13 de diciembre del 2018

Series

La serie estadounidense de drama criminológico envolverá a los fanáticos en una nueva historia que los dejará atónitos.

Por décadas, la televisión colombiana ha mirado hacia Estados Unidos como el lugar de los modelos ideales de producción, y tratado de parecérsele en sus formas y contenidos. En particular, desde que aparecieron cadenas como HBO, que se convirtieron en ‘el nuevo cine’, el espacio que acogió a los realizadores más talentosos de Hollywood con ganas de experimentar.

 

En la versión de Netflix a la que se tiene acceso desde Colombia, el contenido de películas es realmente pobre. La sección de “Clásicos” es particularmente flaca, y también lo es la de películas producidas en el último par de décadas. La cartelera de Netflix en Colombia está llena de comedias y filmes de terror de tercer nivel, y la diferencia de contenidos con respecto a Norteamérica es realmente apabullante.

En las recién pasadas vacaciones traté de ver algunas de las nuevas series de Netflix. De la mayoría no pasé del primer episodio y, aunque sé que la parte no es suficiente para juzgar el todo, tal vez la primera entrega sí sea suficiente para descartar un producto que aspira a enganchar a sus consumidores. No pude con los diálogos acartonados de Mind Hunters ni con su pretenciosidad previsible. La serie francesa La Mantis tiene un guion inverosímil, y giros argumentales a la vez torpes y traídos de los cabellos.

Si el monarca contiene a todos los súbditos de una monarquía, el concepto se vuelve más interesante cuando el monarca es una mujer, que no solo contiene por ser reina, sino por la particularidad de su sexo. Si el monarca es, además, ejemplo y parangón para todos sus súbditos, el concepto se vuelve más interesante cuando el monarca es una mujer ─y no especialmente maternal─ en una sociedad patriarcal.

Tal vez nadie entienda muy bien cuáles son las pretensiones ni cuál es la peculiaridad de los hipsters. Sin embargo, todo el público parece reconocer el calificativo, y casi todos los que parecen corresponder a él lo niegan. Los hipsters no tienen una agenda política concreta, ni una filosofía ni una ideología, que se sepa, pero sí tienen una apariencia distinguible. Son vagamente liberales, vagamente artísticos; se visten con una moda sarcástica, con la que evocan aquellos lugares donde no están: otra época y un entorno rural.

En este año de nuestro desengaño con respecto a la democracia, ha sido oportuno el lanzamiento de The Crown (Netflix), una serie que tiene un cariz tan ensayístico como dramático. The Crown cuenta la historia del reinado de Isabel II de Inglaterra y de la familia Windsor, pero sobre todo se ocupa de mostrar en qué consiste la monarquía. Su primera temporada, de diez episodios, relata acontecimientos de entre 1947 y 1955; va desde el matrimonio de Isabel hasta la decisión sobre el compromiso matrimonial de su hermana Margarita.

Acaba de estrenarse en Netflix la nueva temporada de Black Mirror, con más episodios que las dos anteriores; son seis en esta tercera entrega, aunque no sé si sea correcto el término “episodios”, ya que cada uno está hecho como una película singular, con sus propios actores y una trama independiente.

Parece que una gran parte de la televisión que vemos apela a nuestro deseo de saber quiénes son las mujeres jóvenes y nos dice, una y otra vez, que las respuestas que buscamos –o las preguntas que queremos hacer al respecto– se encuentran en la muerte violenta de la mujer joven.

Es común que una generación que ha vivido un gran cambio político represente los miedos de la generación anterior (de 30 años antes, aproximadamente) en obras que se construyen desde el punto de vista de los niños. Es natural y honesto que así sea, por la obvia razón de que los autores de las obras que tratan sobre la generación anterior fueron niños durante el período que quieren representar.