20 de septiembre del 2017
Foto | Gustavo Martínez
25 de Agosto de 2017
Por:
Catalina Barrera

El edificio emblemático de la Universidad Nacional es también uno de los escenarios musicales con mejor sonido de Latinoamérica. La mujer que lo diseñó, y por el cual ganó el Premio Nacional de Arquitectura, recuerda cómo logró la obra maestra.

Eugenia Mantilla de Cardoso, la arquitecta del León de Greiff

*Eugenia vive sola, con sus dos perros. Confiesa que ya no puede identificar cuál es el padre y cuál el hijo, pero los dos han sido su compañía durante los últimos años. Foto | Gustavo Martínez

 

El último proyecto que se desarrolló dentro del plan de renovación de la Universidad Nacional de Colombia, que dirigía José Félix Patiño, fue el Auditorio León de Greiff en 1973. En ese entonces, las prioridades eran otras. Un espacio pensado para las convenciones, los congresos y, de paso, la cultura, no suponía primacía para los académicos y encargados de la renovación. 

Poco más de veinte años después, en 1996, ese edificio fue declarado Monumento Nacional. 

La protagonista detrás de uno de los auditorios musicales más importantes de América Latina es la arquitecta Eugenia Mantilla de Cardoso. Gracias a su obra, que costó 14 millones de pesos, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Arquitectura en 1974. Hoy tiene 84 años, pero aún recuerda cómo le dio forma a uno de los proyectos más exitosos de la arquitectura colombiana.

 

La gestora

Eugenia dice que es más visual que verbal. No le gusta hablar mucho; en cambio, prefiere mostrar las fotografías que tiene guardadas en su archivo y que dejan ver los primeros años del auditorio. Sus movimientos son pausados y precisos. Es perfeccionista con todo. A sus años, aún no puede creer cómo algunos estudiantes de arquitectura desechan los libros antiguos de geometría y, por el contrario, se refugian en Autocad. Y aunque asegura que la entrega del León de Greiff fue un capítulo que cerró y que no ha visitado desde hace más de veinte años, se arrepiente de no haber podido involucrarse en las intervenciones que durante estos últimos años le han hecho a ese espacio. Nunca le consultaron, y muchas no le gustan.

Dos décadas antes de la construcción del auditorio, entre 1950 y 1960, la arquitectura colombiana tuvo una etapa prolífica e innovadora. Se destacaban arquitectos como Rogelio Salmona, Guillermo Bermúdez, Germán Samper Gnecco, Dicken Castro, Gabriel Serrano, Rafael Esguerra, Fernando Martínez, Hernán Vieco, Manuel Lago y Raúl Fajardo. Pero en la lista no figuraban mujeres.

 Una década después, Eugenia Mantilla de Cardoso decidió apropiarse del proyecto más importante de su vida. Tenía 37 años. Para ella su condición de mujer no fue un punto a favor o en contra. “Nunca quise dar una entrevista de cómo me sentía o qué pensaba dentro de mi papel como mujer porque fue un proceso natural, sencillo y sin complicaciones”. 

En ese entonces cada profesor tenía una categoría. Ella ganaba alrededor de tres mil pesos. Luego de la entrega del Auditorio, la ascendieron a ‘Profesor Honorario’ de la Universidad Nacional. Pero para ella los títulos y las nominaciones nunca fueron mayor cosa. Incluso se ríe y aún se asombra de lo que logró en su carrera como arquitecta.

Permaneció 29 años como profesora de la Universidad, hasta su retiro en 1993. Sus primeros años de carrera los hizo junto a su maestro, Fernando Martínez Sanabria, un arquitecto español nacionalizado en Colombia. Con Martínez pudo aprender de construcción para espacios culturales, particularmente teatros. Cuando inició el proyecto, se asesoró del periodista y crítico musical Manuel Drezner, del que aprendió técnicas de acústica, característica por la que el auditorio ha llamado la atención de grandes músicos. 

Fue la gestora de los planos, pero cree que por “cansona” no la dejaron participar en la construcción del auditorio. “Si no me dejaban participar en la etapa de la obra entonces no tenía por qué quedarme”, recuerda. Vio su proyecto casi terminado un año después, cuando regresó del Instituto Tecnológico de Massachusetts, al que había ido por una beca. 

Cuando el Auditorio León de Greiff abrió sus puertas, en 1973, protagonistas musicales como filarmónicas, sinfónicas y artistas como Quatuor Diotima, Compañía Tangokinesis, James Ehnesv, Andrew Armstrong, Medeski, Fermín Bernetxea, Ryoji Ikeda, Jane Rigler, Blick Bassy, Bojan Zulfikarpasic, Erik Truffaz Quartet, Ron Carter, Jacques Loussier y Joan Albert Amargós Altisent se enamoraron de la impresionante respuesta acústica con la que este contaba. Eugenia defiende que de no ser por la dirección del auditorio, que en un primer momento se enfocó en traer conjuntos internacionales, nadie se habría dado cuenta de lo que tenían. 

Pero el proyecto no solo fue un espacio de difusión sino una cuna para nuevos creadores. “Desde un inicio pensamos en que los estudiantes de la Universidad Nacional, que estaban en una categoría económica muy baja, tuvieran acceso a lo que otros sí tenían. Algo que en otro lugar tendría un costo muy elevado, y eso se empezó a notar”, asegura la arquitecta. También recuerda que “en la televisión veía que de pronto los estudiantes de la Universidad ganaban concursos de cultura, algo que antes no pasaba”. El auditorio, que tiene capacidad para 1.630 personas, empezó a poner a la Universidad Nacional de Colombia en los artículos y publicaciones de las secciones de cultura de los periódicos.

En 1973, la Sociedad Colombiana de Arquitectos le otorgó el Premio Nacional de Arquitectura al auditorio, la obra cumbre de Eugenia. El jurado encargado de juzgar las obras postuladas estuvo integrado por Manuel Carrizosa y Eduardo Londoño, de Colombia, y Pedro Ramírez Vásquez, de México. Sin embargo, todos esos títulos y el despliegue mediático los dejó a un lado tras la muerte de su esposo, Alfonso Cardoso, varios años después, por la misma época en la que el León de Greiff empezaba a dar de qué hablar, tanto nacional como internacionalmente; hasta su teléfono desapareció.

Casi 50 años después de la inauguración del Auditorio, en la biblioteca de su casa, hogar que diseñó y construyó con su compañero de vida, sigue estando el recuerdo de uno de los trabajos más importantes de su carrera. Entre las enciclopedias y las decenas de libros de arquitectura que tiene en su biblioteca hay algunas fotografías viejas, gastadas y otras conservadas en sitios especiales. Planos y recortes de periódicos en los que su nombre siempre iba primero. Después de todo, es la creadora de uno de los espacios culturales más importantes del país. 

 

 

*Publicado en la edición impresa de agosto de 2017.