17 de octubre del 2021
Foto | Cortesía de Netflix
5 de Julio de 2021
Por:
Julio César Guzmán

Iron Man resucita como productor


EL NOMBRE de Robert Downey Jr. siempre atrae todas las miradas. Su vida disipada, su actitud desafiante y sus méritos como actor convocan a una audiencia masiva para cual- quier proyecto en el que participa.


Luego del final de su historia como Iron Man, Downey Jr. busca nuevos horizontes, incluso en el campo de la producción. Su asociación con su propia esposa (Susan Downey) y otros inversionistas ha engendrado en Netflix un nuevo proyecto híbrido, como su protagonista: Sweet Tooth, el niño ciervo.


Es híbrido, porque es una mezcla de futuro distópico, reflexión sobre una pandemia y fábula de aventuras. De hecho, nació como un cómic escrito en 2009, cuando una epidemia mundial era apenas tema de los creadores de ciencia ficción.


La trama sigue la vida de Gus, un entrañable niño que nace mitad humano y mitad animal, luego  de que un virus de alcance global siembra el caos en la Tierra. El apocalipsis que genera esta enfermedad de rápido contagio hace que el padre de Gus busque un refugio en el bosque y luego de 10 años, el niño con orejas de venado debe salir a enfrentarse al mundo.


Las mejores escenas muestran a Gus tratando de llegar hasta donde su madre, en un trayecto en el cual conoce a un aliado improbable: un huraño y solitario gigante, llamado Jepperd, quien busca deshacerse de él a toda costa, pero termina enternecido por el carisma del niño. Hasta ahí todo funciona a la perfección: dos personajes opuestos, perfectamente definidos y que despiertan inmediata solidaridad, en una travesía peligrosa.


Pero la serie se enreda en disquisiciones de tiempo y lugar, rompiendo sus ejes temáticos con saltos abruptos que intentan ir más allá de la fantasía: la crueldad de la pandemia y las duras decisiones que demanda logran conmover, pero también confunden y por momentos distraen. En medio de la fábula, algún médico declara: “Llegó el momento en el que hay que decidir quién vive y quién no”.


Como es de esperarse en una superproducción, la factura de la imagen y el montaje son impecables, la fotografía de la agreste naturaleza es muy elaborada y los efectos especiales obligan a aguzar los sentidos, como le sucede al protagonista cuando utiliza su instinto animal. Pero el resultado es también híbrido: la ternura que derrocha el niño ciervo y la empatía que genera su relación con el gigante contrasta con las historias paralelas, duras, tristes y, por momentos, ajenas al argumento central.


Me atrevo a lanzar una hipótesis: el cómic funcionaba muy bien a todos los niveles, pero luego de la llegada de la COVID-19, se decidió forzar la historia para que fuera también una metáfora 
de la pandemia. Y el resultado es un niño irresistiblemente encantador, con unos cuernos horribles de realidad. Dos seres en uno que se repelen entre sí.


En cualquier caso, como le sucedía a Iron Man, los problemas se resuelven por el carácter de la estrella: Gus sale avante incluso frente a sus propios guionistas. La serie se deja ver y se disfruta, así algunas secuencias simplemente sobren.


Y aunque haya abandonado el traje de superhéroe, Downey Jr. cobra nueva vida detrás de cámaras y augura nuevos éxitos asociados a su nombre: su productora ya trabaja en tres nuevos títulos. Una resurrección prometedora
en estos tiempos... si es que antes no lo resucitan los
Avengers


*Publicado en la edición impresa de junio de 2021.