17 de octubre del 2021
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27 de Julio de 2021
Por:
Diego Puentes

 

La crisis epidemiológica visibilizó una urgencia mayúscula: la de unificar, a escala global, la información y los criterios sobre quién está vacunado y quién no. Estas son las complejidades éticas y operativas de ese desafío.

 

¿Se vienen los ‘PASAPORTES DIGITALES’ de vacunación?

SEGÚN EL PORTAL Earthchangers.com, a causa de la pandemia y tan solo en el año 2020 la industria de viajes y de turismo perdió aproximadamente 4,7 billones de dólares y 174 millones de empleos. Por su parte la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) estableció en un informe de finales de febrero de este año, que las reservas de viajes para el verano de 2021 se encontraban un 78 % por debajo de lo reportado en febrero de 2019, justo antes de que las restricciones por la COVID-19 empezaran a implementarse.

A este desalentador panorama hay que sumarle además la alarmante cifra de que en el mundo ya han muerto más de 4 millones de personas y los contagios parecen no dar tregua, haciendo que aún estemos lejos del final de la pandemia, pues según los reportes oficiales –y al cierre de esta edición– apenas un 10,5 % de la población ha sido completamente vacunada.

Como resultado de esta situación han surgido varias iniciativas y estrategias para que el mundo, particularmente la industria de viajes y turismo, pueda retornar poco a poco a la normalidad sin esperar hasta la inmunidad de rebaño.

RETO GLOBAL: INFORMACIÓN Y CERTIFICACIÓN UNIFICADAS

Sumado a los desafíos que tienen los países para desplegar toda la logística y la infraestructura de atención y prevención en salud, los gobiernos enfrentan hoy un problema adicional para contener la pandemia y recuperar su economía: la falsificación de pruebas y certificados de vacunación así como la suplantación de identidad.

Según el periódico The Guardian, las autori- dades han encontrado más de 1.200 vendedores en el mundo que ofrecen pruebas y documentos falsos por tan solo 25 libras –equivalentes a unos 130.000 pesos colombianos– y que, diariamente, unas cien personas intentan entrar al Reino Unido usando estos certificados falsos. Esas cifras no sorprenden. La digitalización de los resultados enviados al correo electrónico o algún portal web, sumado a la ausencia de bases de datos centralizadas o accesibles, ha hecho muy fácil falsificar este tipo de documentos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estado Unidos (el CDC) afirma en su página web que: “Desafortunadamente, no hay una organización nacional que mantenga registros de vacunación”, por lo que NBC News recomienda a las personas que no viajen con su certificado original, sino con una copia laminada del mismo.

Con ese nivel de seguridad, sería entonces raro que no existieran falsificaciones de estos documen- tos. Incluso hoy, si una persona pierde su certificado, no le queda otra opción que ir directamente a donde le pusieron su vacuna para que le den uno nuevo; y eso es para los afortunados que lo hicie- ron en un laboratorio o farmacia fija, ya que los que tomaron su vacuna en un centro temporal aún no se sabe muy bien cómo podrían recuperarlo.

Además, debido a la dificultad que enfrentan algunos laboratorios para verificar la identidad de una persona que se va a realizar una prueba o va a recibir la vacuna han aumentado los casos de suplantación de identidad en los que los certificados podrían estar siendo emitidos y utilizados a nombre de la persona equivocada. El portal de noticias Expreso de Perú reportó que el pasado 23 de mayo, Gloria Petrovich, quien es adulta mayor, denunció que suplantaron su identidad para el proceso de inoculación. Según el portal, la mujer, al momento de acercarse a recibir su primera dosis, recibió con sorpresa la notificación de que ya había sido inmunizada.

LA POSIBLE SOLUCIÓN (Y SUS ‘PEROS’)

Para combatir este problema, gobiernos y empresas privadas han planteado la idea de generar pasaportes digitales o electrónicos de salud que garanticen la veracidad de los resultados de pruebas de COVID-19 y los certificados de vacunación. La medida se plantea como un mecanismo eficaz para prevenir el fraude y la suplantación y así poder disminuir el distanciamiento social, una barrera indiscutible para impulsar nuevamente la economía a gran escala. La idea de crear un pasaporte de vacunación existe desde hace tiempo bajo el concepto del libro amarillo de vacunación establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), particularmente para alojar allí evidencia de vacunas relacionadas con enfermedades como la fiebre amarilla, cólera, malaria o rubeola. Este pase es obligatorio para entrar a algunos países y se debe llevar en físico para la verificación de las autoridades.

La pandemia aceleró la necesidad de digitalización al evidenciar los vacíos que existen en la actualidad para comprobar la validez de un certificado de salud, desbordando la capacidad de las autoridades y empresas para comprobar que quien viaja o asiste a un evento masivo no es portador del virus.

Por medio de estos certificados se pretende contar con un mecanismo de validación digital o electrónico para verificar la autenticidad y la titularidad de las pruebas que los ciudadanos deben mostrar, reduciendo los múltiples formularios y puntos de contacto con los que las personas, los gobiernos y las empresas deben lidiar para acogerse a las medidas de bioseguridad establecidas.

Según Tariro Mzezewa del diario New York Times, “un pasaporte de vacunación es un documento que prueba que has sido vacunado contra la COVID-19. Algunas versiones también permitirán a las personas demostrar que han dado negativo al coronavirus y, por consiguiente, pueden viajar con mayor facilidad”.

Nick Careen, vicepresidente de aeropuertos de IATA, afirma que lo que se intenta es digitalizar un proceso que ya existe para que este sea más sencillo y agradable, de manera “que facilite que las personas viajen de un país a otro sin tener que mostrar papeles diferentes en cada país ni documentos diferentes en cada punto de revisión”.

ARMONIZACIÓN E INCLUSIÓN
Gran parte de la responsabilidad para volver abrir sectores de la economía que estaban cerrados ha recaído directamente sobre las empresas. Cada sala de eventos, cada aerolínea, cada hotel e incluso cada restaurante ha tenido que sortear como ha podido el control y la inspección de las medidas de bioseguridad, que incluyen no solo el distanciamiento social, sino la capacidad de asegurar que sus clientes cuentan con una prueba negativa de COVID-19 o que han sido vacunados.

Por esta razón, se han creado, a nivel mundial, cientos de aplicaciones móviles y servicios de iniciativa pública y privada utilizando tecnologías que van desde el uso de cadena de bloques (blockchain) como la propuesta por IBM, hasta sencillos formularios web de autodeclaración que los ciudadanos llenan para certificar sus síntomas y su estatus negativo de COVID-19, como el establecido por Migración Colombia para la entrada y salida al país.

Ahora bien, la cantidad de soluciones disponibles, sin contar con una estructura de datos compartida, se vuelve un problema más que una solución. Por ejemplo, una aplicación de pasaporte digital de una aerolínea no es la misma que utiliza una ciudad para controlar la asistencia a un concierto. Por esta razón, organizaciones internacionales han trabajado en la creación de estándares que permitan que los diferentes pasaportes digitales tengan una estructura compartida, certificada por los gobiernos, para que los pases emitidos sean verificables ante cualquier entidad o empresa que necesite validar esta información.

La Organización Aviación Civil Internacional (OACI), La Unión Europea y la OMS han publicado ya estándares y guías para la creación de certificados reconocibles por todos quienes se acojan a ellos. La idea de estos protocolos es que brinden armonización, confianza y seguridad para las soluciones de pasaporte digital, manteniendo a su vez principios de inclusión y privacidad de los datos.

Existen grandes retos para hacer posible que los pases digitales de salud no sean un elemento de discriminación o limitación de las libertades de los ciudadanos. Y garantizar inclusión no es tarea fácil. Lo primero que se debe tener en cuenta es que estos deben ser en formato digital y físico, pues no se puede asumir que todas las personas tienen acceso a un smartphone o que están tecnológicamente capacitadas para manejar este tipo de aplicaciones. Lo segundo es que los estándares enfrentan el serio problema de la desigualdad en el planeta. No es lo mismo conectar una red de laboratorios en Europa que hacer esto en África. El presidente ejecutivo de ID4Africa, Dr. Joseph Atick, afirmó en un foro virtual que “obtener una prueba que sea reconocida podría ser un desafío, porque mientras África tiene más de 400 laborato- rios auditados por la OMS en 27 países, solo 78 en 12 países están acreditados según las normas ISO”.

Si a esto le agregamos que, por ejemplo, para el certificado digital de la Unión Europea las vacunas aprobadas no incluyen la rusa Sputnik V ni las chinas Sinovac y Sinopharm, muchas

de las personas vacunadas en Latinoamérica y otras partes del mundo donde estas sí se aplican no podrían transitar libremente por Europa.

Finalmente, en el mundo hay más de mil millones de personas que no pueden probar su identidad porque no cuentan con un documento que les permita hacerlo, lo cual abre la posibilidad de que los pases digitales de salud puedan aumentar la desigualdad y el riesgo de dejar a muchas personas marginadas.

UNA OPORTUNIDAD
Con los planes de vacunación andando, es probable que poco a poco se levanten las restricciones y que soluciones como la de los pases digitales de salud brinden un alivio temporal a la asfixia de la pandemia. Sin embargo, a medida que los países vayan saliendo de la crisis, los gobiernos de- ben prestar atención a las lecciones aprendidas.

En casi todas las naciones, la COVID-19 ha servido como un llamado de atención. Muchos gobiernos se han dado cuenta de que no cuentan con la infraestructura necesaria para emitir certificados de salud seguros ni hacer posible la entrega digital y oportuna de beneficios y servicios públicos vitales, mucho menos en medio de una crisis. Pero, además, la pandemia ha demostrado que la interconexión del mundo no es sostenible sin que existan garantías mínimas entre los países que hagan viable el manejo de una crisis como la que el mundo enfrenta. Esta alerta puede marcar el horizonte para una tecnología y una infraestructura ética.

Este profundo cambio de perspectiva puede ser aprovechada por los gobiernos para avanzar en sus agendas de transformación digital, pensando un futuro en el que se puedan digitalizar no solo los documentos de vacunas, sino también las historias clínicas, así como las tarjetas de los donantes y/o generar prescripciones médicas electrónicas con intercambios seguros y confiables de información que brinden un mejor acceso a la salud a todos los ciudadanos y ayuden a los gobiernos a mitigar el fraude y a mejorar la prestación de los servicios.

 

Urge la creación de estándares: la app de una aerolínea es distinta a la que solicita el país de destino y también a la que una ciudad pide para asistir a un evento.

 
 

*Artículo publicado en la edición impresa de julio de 2021.