23 de agosto del 2019

Receta

Muchos colombianos han sido testigos de la tendencia de reincorporar las papas nativas a las cocinas de algunos restaurantes del país. Este trabajo se viene realizando desde hace más de 10 años, involucrando a campesinos, cocineros, investigadores, estudiantes y diferentes grupos y entidades no gubernamentales, que ven en este producto, insignia de nuestras tierras, una alternativa para mejorar las condiciones de seguridad alimentaria y revalorizar la agrobiodiversidad para contribuir a su conservación.

 

Antes de la llegada de Sebastián de Belalcázar, en 1538, la región tolimense estaba poblada por tribus de origen Caribe a quienes los españoles llamaban ‘pijaos’. Incluían tribus como putimaes, yalcones, guarinoes, pantágoras y marquetones. En el territorio entre Anserma, Toche, Cocora e Ibagué se encontraban descendientes de los quimbayas, quienes se diferenciaban de los ‘pijaos’ por sus rasgos asiáticos, su corpulencia, sus colas de caballo y su actitud de guerreros: eran entrenados desde muy jóvenes en el manejo de armas.

 

Pocas veces nos detenemos a pensar de dónde provienen los alimentos que consumimos. Lo usual es preocuparnos por los contenidos calóricos, las harinas, el gluten, el contenido graso, la fibra y los mil y un cuentos más que los medios pregonan sobre las frutas, proteínas y verduras que normalmente encontramos en el mercado. No pensamos en averiguar el origen de los productos, el entorno social donde se cultivan, la mano campesina que los recoge, los cuida y los lleva hasta el consumidor final.