19 de septiembre del 2020

DANE

UNO DE los mayores temores que provocó la decisión de la Corte Constitucional en junio pasado de levantar la prohibición absoluta de consumir sustancias psicoactivas en espacios públicos (en sentido estricto, desde un café hasta una papeleta de basuco) es que esa permisividad induzca al consumo masivo y recurrente, dé mal ejemplo a los menores y derive en caos social ante la idea de que los consumidores se vuelvan delincuentes.

¿Cómo funciona?