28 de octubre del 2021
 
[1] Autor desconocido De cambujo e india, nace tente en el aire 1774, óleo sobre lienzo, 75 x 54 cm © Museo de América, Madrid. Fotografía: Joaquín Otero Úbeda. cer.es (http://ceres.mcu.es), Ministerio de Cultura y Deporte, España. Esta pintura de castas representa la casa- tienda de un zapatero.
Septiembre de 2021
Por :
Diana Farley Rodríguez Muñoz*

El aprendizaje de oficios artesanales en Santafé durante la primera mitad del siglo XVII

 

 

Para inicios del siglo XVII, la ciudad de Santafé de Bogotá había alcanzado la configuración espacial e institucional que caracterizaba a las ciudades indianas. Santafé se proyectaba como el centro administrativo, jurídico y religioso del Nuevo Reino de Granada. En el proceso de desarrollo y construcción de la urbe, el trabajo de los artesanos fue fundamental para la construcción de calles, viviendas e iglesias. También lo fue para cubrir las necesidades básicas de la población y el abasto de los bienes de lujo. Desde mediados del XVI, siguiendo el modelo hispánico, se habían instalado en la ciudad los primeros talleres artesanales domésticos, denominados tiendas en aquel entonces. Allí los maestros y oficiales peninsulares iniciaron el proceso de enseñanza y reproducción de oficios vinculados a los diversos sectores productivos, tales como la producción de alimentos y textiles, la construcción y el trabajo de materiales como la madera, los metales y los cueros (imagen 1).  

 

 

 

 

No se tiene certeza de cuántos artesanos llegaron a Santafé desde España en el siglo XVI. No obstante, en los protocolos notariales, cuyo registro inició en 1556, se evidencia la presencia activa de artesanos de casi todos los sectores de producción. Un informe del administrador de mitayos, Francisco de Estrada, del año 1602 nos da una idea de los oficios que se habían desarrollado en la ciudad. Allí se enlistan los nombres de los artesanos de diez oficios a quienes se repartieron indios de servicio en dicho año. Los oficios y el número de artífices allí relacionados son los siguientes:

 

Oficio

Número de artesanos

Plateros

20

Sastres

17

Albañiles y Canteros

14

Carpinteros

14

Tejeros

12

Zapateros

12

Herreros

9

Sombrereros

7

Silleros

6

Espaderos

3

Total

114

Fuente: AGN, Colonia, Quinas, tomo 1, folios 728-741

Elaboración de la autora

 


[2] Ramón Torres Méndez (1809-1885)
Aprendiz de zapatero 
S.f, acuarela sobre papel, 25,7 x 16 cm
AP3011 © Colección de Arte del Banco de la República 

 
 


Sin embargo, a este listado habría que sumar otros oficios y artífices registrados en la documentación colonial de Santafé: pintores, doradores, lapidarios, cerrajeros, calceteros (fabricantes de calzas y medias), peineros (fabricantes de peines), cereros (fabricantes de velas), curtidores, zurradores, tintoreros, bataneros, sederos, cuchilleros, olleros, confiteros (fabricantes de dulces y confituras) y amasanderos. Así, para inicios del siglo XVII, la ciudad contaba con artífices de más de 25 oficios mecánicos quienes constituían un sector artesanal diversificado.

 

Desde el arribo de los primeros maestros y oficiales españoles, en la ciudad había iniciado el desarrollo de un sistema de trabajo artesanal que intentaba seguir el modelo hispánico-medieval caracterizado por la estructura jerárquica gremial: aprendiz/oficial/maestro. Sin embargo, este sistema solamente condujo a la conformación de gremios en la ciudad en la segunda mitad del siglo XVIII. Hubo algunas excepciones, como el gremio de los plateros que se había organizado con anterioridad e incluso ocupó un sector especifico de la ciudad.

 

La enseñanza de los oficios fue uno de los aspectos estructurados desde mediados del siglo XVI y que permitieron su desarrollo. Esto se corrobora desde 1557, cuando se registraron en Santafé los primeros conciertos de aprendizaje. Como sucede hoy en día, las escrituras formalizaban actos de la vida cotidiana de los individuos y les daban soporte legal. Los conciertos de aprendizaje formalizaban el que niños y jóvenes menores de edad (es decir, con menos de 25 años) se dedicaran al aprendizaje de un oficio artesanal que, a futuro, garantizara su sustento y el de su familia. Estos eran contratos libres celebrados entre los maestros artesanos y los representantes legales de los aprendices, que bien podían ser padres, familiares, tutores, curadores y criadores, el alcalde ordinario –en el caso de huérfanos e indígenas– y los amos –en el caso de menores esclavizados– (imagen 2).

 

En la primera mitad del siglo XVII se registraron en Santafé cerca de 250 conciertos de aprendizaje de distintos oficios, siendo los más representativos los sostenidos para transmitir los saberes de sastres, zapateros, sombrereros, plateros, carpinteros, albañiles y herreros. Estos evidencian que en las tiendas de oficios de la ciudad se educaron niños y jóvenes españoles, mestizos, indígenas, mulatos y esclavizados. Gracias a dichos documentos podemos conocer qué tipo de oficios se practicaron, las edades de los aprendices, su condición socioracial, el tiempo de enseñanza y bajo qué parámetros se desarrollaban los procesos de enseñanza. No obstante, la enseñanza de oficios también se realizó mediante acuerdos verbales que no siempre quedaron registrados en documentos.

 

 

[3] Concierto de aprendiz. Juana Hernández, india ladina, pone a su hijo, Baltasar, de diez años, como aprendiz de Cristóbal López, maestro herrero y cerrajero.
AGN. Notaria tercera, Volumen 36, Protocolo 1632-1633. Escribano Francisco Agudelo. Fol. 238v © Diana Farley Rodríguez 

 

 

 

Lo primero que evidencian los conciertos de aprendizaje es que los menores que entraban como aprendices de algún oficio eran alejados de sus familias, puesto que debían vivir con su maestro durante el tiempo que estipulara el contrato. Esto solamente no ocurría cuando los aprendices ya habían contraído matrimonio. En general, los aprendices ingresaban simultáneamente a un taller y a un nuevo hogar. En la tienda/taller, que solía estar ubicada en la planta baja de las viviendas, se desarrollaba la enseñanza y se producían y comercializaban los productos. Allí cada maestro solía trabajar con oficiales y tener uno o dos aprendices.

 

En las sociedades del Antiguo Régimen el aprendizaje se realizaba durante la pubertad, es decir entre los 14 y 25 años. Para el caso de Santafé se ha encontrado que este empezaba muy temprano y que el rango de las edades de los aprendices era bastante amplio: entre los 9 los 23 años. Sin embargo, son muy pocos los casos de aprendices de más de 19. En cuanto a los tiempos de enseñanza, los contratos también revelan un rango amplio: entre 1 y 8 años, siendo más recurrentes periodos de 3 y 4 años. La duración dependía de varios factores como el nivel de complejidad del oficio, la edad del aprendiz y la posesión o carencia de conocimientos previos. Para los aprendices más jóvenes los contratos tendían a ser más extensos y, en el caso de los aprendices que ya tenían conocimientos, más cortos.     

 

Un estudio sobre los conciertos de sastrería, zapatería y sombrerería revela que de 107 conciertos registrados entre 1600 y 1650, el 68% tenía un rango de duración de 2 a 4 años, el 28% entre 1 y 2 y un 4 % de 5 a 8[1]. En el caso de la platería, el tiempo fluctuaba entre los 3 y 8 años[2]. El aprendizaje de la albañilería tomaba alrededor de cuatro años, al igual que el de la herrería y la carpintería, aunque en este último oficio se registraron casos de mayor duración en contratos con ensambladores y talladores. Los pintores y doradores recibieron aprendices por tiempos que iban entre 2 y 4 años. En otros oficios como aquellos de los cereros, confiteros, barberos, peineros y cuchilleros encontramos también la tendencia a la enseñanza por periodos de 4 años (imagen 3).

 

Las obligaciones del maestro, estipuladas en los conciertos, incluían que, además de la enseñanza, este debía hacerse responsable de cubrir las necesidades básicas del aprendiz: vivienda, comida, vestido, cuidados y, en algunos casos, formarlo en la doctrina cristiana y la vida en policía (leyes, normas y prácticas para la vida en la ciudad) (imagen 4). En cuanto a la transmisión de conocimientos, existían disposiciones como “enseñar todo, sin encubrir nada”, “enseñar todo lo que supiere del oficio” y “enseñarlo hasta que quede oficial”. Se precisaba que no debía ocupar al aprendiz en otros asuntos y que no podía despedirlo. Finalmente, al terminar el contrato, el maestro debía entregarle un vestido y calzado nuevo y, en algunos casos, las herramientas básicas para ejercer su oficio.

 

Herramientas de algunos oficios entregadas por los maestros:

 

Sastres: tijeras, dedal y agujas.

Zapateros: alesnas, tranchetes, brocas, box y cedazos.

Plateros: limas, buriles, cinceles y martillejos de engastar.

Carpinteros: azuelas, junteras, cepillos, sierras de mano, escoplos, formones, barrenas y canaladores.

Silleros: Tijeras, alesnas, martillos, tenazas, azuelas, barrenas, escoplos (gurbios y llanos). 

 


[4] Manuel María Paz (1820-1902)
Barnizadores de Pasto 1853, acuarela sobre papel, 26 X 33 cm
F. C. Corográfica 79
© Biblioteca Nacional de Colombia 


En las ciudades en las que se desarrollaron gremios y ordenanzas de oficios, una vez terminado el proceso de enseñanza los aprendices debían realizar un examen para obtener el título de oficial. Pero, dada la ausencia de estos documentos en la ciudad de Santafé, es muy probable que la promoción y aprobación quedara en manos del maestro. Por su parte, la principal obligación de los representantes del aprendiz era garantizar que este no se ausentara ni huyera de la casa del maestro. Si lo hacía debían buscarlo y regresarlo para que terminara de cumplir el contrato. Es importante indicar que, salvo algunas excepciones, la familia o representantes del menor no pagaban al maestro por la enseñanza y el aprendiz tampoco recibía pago.

 

Otro aspecto que revelan los conciertos es que, por lo menos para los procesos de enseñanza, no había restricciones de acceso. Esto conllevó a que en Santafé el artesanado estuviera compuesto por artífices de diversas condiciones socioraciales. De hecho, la documentación registra indios ladinos que alcanzaron el título de maestros, tuvieron tiendas públicas y desarrollaron labores de enseñanza del oficio, como fue el caso del sastre Diego Hernández[3]. Aprendices indígenas y mulatos se vincularon a oficios artísticos, como Pascual de la Cruz, hijo del indio ladino Salvador Vaquira, quien en 1639 ingresó como aprendiz del pintor Francisco Sánchez Cueto[4]. Asimismo, el ensamblador y tallador español Ignacio García de Ascucha recibió como aprendices a Bernabé, hijo de una mulata libre[5] y a niños huérfanos. Igualmente, aunque con menos frecuencia, se hallan testimonios del aprendizaje de esclavizados que fueron concertados por sus amos con sastres, zapateros y plateros. Así, por ejemplo, Ana de Aguilar, vecina de Santafé, puso a dos de sus esclavos como aprendices: en 1629 asentó a José como aprendiz de Juan de Campos, maestro sastre[6] y tres años después puso a Antonio como aprendiz de Bartolomé Rodríguez, maestro zapatero[7].   

 

Podría decirse que, durante los siglos XVI y XVII, en Santafé el trabajo artesanal fue más flexible que en otras ciudades, como Lima y México, en las que, además de gremios, se desarrolló un corpus de ordenanzas que regularon el ejercicio de los oficios y establecieron restricciones para su acceso. Así, en Santafé, el control y regulación del trabajo artesanal parece haber recaído en el cabildo. No obstante, dado que en la ciudad residía la Real Audiencia ésta también tuvo injerencia en estos asuntos, sobre todo en la resolución de pleitos que involucraban a los artesanos.

 

Otro aspecto destacable es que la transmisión familiar de los oficios también fue flexible: no siempre los hijos heredaban o aprendían el oficio de sus padres. Se han encontrado contratos en los que maestros artesanos asentaron a sus hijos como aprendices de otros oficios. Por ejemplo, Pedro Sotelo, platero de oro, puso a su hijo como aprendiz de sastrería, y Alonso Hernández, maestro albañil, asentó a su hijo como aprendiz de sombrerero[8].

 

Los conciertos de aprendizaje son una valiosa fuente para la historia del trabajo, la educación, la infancia y la vida cotidiana en el periodo colonial. Nos permiten vislumbrar el sistema de trasmisión de saberes y técnicas, en el caso de los oficios mecánicos o artesanales, a la vez que nos permiten comprender las funciones que cumplía la enseñanza de oficios dentro del orden colonial.

 

 

* Historiadora, magíster en Historia.

Bibliografía:

[1] Diana Farley Rodríguez, “El trabajo artesanal en Santafé durante la primera mitad del siglo XVII: sastres, zapateros y sombrereros” (tesis de maestría, Universidad de los Andes, 2015).
2 Diana Farley Rodríguez, “Aprendizaje de la platería en Santafé durante el siglo XVII”, en Esplendor Barroco en el Nuevo Reino de Granada (Bogotá, Banco de la República, 2019), 17.
3 AGN, Notarías,  Notaría 1, vol. 39II, caja 1, carpeta 1, año 1626, folio 352v [foliación original].
4 AGN. Notarías. Notaría 1, vol. 44B, año 1639, folios 54r-54v.
5 AGN. Notarías. Notaría 2, vol. 20, año 1618, folios 16R-17r [foliación en sello].
6 AGN, Notaría 2, tomo 49, año 1629, f. 209r
7
AGN. Notaria 3, tomo 35, año 1632, folio 16.
8 Rodríguez, El trabajo artesanal en Santafé, 87