24 de noviembre del 2017
Fotografía | Gustavo Martínez
9 de Noviembre de 2017
Por:
Fernando Gómez Garzón

El médico bioenergético, que lleva cerca de 30 años atendiendo pacientes crónicos, publicó un libro en el que propone mirar a la enfermedad no como un verdugo sino como una maestra que enseña a vivir mejor. ¿Qué ha aprendido este experto en cuidados paliativos en tres décadas de consultas con gente muy cerca de la muerte?

“La enfermedad no es un castigo”: Santiago Rojas Posada

A los nueve años de edad, Santiago Rojas tuvo su primer contacto con la enfermedad, un tumor en la pierna izquierda que lo sometió durante doce años. O quizás sea mejor decir que lo sometió sólo por algún tiempo, porque llegó un momento en que, cansado de pelear contra el tumor, decidió enfrentarlo, entenderlo y aprender de este para controlarlo. “Tuve seis veces tumores, en la misma pierna pero en diferentes sitios. Primero en el pie, luego en el empeine, luego en la rodilla, luego en el muslo, antes de llegar a la cadera. Tuve seis cirugías”.

 

Al principio fue una lucha incesante contra su pierna, contra el tumor, contra el médico, contra la vida. Hasta que quedó agotado. “El hecho fundamental es que me di cuenta de que tenía que poner algo de mi parte”. Entonces todo cambió. Tanto que la misma enfermedad lo fue llevando a interesarse por la medicina; y dentro de la medicina, por la bioenergética, la curación con esencias florarles y los cuidados paliativos de los pacientes con cáncer y otros males crónicos. Fruto de su experiencia son los libros Esencias florales, un camino; La estrategia del ave fénix; Manejo del duelo, una estrategia para un nuevo comienzo (2008); La armonía de las formas (2008), Desintoxícate, y Desestrésate.

 

Su más reciente trabajo se titula Una maestra llamada enfermedad, en el que ofrece a los lectores estrategias para aprovechar los males de la salud en vez de quejarnos de estos.

 

Usted lleva 30 años lidiando con enfermedades de pronóstico reservado. ¿Ya tiene una definición propia de qué es una enfermedad?

Sí. Es una oportunidad de ser capaz de hacerse cargo de uno mismo y de intentar mejorar la salud. 

 

Pero, ¿por qué uno va a querer buscar una oportunidad como esa?

La gente no busca cuidar la salud si no está enferma. Cuando usted está sano, busca enfermarse. Y eso suena raro, pero hace todo lo que lo lleva a enfermarse: trasnochar, no comer, comer lo que le hace daño… Cuando está enfermo, busca sanarse. Entonces la enfermedad es la oportunidad que la vida nos da para buscar mejorar nuestra salud.

 

¿Y esa oportunidad sí la aprovechan los pacientes que se sanan?

Nosotros empezamos a estudiar una vez eso con números y encontramos que el dos por ciento de los pacientes hacía algo de esa manera: coherente. Los demás lo hacían obligados. Y surgió la diferencia entre resignarse y aceptar. No quiero que la gente se resigne a la enfermedad. En la resignación la gente entra en conflicto consigo misma, está peleando por lo que le tocó. Aceptar es valorar la realidad tal cual es y, desde ahí, modificarla en la medida de lo posible. Y además disfrutarla. Usted puede disfrutar cuando acepta. 

 

Asimismo, usted lleva 30 años lidiando con ellos. ¿Cómo suelen reaccionar los pacientes frente a una enfermedad de riesgo?

La primera reacción es la negación: esto no es cierto, es un error de laboratorio; y la rebeldía: por qué me pasó esto, por qué conmigo, yo no he sido malo. ¡Como si la enfermedad diera por ser malo! La gente piensa que los buenos no deberían enfermarse y los malos sí. La enfermedad no escoge según la bondad o la maldad, pero la mayoría de las personas sienten que no es justo que se hayan enfermado. Luego de esa reacción, empieza un proceso de negociación y adaptación. Cuanto más rápido se adapte la gente, mejor le va.

 

¿Usted también pasó por la etapa de negación y de rebeldía?

¡Claro! Cuando me llega un paciente cansón, le digo: yo fui más ‘mamón’ que usted, así que ‘fresco’. Yo insulté a los médicos, les peleé, me porté mal, no me dejaba poner las inyecciones, lloraba. Todas las cosas que usted quiera yo probablemente las hice. Hasta que fui consciente de que tenía que poner de mi parte.

 

¿Y cómo fue poner de su parte?

Hice una corresponsabilidad. Me hicieron tratamiento, me operaron, pero adicionalmente comencé a hacer un cambio de estilo de vida desde lo mental, desde lo emocional, desde la dieta. Y la enfermedad se detuvo y se transformó. Entonces me di cuenta, y lo pongo en el libro, de que el objetivo de la enfermedad es que vivamos mejor. Eso suena ridículo para la gente. Parece que no tiene sentido, pero eso es lo que me han dicho los propios pacientes. El libro está basado en experiencias de pacientes. Son enseñanzas de pacientes.

 

¿Su enfermedad incidió en la decisión de haber estudiado medicina?

Cuando vi la primera vez una cirugía de ojos en televisión, vomité. Era muy impresionable. Luego, me enfermé, y me empezó a gustar el tema. A mí me gustaba la medicina pero era impresionable. Cuando me operaron por primera vez y vi mi pie operado, lo quería cortar de lo impresionante que era. Pero luego me fue gustando. Ponerme en el lugar del otro desde antes de haber iniciado la carrera, me hizo ver la enfermedad de una manera totalmente distinta. 

 

¿Y qué lo guió hacia este tipo de pacientes con enfermedades degenerativas y terminales?

Los pacientes. Inicialmente quería hacer urgencias. Me encantaba la cirugía, la intervención, los procedimientos. Pero entonces los pacientes terminales me empezaron a buscar.

 

¿Buscaban un milagro?

Sí, pero yo con el tiempo me di cuenta de que anecdóticamente puede que uno obtenga un resultado milagroso, pero la gran mayoría de las veces no se da. Entonces uno tiene que buscar que las personas utilicen otra estrategia. Lo que hago es acompañarlos. La corresponsabilidad. Yo no tengo unos dones para curar más allá de lo humano. Si la gente espera algo diferente se enfrenta a una realidad imposible. Pero lo que sí tengo es la capacidad de atender, escuchar, acompañar, soportar. Lo que descubrí con el paso del tiempo fue la corresponsabilidad: que si el paciente no hace ciertas cosas, no se va a mejorar. En la medida en que el paciente cambia la versión de la enfermedad, le va mejor. Eso para mí es clarísimo. Los pacientes que salen adelante son los pacientes que viven la enfermedad de otra manera. Entonces yo digo que no se hacen milagros sino se construyen milagros. Los pacientes los construyen y uno los guía o los apoya. 

 

¿Salir adelante es que se curan?

A mí me preocupa mucho la palabra curación, porque cuando la gente se siente curada hace todo para volverse a enfermar. Entonces es mejor vivir siempre con tarjeta amarilla, bien manejada. Cuando uno siente que toda la responsabilidad de curarse es de otro, entonces hace lo que sea y no se cuida.

 

Usted en el libro dice que la salud no es lo contrario de la enfermedad. Entonces, ¿qué es la salud?

La salud es la posibilidad que tenemos de alcanzar las metas que nos proponemos. Eso es salud: mental, física, espiritual, biológica. Yo soy miope, tengo una enfermedad en los ojos. Cuando me pongo las gafas, alcanzo la salud. Solucioné el problema. Si soy diabético, uso insulina; si soy hipertenso, puedo usar una pastilla. Si soy equis o ye y puedo alcanzar el equilibrio y el bienestar, está bien. Porque la definición de la Organización Mundial de la Salud me parece imposible: “Perfecto equilibrio sicobiosocial y medioambiental”. ¿Alguien tiene eso en el mundo? ¿Perfecto equilibrio? ¿Existe eso?

 

¿Eso quiere decir que uno enfermo puede estar saludable?

Sí, y esto se lo respaldo con una investigación con más de dos millones de personas, en más de 200 países, en la que participó la OMS. El ochenta por ciento de las personas se sentían saludables, a pesar de estar enfermas. Pero le doy otro ejemplo: cada 2.300 niños, nace uno con hipotiroidismo congénito. Ese niño, si no se trata, se vuelve cretino. Cretino es un término médico: son niños que se vuelven obesos, no crecen de tamaño, la lengua grande y tienen un retardo mental. Si se le da desde el momento del nacimiento una hormona tiroidea, tiene una vida absolutamente normal. Es un enfermo sin la droga y es un sano con el medicamento. La gente no se cura de la mayoría de las enfermedades, pero la enfermedad lo puede hacer vivir bien, si la sabe entender.

 

¿Cuáles son los principales errores de los pacientes cuando están gravemente enfermos?

Son cuatro errores característicos. Uno: querer saber mucho de la enfermedad. Comienzan a estudiar y a estudiar y se vuelven hipernerdos. Se meten en Google y leen y leen. Se gradúan de oncólogos en una semana y nadie es oncólogo en una semana. Dos: volver toda su vida solamente la enfermedad. Solo piensan en la enfermedad y todo lo construyen alrededor de la enfermedad, como cuando uno está ‘entusado’. Es solo una carencia y desesperación. Tres: negar la enfermedad o rebelarse. Cuando ya están sanos, el error más grande es querer volver a estar como estaban antes. Les digo: si quiere estar como estaba antes perdió todo lo que avanzó. Hoy, por ejemplo, me llegó un niño con una pierna amputada por un osteosarcoma. Si él quiere volver a tener la pierna, es un error. Si quiere volver a caminar, es distinto. Es un ejemplo claro: no puede volver a tener una pierna, pero puede volver a caminar.

 

¿Cuáles son los errores de los cuidadores?

Un error clásico es que ellos asumen la responsabilidad de que tienen que curarlo. Si a usted se le daña la lavadora en la casa, llama un técnico. No se la tira intentando arreglarla. Pero estos cuidadores se leen todo, hacen el plan del nerdo. Segundo: sufren la enfermedad del otro. Tercero: no tienen vida propia, y este un error espantoso. La función del cuidador es acompañar, aconsejar, soportar, pero no curar. La función de la curación está en el paciente y en el médico. 

 

Usted habla de que si uno escuchara al cuerpo, evitaría muchas enfermedades. Pero un obeso siempre escuchará que lo que quiere es chocolate. ¿Cómo es eso?

Una cosa son los deseos y otra las necesidades básicas. Yo hago la diferencia. Si uno escucha los deseos, le pasa lo que a los alcohólicos, que dicen que toman trago porque el cuerpo se los pide. No. Es escuchar las necesidades básicas. Si uno escucha el cuerpo, sabe qué le cae bien y qué le cae mal. Que es distinto de qué me gusta y qué no me gusta. Pero es cierto: la gente cree que lo que quiere es arroz y sigue comiendo arroz; pero si siguen escuchando, verán que no quieren arroz. Es lo que les pasa a los niños chiquitos: el niño le dice al papá que quiere comer cuando tiene sueño, porque no entiende la diferencia, está en el mundo de los deseos. Una paciente de cáncer me dio una definición la semana pasada que me encantó: “He llegado a la mejor época de mi vida. Me volví abuela. Y ser abuela es como comer mucho helado sin engordar”. O sea que uno lo que quiere es disfrutar hacer cosas sin que le hagan daño.

 

¿Cómo ayuda el medio ambiente?

Muchas medicinas andan por la naturaleza. Un gran antidepresivo es el sol. Por eso la gente en estaciones hace depresiones, porque no ven el sol. Otro elemento esencial es el agua. Para bañarnos, para tomarla, para entrar en el mar. Los sentidos se estimulan con la naturaleza. Le digo a la gente que hay que aprender a nutrirse, pero la gente cree que nutrirse se refiere solo a la comida. Y uno se nutre con silencio (es súper nutritivo), de lo sensual (el afecto, el abrazo), de lo visual, viendo la naturaleza. No es que uno escuche música y se cure de cáncer. Eso no tiene sentido. La actitud mental no lo es todo, pero sin actitud mental no salen adelante. O sea que la actitud mental no es suficiente pero es indispensable.

 

¿No es una posición moral decir que la enfermedad da lecciones de vida?

Bajo ninguna circunstancia la enfermedad es un castigo. Y eso lo dejo claro en el libro. Las lecciones son para aprender a vivir mejor pero no son lecciones para destruir. No es que la vida aleccione con castigo, es que la enfermedad enseña. 

 

No es una cuestión de justicia.

¡Nunca! Ese cuento de que el sida es un castigo, eso lo dirá José Galat, pero es una barbaridad.

 

Usted escribe que ayuda mucho al enfermo tener un sentido de vida. ¿Se refiere a la fe?

No. Yo siempre trato de evitar darle trascendencia a lo religioso porque creo que la mayoría de los procesos de enfermedad son mal manejados por la religión: primero porque la enfermedad se mira como una culpa y la solución se la atribuyen a una persona intangible. Yo le traslado la responsabilidad al paciente. Ahora: si quiere utilizar la herramienta de la fe, bienvenida. Pero si la usa en negativo no la use. Muchas culturas, entre esas la colombiana, dicen: esto me lo merezco por haberme portado mal. Entonces estoy de cierta forma contento de la enfermedad porque estoy pagando por algo. Eso es un error. Termina disfrutando porque se lo merece. Y si piensa eso, no puede salir adelante. 

 

¿Entonces a qué sentido de la vida se refiere?

El sentido de vida no tiene que ser espiritual, no tiene que ser trascendente. Para una madre, criar a sus hijos. Eso es un sentido de vida y es suficiente para que la mamá se le quite la gripe en la mitad del tiempo que al otro. El sentido de vida es la motivación que lleva a la persona a concentrar todas sus fuerzas en un fin, y lo vuelve su medio y su fin al mismo tiempo. Un sentido de vida es real cuando el medio y el fin es el mismo. Si el fin de su vida es la felicidad, nunca lo alcanza. Si usted lo hace con felicidad, es el fin, su medio. Si el sentido de vida es crear salud, se dedica a hacerlo. La gente tiende a pensar: yo me quiero curar. Pero no hace nada para eso, entonces ese fin no existe.

 

Si la enfermedad y la muerte tienen el propósito evolutivo darwiniano del que habla al principio del libro, de favorecer a los más apto, ¿por qué curar a los enfermos? ¿No es eso ir en contra de los designios de la naturaleza?

Si usted cura las enfermedades, favorece que sean más aptos, precisamente porque la evolución hace una selección natural. Hay cosas en que no se debería intervenir, estoy de acuerdo. Por eso en la naturaleza es un error evitar un aborto en las primeras semanas de vida del feto, porque generalmente la naturaleza aborta cuando no hay viabilidad. Es una selección natural. En la vida deberíamos hacer mucho eso: evitar la distanasia, que es utilizar todos los medios posibles para sostener una vida que ya no va. No tiene sentido. 

 

¿Y está de acuerdo con la eutanasia?

Estoy de acuerdo con la ortotanasia. Distanasia es prolongar la vida por todos los medios. La eutanasia es hacer una acción dirigida para acabar la vida, que se llama muerte por piedad. No es un asesinato porque se hace en un paciente cuya vida tiene posibilidad de supervivencia corta o sufre mucho. La ortotanasia es garantizar la calidad de vida pero no hacer nada por prolongar la vida. El cuidado paliativo está pensado para eso: acciones dirigidas para garantizar la calidad de vida, no el tiempo de vida, y evitar cualquier acción que la prolongue.

 

*Publicado en la edición impresa de agosto de 2017.