12 de agosto del 2020

colombia

UNO DE los mayores temores que provocó la decisión de la Corte Constitucional en junio pasado de levantar la prohibición absoluta de consumir sustancias psicoactivas en espacios públicos (en sentido estricto, desde un café hasta una papeleta de basuco) es que esa permisividad induzca al consumo masivo y recurrente, dé mal ejemplo a los menores y derive en caos social ante la idea de que los consumidores se vuelvan delincuentes.
Reconocido por su disciplina, este barranquillero se ha convertido en uno de los nuevos talentos de la música urbana con mayor proyección de la época. Su más reciente lanzamiento llega bajo el sello Neon16, la incubadora de talentos que ha tomado la dirección de su carrera musical, y la compañía musical Interscope. 
 
 
ES TENTADOR escribir únicamente sobre lo bello, porque de eso hay mucho. Por ejemplo, acerca del combo naranja de gallinas que corretea detrás de Alejandro, el menor de los hijos de Nubia. Todos los días, plumas y botas de caucho vuelan por este pedacito empinado de montaña, como anunciando un carnaval. Y, frecuentemente, los ‘carrerones’ del niño terminan a los pies de su madre, quien abre sus brazos y se engancha en tal sincronía con él que parecen uno solo.
 

Sin los objetos las sociedades no podrían alimentarse, comunicarse, entretenerse, expresar sus impulsos creativos, etc. Si bien generalmente hacen parte de la escenografía de nuestra existencia sin que les prestemos necesariamente mucha atención, la importancia de algunos de ellos se evidencia en situaciones particulares. Solo imaginemos tratar de clavar una puntilla sin un martillo o el desasosiego experimentado al constatar que dejamos el celular en casa.

CUALQUIERA pensaría que un enemigo común a todos los seres humanos –uno de la talla de una pandemia– sería suficiente para calmar los fervores ideológicos de las sociedades polarizadas y, con ello, unir a la especie en torno a su bienestar. Pero no: la COVID-19 está lejos de producir ese consenso.
NO CONOCÍA el cine. Nunca se había parado frente a una cámara. Aun así, Antonio Bolívar estuvo a punto de ganar un Óscar al encarnar a Karamakate, un poderoso chamán que guio al etnobotánico
EN EL imaginario colectivo que ha creado el cine a lo largo de su historia, asociamos la figura del vaquero con aquel hombre que, montado en su caballo, recorre unas llanuras inmensas. Su figura se ve a lo lejos, cerca del ocaso, con un sol que, como telón de fondo, brilla con fulgor. Jinete y caballo avanzan desafiantes hacia una cita, como en el viejo western. A la hora señalada, deberán saldar una deuda o cobrar venganza.

Además de los episodios que dieron notoriedad a la isla durante las expediciones  de Pizarro y Almagro en el Pacífico, su nombre volvió a estar en primer plano en el siglo XVII, cuando fue usado para designar un poblado costero creado por españoles: la ciudad - puerto de Santa Bárbara de la Isla del Gallo, fundada en 1631. 

 

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