12 de noviembre del 2019

Rafael Baena

 

La combinación de elementos de ficción y relatos autobiográficos ponen en evidencia la experiencia de los últimos años Baena conectado a una máquina de oxígeno. A través de Marcelo, un editor que enfrenta una grave afección pulmonar, el autor reflexiona sobre la razón de sus actos pasados, la sensación del doloroso desarrollo de su enfermedad y la cotidianidad de sus últimos días rodeado de su familia y amigos.

 

Cuando en 1863 el soldado Timothy O’Sullivan y otros fotógrafos hoy olvidados recorrieron el campo después de la batalla para documentar el horror de Gettysburg en negativos de gelatina, los relatos orales de los veteranos y los bocetos de los dibujantes perdieron valor frente a la crudeza capturada por las cámaras. Desde entonces hasta hoy, cuando en cuestión de minutos la interacción entre medios masivos y redes sociales potencian de manera exponencial el contenido de una imagen, casi nadie duda del impacto de la fotografía periodística sobre el público.

Rafael Baena quería tomar fotografías, pero entonces lo ponían a escribir. Rafa quería escribir, pero entonces lo ponían a tomar fotografías. Él mismo a veces discutía (con los demás y consigo mismo) sobre el oficio: ¿fotógrafo o periodista?

¿Qué tanto lo inspiró la biografía de Silva, escrita por Enrique Santos Molano?