Arquitectura

En este libro se  propone una manera especial de conocer la arquitectura a través de conjuntos temáticos que dan cuenta de aspectos generales y específicos de períodos, obras y autores, que muestran cómo la arquitectura se ha desarrollado en el territorio colombiano, desde el período prehispánico hasta el presente.

 

Entre las arquitecturas construidas por los indígenas americanos, la de los koguis es una de las más pulcramente preservadas a través de saberes ancestrales no permeados por influencias externas. Aunque poco conocida, esta arquitectura es una prueba de que la materialidad de lo construido es apenas una de las facetas de su esencia y que, en este caso, garantiza además la transmisión generacional de las creencias.

El maestro Pedro Nel Gómez es más conocido como pintor, muralista y escultor que como arquitecto. Esto quizá se debe a que no dejó una obra construida muy numerosa. Pero al menos dos de sus obras son reconocidas por sus cualidades arquitectónicas: la sede de la Facultad Nacional de Minas de la Universidad Nacional y su casa, ambas en la ciudad de Medellín.

 

La enseñanza universitaria en Colombia, desde sus inicios, ha requerido edificios especiales, adecuados para sus actividades. Ya se ha visto cómo los edificios conventuales del período colonial alojaron las universidades y colegios establecidos por las comunidades religiosas en el territorio del Nuevo Reino de Granada. Con esos antecedentes puede afirmarse que los edificios universitarios cuentan con una larga y distinguida tradición en el país.

Leopoldo Friedrich Rother nació en Breslau, Alemania, en 1894; estudió arquitectura en esa ciudad y luego en Charlottenburg donde se graduó en 1925. La primera etapa de su actividad profesional se desarrolló en Berlín entre 1920 y 1923 y luego en Münster hasta 1925. Entre 1926 y 1930 trabajó en la localidad de Clausthall-Zellerfeld donde realizó varios proyectos de edificios universitarios. Entre 1930 y 1935 recibió encargos en Berlín y en Brandenburg.

En la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX llegaron a Colombia algunos arquitectos provenientes de Europa o de los Estados Unidos. El arquitecto italiano Pietro Cantini fue uno de ellos. Sus datos biográficos aparecen en el libro escrito por su nieto, el médico Jorge Ernesto Cantini Ardila en el que, afortunadamente, se da cuenta de su vida y de su obra en Bogotá y alrededores[1].

La historia de las fortificaciones de Cartagena de Indias y de su bahía es bastante dilatada en el tiempo y en su desarrollo participaron numerosos expertos de diferentes nacionalidades enviados por la Corona española. Sobre esta historia hay numerosos documentos en los que se ha detallado el proceso y se han destacado quienes dejaron una huella más profunda en la ciudad amurallada. El ingeniero militar Antonio de Arévalo es uno de ellos.

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la década de los cincuenta, se caracterizaron por el deseo colectivo de “ser modernos”. Bogotá, como otras ciudades del país, tendría avances importantes en cuanto a desarrollos en infraestructura.

Los nuevos barrios que comenzaron a surgir en Bogotá a partir de los inicios del siglo XX evidencian la necesidad de progreso, cuando la ciudad tuvo que superar los límites que la estrechaban y le causaban infinidad de problemas, especialmente debidos a la densidad habitacional y las condiciones críticas de salubridad que la afectaban.