22 de febrero del 2020

Seguridad

EN LAS NOCHES del 21, 22 y 23 de noviembre, el presidente Iván Duque no fue el único que poco durmió, o que lo hizo con un ojo abierto. En su orilla, la angustia era de carácter político: a él y a su gabinete se les había ‘encaramado’ en un par de tardes –y a fuerza de multitudes y arengas, de pedradas y disparos con trágicos destinos– la mayor crisis que ha tenido que enfrentar desde que llegó a la Casa de Nariño.

Primero vino el favor. El FBI le pidió amablemente a Apple que le permitiera acceder al iPhone de Syed Rizwan Farook, culpable de la muerte de 14 personas y de herir a otros 17 en San Bernardino, California, en diciembre de 2015. Apple respondió que se le salía de las manos ayudar en esta ocasión, pues no contaba con la clave de acceso del teléfono de Farook.

Llorando, una adolescente le contaba a su padre que su novio había cambiado el estatus en Facebook, había suprimido buena parte de las fotos de Instagram y hasta la había dejado de seguir en Twitter. El padre, inmutado, aunque había escuchado hablar de las redes sociales, no entendía la magnitud de la situación y por qué afectaba tanto a la muchacha. Era el momento que él tanto esperaba para tener una conversación íntima con su hija y compartir sus sabios consejos de padre. El resultado… catastrófico.