11 de agosto del 2020

Universidad de Los Andes

CUALQUIERA pensaría que un enemigo común a todos los seres humanos –uno de la talla de una pandemia– sería suficiente para calmar los fervores ideológicos de las sociedades polarizadas y, con ello, unir a la especie en torno a su bienestar. Pero no: la COVID-19 está lejos de producir ese consenso.