometieron 52 feminicidios según Medicina Legal y en el que también hubo 200 mujeres violentadas, se metió en este hogar paisa y marcó su psique para siempre. La joven hizo pública esa herida en plena grabación de un episodio de La Tele Letal, pero los dos presentadores –Martín de Francisco y Santiago Moure– decidieron pasar de largo el dato. Y es comprensible: ¿qué palabras le resultarían empáticas o quizá curadoras a una víctima de semejante atrocidad?

 

La otra experiencia que conecta a Susana con los dramas sociales colombianos ocurrió años antes de que ella naciera, pero ensombreció su vida familiar de ahí en adelante: un tío suyo fue asesinado por pertenecer a la Unión Patriótica, justo cuando ese crimen era reproducido por los miles en Colombia. La violencia política, ahí, afectando incluso a quienes por haber sido muy niños o no haber nacido escaparon a los peores años de la guerra entre guerrillas, estado y paramilitares. Esto quizá indica que, además de los rasgos ‘genéricos’ que se pueden percibir en los centennials alrededor del mundo, quizá los colombianos deban ser analizados, además, a la luz de su entorno social.

 

Susana es observadora detallista de ese entorno. “En mi generación en Medellín hay mucha derecha, pero la cosa está cambiando”, dice y comenta sobre otro fenómeno: “También existe todavía esa narcocultura, esa herencia que tenemos de que las mujeres son igualitas y los ‘manes’ también, de que hay que tener plata y salir a mostrar. Eso le hace mucho daño al país”.

 

Lo cierto es que, para un político de cualquier pelaje, convencer a estos muchachos de cualquier cosa no será tarea fácil. “Es más difícil que nos metan los dedos a la boca”, dice Susana, también consciente de que pertenece a una generación hiperinformada. “Todo se puede aprender hoy en día tan rápido y fácil que incluso la educación tradicional tiene cosas obsoletas”.

 

 

EN LA ECONOMÍA

El hecho de que Susana tenga, junto con su hermana María Clara, un emprendimiento de comercialización de sombreros (Hatta.com.co), habla también de su grupo de edad, más allá de otras variables que vienen a lugar, como sus ingresos personales. “Lo más probable es que yo no me jubile nunca –se lamenta–. Hay cada vez menos oportunidades para los jóvenes y no tenemos un futuro claro; más bien incertidumbre”. De ahí que quiera dedicarle parte de su carrera a buscar dignidad en su profesión. “Nos quejamos mucho de que a los artistas no se les paga, pero cuando hay que pagar, es un problema”, explica.

 

En sus palabras se percibe conciencia sobre esa escasez a la que se refiere el abogado Péres Useche, del Observatorio en el Externado, para quien en ese aspecto existe una diferencia clave con los millennials: “Estos últimos no estaban tan comprometidos con un empleo, pueden pasar por diez a lo largo de su vida; pero los centennials, en su pragmatismo y consciencia sobre las dificultades por la que pasa el mundo entero, quizá se queden más en las organizaciones. Eso sí: siempre y cuando les dejen desarrollar su potencial creativo”, explica. Quizá por lo mismo vayan a ser mucho más cuidadosos, informados y ahorrativos en el gasto, cosa que ilustra con un ejemplo: “En Estados Unidos, más de la mitad ya no van al médico general, sino que van directamente al especialista porque han consultado antes en internet”. Y termina: “También por ello, los centennials serán promotores del crowdsurfing, del coworking, del crowdfunding, etcétera: harán por fin realidad la economía circular, colaborativa y sostenible”.

 

Eduardo Cárdenas, desde Etnológica, toma otro ángulo: “No estudian ni estudiarán lo que sus padres les indiquen sino lo que realmente les gusta (...). Además, eso de trabajar en una empresa toda la vida y jubilarse, ya no: lo que quieren es emprender o ser freelance. Pero esa es apenas una aspiración, porque las tasas de éxi0to de esos emprendimientos son muy bajitas”.


"Serán promotores del crowdsurfing, del coworking, del crowdfunding, etcétera: harán por fin realidad la economía circular, colaborativa y sostenible”: Péres Useche. 

 


EN LA TECNOLOGÍA

Si los millennials alcanzaron a vivir una sociedad ‘análoga’ y luego se adaptaron rápidamente a su digitalización, la mayoría de centennials experimentaron un mundo con virtualidad desde muy niños o incluso al nacer. Por ende, han sacado provecho de esa democratización de la información –que incluye contenidos culturales y conocimiento científico– de la que hablábamos cuando apareció internet en nuestras vidas y se empezó a soñar con una sociedad de comunicación más horizontal. “Yo creo que muchos millennials fueron superficiales con esos ‘influenciadores’ tan banales y con contenido poco elaborado que se consume rápidamente. Los centennials están transformando esas redes –YouTube, Instagram, TikTok– como espacios creativos”, dice Péres Useche, en general optimista.

 

Cárdenas complementa con una consecuencia de la virtualidad: "Algunos padres nos dijeron que les costaba aburrirse. A diferencia de otras generaciones en las que cinco hermanos se distraían con cualquier palito, aquí hay sobre estimulación”. Y luego de explicar que Instagram está barriendo, por mucho, en ese mar ensordecedor de las redes sociales, añade otra consecuencia del flujo informativo: “Al momento de conocer la noticias, leen titulares con dos frases y listo: sin mucha profundidad”. Tanto Péres Useche como Cárdenas reiteran que, aún cuando estos rasgos son perceptibles, no se puede asumir que están presentes en todos los miembros de una generación.

 

Ahora: ¿Susana Gómez o Susana Boreal? La respuesta tiene que ver con tecnología, y especialmente con el tipo de marketing que esta hoy dicta. Interesada en tener visibilidad, Susana consultó con el youtuber de viajes Daniel Tirado, experto en mercadeo digital. A “Susana Gómez” no la va a encontrar nadie, sentenció este. Tras una lluvia de ideas hecha con la convicción de que la chica quería proyectar una imagen positiva, apareció su actual pseudónimo. Quizá esta decisión haya sido clave para que Susana cuente hoy con casi 50.000 seguidores en Twitter y otros 30.000, aproximadamente, en Instagram.

 

Una audiencia que da fe de cómo Susana utiliza esas plataformas como espacios creativos y pedagógicos, además de como megáfonos de su causa social. Hace pocos días, por ejemplo, compartió consejos sobre la impresionante app StaffPad, con la que se puede componer música en una tablet: dibujadas las negras, blancas y corcheas sobre el pentagrama, el software no solo las pasa a limpio, sino que las hace sonar en el instrumento que se quiera. Así es con todos los campos del conocimiento o del debate, incluyendo el relativo a la política, difundida, criticada, explicada –desinformada también–, en plataformas digitales: “Veo a mis sobrinas pequeñas (también centennials) y entienden mucho de la realidad de este país. Hoy se puede hacer esa pedagogía sobre cómo funciona el Estado, y eso hará que voten con mayor conciencia cuando lo hagan”.

 

Tras escuchar a Susana y a Péres Useche, no es descabellado pensarlo: ¿será que los centennials son los que, finalmente, transformarán esos vicios éticos que tanto se le critican a las redes sociales, como los cánones inamovibles de belleza femenina y la ‘felicidad’ publicitaria? “Es duro ver que una persona, por más que se esfuerce, nunca va a salir adelante”, comenta Susana Boreal. “Y que, al mismo tiempo, esté todo ese bombardeo de consumo y de que tenés que estar bien y tener actitud positiva.

Nunca abrazamos la tristeza, ni el enojo... Eso entonces se reprime, sin fomentar el dialogo”.

 

 

¿Y LA VIDA AFECTIVA?

Ni Péres Useche, ni Cárdenas dicen tener suficientes elementos de juicio como para dar un dictamen sobre el aspecto emocional o afectivo. Sin embargo, se asoma una posibilidad –de nuevo: no generalizable, por supuesto–. “Pareciera que la pandemia les mostró un horizonte sustancialmente diferente del futuro –dice el abogado del Externado–. Los jóvenes están preocupados porque el mundo de la pospandemia va a ser muy problemático, y por lo tanto eso puede profundizar su pragmatismo: serán cautos a la hora de casarse, de tener un hogar y de tener hijos”.

 

Si se juzga a la luz de Susana, esto es cierto. Dice no querer hijos, y con respecto a la idea tradicional de tener una pareja estable, aboga por la flexibilidad. “Tenemos que quitarnos esas ideas de ‘normalidad’ de la cabeza y aceptar que todos somos diferentes. Si una persona decide estar sola, no hay que decirle: ‘te vas a morir solo’. Yo creo que puedo ser muy feliz sin hijos. Y a mí, que soy muy enamoradiza –aunque he tenido solamente dos novios y el segundo de ellos iba muy en serio–, no me gusta pensar que voy a estar toda mi vida con una misma persona”. 

 


 

 

 

 

 

 

 

*Artículo de portada publicado en la edición impresa de julio de 2021.