21 de octubre del 2019

Herencia de Timbiquí

SON DOCE los hombres encargados de este acto en el que la magia cobra vida. En la garganta de William Angulo, por ejemplo, retumban los cantares que el Pacífico le entrega al mundo. La poesía se vuelve música en las letras de Begner Vázquez, a la vez que Etiel Alegría hace que retumbe un bombo disciplinado. Pablo Mancilla, el ‘rey del cununo’, lleva el golpe de la melodía, a la vez que las manos de Enrique Riascos le ‘sacan’ romanticismo a la marimba. Julio Mancilla hace que la batería cante, mientras que el teclado de Carlos Galvez apela a la calma.