Juan Esteban Costaín

“Lo que vino luego nadie lo habría imaginado; sólo Dios que gusta jugar con los dados y los naipes. Los florentinos se hundieron en el desespero y en la deshonra, y se enfrentaban entre sí con más vehemencia que cuando cruzaban a los españoles, los cuales iban silenciosos y fatales, haciendo lo suyo que nada tenían que perder. Y ese aire de la plaza estaba también entre la gente, y en la mirada sombría del Malatesta.