30 de noviembre del 2022
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20 de Noviembre de 2022
Por:
Diego Puentes

Esto es lo que usted debe saber acerca del pequeño país en el que tendrá lugar la Copa Mundial de Fútbol 2022.

Qatar, el millonario anfitrión

*Artículo publicado en la edición impresa de febrero de 2022.

QATAR es un Emirato ubicado en el golfo Pérsico al noreste de Arabia Saudita, único país con el que comparte una frontera terrestre. Su territorio no abarca más de los 11.600 km2 –aproximadamente la mitad de la extensión territorial de Cundinamarca– y su población es de alrededor de 2,8 millones de habitantes, de los cuales 2,3 viven en la ciudad de Doha, lugar donde se concentra la mayor actividad política, social y cultural del país.

En gran parte de la historia de Oriente Medio, Qatar jugó un papel secundario y se limitó al de un puerto donde se comerciaban perlas y telas para transportar hacia y desde el resto del mundo. Estuvo en poder del Imperio otomano hasta que la familia Thani (actual familia real) tomó nuevamente control de la península con la ayuda del Imperio británico. Con este último firmó un tratado en 1916 para convertirse en un protectorado británico, lo que les garantizaba cierto nivel de independencia y, al mismo tiempo, de seguridad.

Apenas hace 51 años, Qatar se independizó completamente del Reino Unido, cuando en el año 1971 este último decidió retirar sus misiones en el golfo Pérsico. Sin embargo, desde los años 30, cuando se descubrieron los primeros yacimientos de petróleo en territorio qatarí, su historia cambió radicalmente. El pequeño emirato pasó de vivir de la pesca y la extracción de perlas a ser uno de los mayores exportadores de petróleo y gas natural del mundo, convirtiéndose en el tercer país de mayor exportación de gas líquido después de Rusia e Irán, lo que hoy le permite tener el PIB per cápita más alto del mundo: alrededor de 128.000 dólares, casi el doble de naciones como Estados Unidos y casi el triple de países como Francia.

Qatar es en esencia un estado liderado por un líder político y militar (el Emir), con una monarquía absoluta (algunos dicen que es constitucional, pero en Qatar no ha habido elecciones) liderada por la familia Al Thani desde mediados del siglo XIX. El estado cuenta con una frágil división de poderes ya que el Emir, Sheikh Tamim bin Hamad Al-Thani, tiene el poder de aprobar todas las leyes, define directamente el nombre de una tercera parte del consejo de ministros (aunque se puede decir que influye en la elección de todos ellos) y nombra los cargos más altos de funcionarios del Gobierno, quienes normalmente son familiares o amigos cercanos.


¿QUÉ TAN RICO ES QATAR?

La pujante industria de gas natural y petróleo sigue siendo la responsable del 55 % del Producto Interno Bruto de Qatar. El país tiene una tasa de desempleo de tan solo 2 % y su PIB per cápita está siete veces por encima del promedio mundial. Además, a pesar de que su población es menor a la de una ciudad como Medellín, su PIB ocupa el puesto 53 en la lista con un valor de más de 200.000 millones de dólares.

Un estudio realizado por Boston Consulting Group muestra que, en Qatar, de cada 6.000 hogares, 1.050 tienen un patrimonio mayor a 1 millón de dólares y que este es el país donde existen más personas con un patrimonio valorado en más de 100 millones de dólares.

Para saber la magnitud de su riqueza tampoco se puede dejar atrás la Autoridad de Inversiones de Qatar, QIA por sus siglas en inglés. Esta está en el puesto 12 de los fondos soberanos del mundo con bienes que valen más de 115.000 millones de dólares y con inversiones importantes en Europa, Asia y Estados Unidos. Hoy se dice que Qatar tiene más propiedades en Reino Unido que la propia Reina Isabel.

Pero los sorprendentes números de la riqueza qatarí no se reparten por igual en su población. La desigualdad es rampante y las condiciones laborales han sido ampliamente criticadas por las violaciones a derechos humanos, pues, entre otras, existe allí un sistema contractual llamado Kafala, que se parece más bien a una regulación de la esclavitud. El sistema que rige el empleo de los trabajadores migrantes otorga a los empleadores un control excesivo sobre ellos, incluido el poder de negarles el derecho a abandonar el país o cambiar de trabajo.

La discriminación femenina es otra de las caras en las que se ve reflejada esta desigualdad. Según Human Rights Watch, la ley en Qatar discrimina a las mujeres en el matrimonio, el divorcio, la custodia de los hijos y la herencia. La ley establece que las mujeres solo pueden casarse si un tutor masculino aprueba el matrimonio y su participación en cargos públicos es casi nula. Aún la violencia doméstica o el acceso carnal violento dentro del matrimonio no son penalizados y la comunidad LGTBI enfrenta graves violaciones a sus derechos que rayan los límites de la dignidad.

Estos datos muestran que la riqueza no ha sido motor de la modernización del estado en cuanto a derechos y libertades civiles se refiere y que, en todo caso, sus políticas han sido ambivalentes. El New York Times, en un artículo publicado a finales de enero de 2018, afirma que “la arrogancia de Qatar es profundamente polémica entre sus vecinos. En su búsqueda de influencia global, los Thanis han seguido políticas ambidiestras, a veces contradictorias, predicando las virtudes de la paz, la educación y los derechos de las mujeres mientras financian a los extremistas islamistas en Siria y albergan la base militar estadounidense más grande en el Medio Oriente”.


Esta imagen nos da una idea del tamaño de ese emirato en la península arábica: Qatar es, aproximadamente, la mitad de grande que el departamento de Cundinamarca

LA GUERRA FRÍA DEL GOLFO Y LA ESTRATEGIA DEL PODER BLANDO

Qatar ha estado siempre a la sombra de su gigante vecino Arabia Saudita, país que ha disputado el liderazgo de la península arábica y el Oriente Medio con Irán, su otro vecino y con quien Qatar comparte no solo una frontera marítima sino la explotación y administración del campo de gas más grande del territorio nacional.

En general, los países del consejo del golfo han mantenido una política unificada y particularmente orientada a frenar el poder y la influencia iraní que se dio tras la revolución islamista de 1979, en la que se derrocó a la monarquía absolutista de Irán, generando en los países del golfo angustia y preocupación porque esta misma situación pudiera ocurrir en sus propios casos. Esta competencia por el liderazgo en Oriente Medio se intensificó luego de la Primavera Árabe, donde en varios países de la región se derrocaron gobiernos dictatoriales y absolutistas y en los cuáles hoy se disputan, en cruentas guerras civiles, el poder de facto y el modelo de estado que liderará el mundo árabe.


Uno de los símbolos de poderío: la isla artificial Pearl-Qatar. El costo de este mega proyecto de finca raiz, que no se ha terminado, se calcula en 15.000 millones de dólares.

Ante la intensificación del conflicto en la región, en 2017 varios países del golfo, incluidos los EAU, Bahréin, Yemen, Arabia Saudita y Egipto, aliados naturales de Estados Unidos (aunque parezca contradictorio debido a que todos ellos representan formas de gobierno poco o nada democráticas) decidieron realizar un boicot a Qatar, cortando relaciones diplomáticas e imponiendo un embargo colectivo para presionar al pequeño emirato a suspender la supuesta financiación a grupos islamistas de la región, así como sus relaciones comerciales y diplomáticas con Irán.

En 2021, Qatar logró un acuerdo con los países del golfo para levantar el embargo sin ceder a estas presiones. Gran parte de su poder de negociación se debió a la ayuda que le prestaron Irán y Turquía para utilizar sus espacios aéreos y marítimos para poder abastecerse y exportar con normalidad, al apoyo de aliados internacionales con quienes tiene grandes inversiones, así como al hecho de que cuenta con la base militar estadounidense más grande de la región.

Y es que desde los años noventa Qatar ha mantenido una política económica estratégica que se basa en la ampliación de su influencia financiera en otros mercados e industrias, así como en la construcción de marcas y medios reconocidos a nivel mundial donde se destaca la famosa aerolínea Qatar Airways y el canal deportivo BeIn, que cubre las ligas de fútbol más importantes del mundo. Una de las apuestas del emirato en cuanto a poder blando se refiere ha sido a través de las telecomunicaciones. El país del golfo invirtió millones de dólares en la construcción de la cadena de noticias Al Jazeera, medio responsable de cambiar los conceptos de libertad de prensa en Oriente Medio y de posicionar al país en las naciones de habla inglesa a través de su filial Al Jazeera English, en donde Qatar ha logrado mejorar su imagen mostrándose como un país más liberal y moderado que sus vecinos de la región.

PAVIMENTANDO CON DÓLARES LA VÍA AL MUNDIAL

El Mundial de Fútbol es un pilar fundamental en el camino de la consolidación de Qatar como líder internacional y en particular como líder árabe. Sin embargo, desde el anuncio de Qatar como sede del Mundial del 2022, le han valido una serie de críticas en todo el mundo, no solo por el escándalo de corrupción que terminó con varios dirigentes deportivos de la FIFA tras las rejas, sino por la desfachatez de hacer un mundial de fútbol en un país que no contaba con las condiciones mínimas esperadas para realizarlo, y además por la astronómica cifra que el país había prometido invertir para llevarlo a cabo: 200.000 millones de dólares para un evento que dura un mes. El profesor Andrew Zimbalist, economista deportivo del Smith College en Massachusetts, calificó la escala de gasto de Qatar como “un acto de locura económica”.

Ese foco de atención sacó a la luz la situación de derechos humanos de los trabajadores migrantes y la discriminación de las mujeres, llevando al país anfitrión a tomar medidas para corregir esta situación. Sin embargo, algunos lo siguen viendo como un saludo a la bandera, ya que aún se presentan cifras alarmantes de explotación. Según estudios citados por Amnistía Internacional, en Qatar habrían muerto más de 6.500 trabajadores como consecuencia de la presión por llegar a tiempo con los compromisos adquiridos para el evento deportivo.

Aún está por verse cuál será la herencia que deje el Mundial en este pequeño país árabe, que más que recuperar la inversión pretende utilizar el encuentro como una estrategia de poder y supervivencia en medio de una región convulsionada. Esperemos también que cuando pase la fiebre mundialista, algunos de esos recuerdos sean los compromisos adquiridos para mejorar la vida de miles de inmigrantes, y que no siga campante el tan afamado sportwashing, concepto que se utiliza para describir cómo, a punta de patrocinios y plata en espectáculos deportivos, es posible lavar la imagen de cualquier injusticia o infamia.