30 de noviembre del 2022

La bruma contra el olvido

En 2009, la artista bumanguesa intervino los columbarios del Cementerio Central con su obra Auras Anónimas. Lo hizo con 8.957 serigrafías con la silueta de hombres cargando cadáveres. Estas fosas, sin restos humanos pero con cuerpos de memoria viva, se mantienen firmes tras 60 años de haber sido construidas, e incluso después sobrevivir a varios intentos por derribarlas. Hoy, de hecho, se encuentran protegidas bajo la figura de Bien de Interés Cultural de Bogotá.

A principios de este año, la artista Doris Salcedo invitó a Beatriz González a exhibir en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria cerca de 900 lápidas de Auras Anónimas, pero por dificultades de traslado y conservación fue imposible. Sin embargo, con el deseo de extender las siluetas simbólicas a este lugar, la maestra creó A posteriori, una intervención donde seis de los ocho dibujos originales se repiten en pinturas de papel de colgadura con tonos envejecidos por el tiempo. El arco de las lápidas enmarca las imágenes de los cargueros que continúan su marcha fúnebre por la sala principal del lugar. 

A esta gran instalación se le suman más de 20 pinturas recientes y seis libretas de dibujo de la artista. Todos estos elementos de memoria conforman BRUMA, una exposición que “es una imagen ‘prerretiniana’ en la que Beatriz González cuenta, desde adentro, con una iconografía que ha interiorizado tanto que ya no corresponde a una representación, sino a una encriptación de la memoria”, explica María Belén Sáez de Ibarra, curadora de la muestra. “Esto hace que estas pinturas sean eternas”.

“Aquí se retoma la intención que tiene mi obra, que es la repetición, porque en Colombia hay que insistir mucho en ciertas frases, en ciertos pensamientos; es una insistencia en la situación del país, en que no se repita más”, señaló Beatriz González a los medios de comunicación cuando la muestra fue inaugurada.

Las capas y capas de pintura que se observan en sus obras son el reflejo de una memoria cubierta por la bruma, y esta, a su vez, es una metáfora de lo desconocido en torno al conflicto armado colombiano: tantas historias humanas, tantos nombres, tanta verdad. A sus 89 años, la artista, con plena lucidez, se encarga de recordarnos que los hechos traumáticos nunca son claros y que los cuerpos atravesados por la guerra tienen huellas incomprensibles e irreversibles. Huellas perpetuas sin alas de olvido.

 Fotos Andrea Moreno / Fotos obras: cortesía Museo Nacional de Colombia. 

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