Selección femenina de fútbol

CUANTO MÁS se aproximaba el bus al estadio de La Serena, al noroeste de Santiago, Vanessa sentía que el temblor de su cuerpo empeoraba. Lograba camuflar su ansiedad ante sus compañeras de equipo –muchas con mayor experiencia que ella en la cancha–, pero ni el sudor de sus manos ni la tensión en su estómago mentían. ¿Y cómo no entenderla? nadie en el mundo está tan sereno a punto de salir a un estadio –los estadios de fútbol, esas catedrales de nuestro tiempo– a debutar con la Selección Colombia.