23 de septiembre del 2019
Foto Cortesía | Canal RCN
22 de Febrero de 2017
Por:
Catalina Barrera

El próximo 4 de marzo Carlos ‘El Gordo’ Benjumea, una de las leyendas de la televisión, será galardonado con el premio “Víctor Nieto a toda una vida”. Hablamos con él sobre esa vida que ha llevado por más de 60 años.

“A mí, 'El taxista millonario' no es que me enloquezca”: Carlos Benjumea

Se ríe y luego hace una pausa antes de responder. ‘El Gordo’ Benjumea es meticuloso con sus palabras. Intenta escoger las adecuadas al recordar cada segundo de los miles que lo convirtieron en uno de los comediantes más queridos de Colombia.

 

Protagonizó nada menos que El taxista millonario (1979), el primer súper taquillazo de la historia del cine colombiano; participó en Yo y Tú, la gran leyenda de la comedia televisada; y conformó con Fernando González-Pacheco la dupla de presentadores más populares de la televisión.

 

¿Qué tanto ha cambiado el humor desde El taxista millonario hasta El paseo 4?

 

Es difícil para mí calificar donde yo no he estado porque puede uno pecar de egoísmo o de envidia. Lo único que podría decir es que a mí El taxista millonario no es que me enloquezca, que me guste mucho, pero el manejo del humor es cada vez más complejo y es cada vez más importante poder llegar a la gente. 

 

A sus 16 años se inscribió, a escondidas de su familia, en la Escuela Nacional de Arte Dramático, ¿cómo descubrió que quería ser actor?

 

Yo no lo descubrí, a mí me gustaba y nunca supe por qué. 

 

¿Cuándo se dio cuenta de que su fuerte era el humor?

 

No me di cuenta, creo que se dio cuenta la gente en la medida en la que yo iba trabajando y ellos se iban divirtiendo con lo que hacía. Lo primero que hacíamos era comedias, para atraer gente a las salas, entonces fui descubriendo esa faceta y me di cuenta de que era muy difícil porque el que hace humor prácticamente hace de todo.

 

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Como El taxista millonario, usted hizo El inmigrante latino y otras cuatro producciones bajo la dirección de Gustavo Nieto Roa. ¿Cómo Nieto Roa le ayudó a madurar en la comedia?

 

Gustavo confió en lo que yo estaba haciendo y me dio mucha libertad a la hora de hacer mi trabajo. Eso creo que fue lo que más me marcó. 

 

¿Es diferente el humor en el cine, el teatro y la televisión?

 

El humor es uno solo, lo que cambia es la manera de interpretarlo. Es muy difícil clasificar cuál es mejor. Es como cuando a uno le preguntan “¿quién es mejor, su exmujer, su mujer, su novia o su amante?” Todas son diferentes pero todas son maravillosas.

 

Si tuviera que escoger el humor en una sola plataforma, entre televisión, cine y teatro, ¿cuál escogería?

 

Difícil de contestar. Me gustan todas, cada una tiene una faceta distinta. A mí el teatro me gusta mucho porque es la comunión permanente con el público, es donde tú tienes la respuesta o de la risa o de la desaprobación. Es la más difícil de hacer pero no indica que las otras no lo sean. Con la televisión y el cine uno va más a la adivinanza porque no sabe qué reacción tiene el público hasta que el producto está hecho.

 

En varias entrevistas usted ha dicho que le gusta la poesía, ¿pueden el humor y la poesía ir juntos de alguna manera?

 

Sí, claro. Yo he hecho obras en verso, de humor político colombiano. Hice Romeo y Julieta y Juan Tenorio. No es fácil pero es muy agradable.

 

Uno de sus grandes éxitos fue Casimiro en Yo y tú, que era poeta. ¿Cómo esta comedia costumbrista cambió su vida actoral?

 

Para mí Yo y tú significó una de las más maravillosas escuelas que he tenido en mi vida. Alicia del Carpio, de quien todo el mundo habló muy mal, era una gran profesional, una gran conocedora del humor televisivo y una empresaria increíble. Era una mujer muy extraña, una mujer española educada en Alemania que hizo que nadie sospechara que ella no era bogotana.

 

¿Cómo cree que Del Carpio pudo tener esa visión de Bogotá?

 

Ella llegó a Colombia a hacer un programa que se llamaba El mundo de los libros. La trajo Fernando Gómez Agudelo para hacer los primeros trabajos de televisión. Del Carpio, Gómez y Marta Traba eran como los bastiones de la televisión. Yo no sé si ella (Alicia) lo sabía hacer, pero era una mujer muy culta y una de las cosas que siempre planteaba era que la base del humor es una gran cultura porque el humor es crítico. Con ella aprendí mucho, indudablemente.

 

 

¿Su vida personal es como el humor que le imprime a sus comedias?

 

Ojalá sea así (risas).

 

¿Qué le ha permitido el humor que no le hubiera permitido otro género dramático?

 

Divertirme mucho, gozar mucho, trabajar mucho.

 

Ha trabajado con directores como Nieto Roa y Sergio Cabrera. ¿Hay alguno en particular con el que prefiera trabajar a la hora de hacer comedia?

 

Yo creo que sí, pero no lo tengo tan presente para poderlo nombrar en este momento. Pero indudablemente cada uno tenía un estilo y una manera de hacer las cosas. Por ejemplo, Sergio Cabrera me parece un tipo de una meticulosidad y un cuidado impresionantes. Él hace una película como hacer una carpeta en punto de croché, punto a punto, hilvanando hilo a hilo. Gustavo Roa es un poco más libre.

 

¿A qué actor o actores colombianos admiraba cuando empezó a actuar?

 

A Hugo Pérez, me parecía maravilloso.

 

¿Admira a algún actor contemporáneo que se dedique a hacer comedia?

 

Ernesto Benjumea, no porque sea mi hijo, es una condición, pero no es la razón por la cual yo lo admiro. Me parece muy buen actor.

 

Conociendo la situación de los actores en Colombia, ¿cuál fue su opinión cuando se enteró de que sus hijos querían seguir el mismo oficio que usted?

 

Sabiendo el respeto que existe por el actor en Colombia, yo intenté –no lo hice afortunadamente– decirle a Marcela, a Ernesto, a Paola, a Lucho, a Álvaro que no lo hicieran porque todos se metieron en esto como si fuera una manifestación. Cuando yo comencé en este negocio, cuando entré a la escuela, mi mamá me dijo que me iba a morir de hambre, y no he parado de trabajar un solo día. Hoy tengo 74 años.

 

¿Qué cree que le han heredado sus hijos?

 

Me habría gustado que no hubieran heredado nada, porque uno es un cúmulo de defectos y yo veo en ellos un cúmulo de cualidades.

 

¿Cuál es la diferencia entre hacer humor y contar chistes?

 

Es lo mismo que en tu profesión: es la diferencia entre hacer crónica roja y hacer historias relevantes de periodismo.

 

¿Se reía cuando se veía en el cine o la televisión?

 

Nunca me gusto verme ni oírme. Es una cosa que no sé por qué la tengo. Como de loquito, ¿no? No tengo fotos y no guardé nunca nada, mi afán era trabajar muchísimo.

 

¿Qué le dio el mundo actoral a lo largo de su vida?

 

Me dio la vida, porque la vida está llena de satisfacciones. Me dio a mi familia, a mis hijos, a mis nietos. Me casé dos veces. Conocí muchísima gente… como tú, por ejemplo.