17 de octubre del 2019

Guerra

La muerte de su padre le hizo reflexionar sobre la familia. Dice que descubrió que la suya, como todas, era disfuncional. Y aclara que esto, lejos del imaginario colectivo, no es negativo sino que es casi un culto al caos. A sus 51 años, Víctor de Currea-Lugo afirma que esa suerte de ‘micro caos’ que vivió en su infancia le dejó muchas cosas. Que su madre le enseñó el valor del silencio y, también, a leer y a escribir. Y que de su padre aprendió a decir las cosas. A conversar, a hablar en público.

 

Un adolescente que se convierte en Youtuber, ama el fútbol y espera poder disfrutar del Mundial de Rusia no parece tener nada de particular. Muchos jóvenes de todo el planeta inundan la plataforma de videos con historias cotidianas, así como otros tantos compran la camiseta de su equipo y cientos de ‘monas’ para completar su álbum. Pero la cotidianidad de Muhammad Najem hace que sus historias y aspiraciones sean diferentes. “Quiero contarte –dice en uno de sus videos– sobre mi amor por el fútbol. Espero ver la Copa del Mundo, pero no puedo ni imaginarlo.

Ante los asistentes a la conferencia de la organización One Young World en 2014, Yeonmi Park definió a su país, Corea del Norte, como un lugar difícil de imaginar. Dijo que solo hay un canal de televisión, que no hay internet y que sus habitantes no son libres de ver, pensar o vestir lo que quieran. Contó que allí se han ejecutado personas por hacer llamadas internacionales no autorizadas y que no hay libros, reportajes, canciones o películas sobre historias de amor. “No existe Romeo y Julieta. Todas las historias son propaganda para promover a los dictadores Kim”.

En 1972, una serie de la televisión estadounidense causó gran impacto en la teleaudiencia mundial. M*A*S*H* cuenta la historia de un hospital militar que atiende a los heridos de las tropas de los Estados Unidos y de la ONU que combaten en la defensa de Corea del Sur, atacada por los ejércitos de Corea del Norte. Pero la serie, una de las comedias televisivas más famosas y celebradas, no es apologética de la lucha contra el comunismo, sino crítica de la estupidez y de los horrores de la guerra.

El debate político ha comenzado a girar sobre las posibilidades de progreso y bienestar que la paz abrirá a Colombia. Más allá de que semejante discusión tiene algo de temerario cuando ni siquiera se han sentado a la mesa los negociadores, lo cierto es que los planteamientos sobre el futuro del país después de la desmovilización de la guerrilla han estado dominados más por los buenos deseos que por una evaluación cuidadosa del escenario que crearía la disolución del grupo armado.

Vino al país por primera vez en 1964. Pécaut, sociólogo y filósofo, por aquellos días empezaba a interesarse por la complejidad de la violencia colombiana. Qué iba a imaginar que aquel tema lo ataría por siempre a nuestro país. “Desde esa fecha casi no paso un año sin que regrese a Colombia por una duración variable”, asegura. Entre sus obras sobresalen Orden y violencia en Colombia y Guerra contra la sociedad.