14 de noviembre del 2019

Toros

Nací en una familia de arquitectos. Papá, mamá y mis hermanos decidieron hacer maquetas, pero yo quise ser torero. Mi papá era un arquitecto que habría querido ser torero. Estaba en cuerpo ajeno.

 

Sevilla (España), corre la década de los veinte y en los ruedos se erige como uno de los mejores el matador Antonio Villalta. El público abarrota las plazas para verle torear y la vida y la fortuna le sonríen, incluso el amor, ya que está relacionado con una cantaora de flamenco que esta próxima a darle su primer hijo; desde los tendidos, ella le acompaña y le vitorea.