12 de noviembre del 2019

Mario Alcalá

Juego de tronos

Desde que tuvo uso de razón, se mostró como un visionario, el tipo de personas que siempre va más allá, a las cuales la idea de cambiar al mundo no las asusta, por el contrario, las empuja a derribar obstáculos, a romper moldes, a cambiar el orden, y no con una motivación de índole económica, solo con el más puro deseo de dejar su huella en la historia de la humanidad. 

Sevilla (España), corre la década de los veinte y en los ruedos se erige como uno de los mejores el matador Antonio Villalta. El público abarrota las plazas para verle torear y la vida y la fortuna le sonríen, incluso el amor, ya que está relacionado con una cantaora de flamenco que esta próxima a darle su primer hijo; desde los tendidos, ella le acompaña y le vitorea.

Cuando se encuentra en su hogar, revisando los trabajos de sus estudiantes, expresa su recurrente decepción acerca de la pobreza narrativa que encuentra en cada uno de los manuscritos. Quien escucha sus quejas es Jeanne, su esposa, una mujer madura y sensual que se dedica al arte. Pero cuando Germain se detiene a analizar la tarea de Claude, uno de los alumnos, se siente intrigado por la calidad de la escritura.