12 de diciembre del 2019

Met Ópera

Por primera vez en la historia del Metropolitan Ópera de Nueva York, llega a sus salas la ópera del compositor estadounidense Philip Glass, Akenatón. Una obra inspirada en el ambicioso faraón que impuso, en el antiguo Egipto, el culto monteísta en torno del dios Atón, en reemplazo de las númerosas de las numerosas deidades que adoraba tradicionalmente la nación.

La ópera más popular de Rossini es originalmente una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto en italiano de Cesare Sterbini. Fue una de las primeras óperas italianas representadas en los Estados Unidos de América, estrenándose en el Park Theater de Nueva York el 29 de noviembre de 1825. Se caracteriza por su música chispeante, su ingenio inagotable y su impulso rítmico irresistible.

La muestra de drama realista fue estrenada por Francesco Cilea (1902) y se inspiró en la vida de una de las actrices francesas más famosas del siglo XVIII: Adriana Lecouvreur. El relato evidencia la desdichada relación amorosa entre la protagonista y el héroe de guerra Mauricio de Sajonia.

 

La Traviata es una de las creaciones más populares de Verdi, que pone en escena a Violeta, un admirado personaje del mundo de la ópera. Esta muestra con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Francesco Maria Piave, está basada en la vida de una famosa cortesana de París que se enamora perdidamente de Alfredo, un caballero de la alta sociedad italiana de la época.

 

El sábado 1 de diciembre a las 12m. será la transmisión en vivo desde la Metropolitana de Nueva York de La flauta mágica, una reconocida ópera del compositor y pianista Wolfgang Amadeus Mozart. Esta obra será presentada en una versión más corta y adaptada al inglés por J. D. McClatchy. 

 

Esta ópera cuenta la historia una mujer que padece serios trastornos mentales, asume diversas personalidades y ha llevado una vida envuelta entre robos y mentiras. Con 18 solistas y una gran orquesta -incluyendo piano, celesta, trompeta piccolo y percusión- Marnie se consolida como uno de los mejores trabajos de Nico Muhly, uno de los compositores más exitosos de su generación, graduado de Juilliard School y cultor de un lenguaje ecléctico, que no evade los guiños al pop.