16 de septiembre del 2019
Foto Guillermo Legaria
Foto Guillermo Legaria
3 de Marzo de 2015
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Seis décadas después de haber salido por primera vez en televisión, el Minuto de Dios es una obra que ha mejorado las condiciones de vivienda de 2.000 familias, cuenta con más de 9.000 empleados y educa niños y jóvenes en todo el país. Habla quien lidera hoy el proyecto.

El director del Minuto de Dios dice: “Hay gente generosa”

Caminar con el padre Diego Jaramillo por las calles del barrio Minuto de Dios, en Bogotá, es como ir con un artista de cine que despierta el interés de los transeúntes que no dudan en saludarlo, regalarle una sonrisa e incluso pedirle fotografías. Y es que después de la muerte del padre Rafael García Herreros, él fue quien quedó a la cabeza de esta organización que, con el paso de los años, trascendió de la pantalla de la televisión para convertirse en casas, colegios, universidad, cooperativas y entidades que, según sus estimaciones, cuentan con unos 9.000 empleados que trabajan en beneficio de miles de personas en todo el país.

Pese a que la labor del padre Jaramillo es admirable y agradecida, muestra de ello es el cariño que se evidencia en quienes se le acercan; él prefiere tener un perfil bajo, “porque comprendo que no fui yo el que comenzó, no fui yo el que construyó las casas, no fui yo el que le di casa a la gente. Tengo influencia en todas las obras, porque soy jurídicamente el presidente de cada una de la entidades que llamamos Minuto de Dios, pero no he querido tener más influencia de la que normalmente debo tener como persona”.
Así, sencillo y respetuoso de la memoria y del legado de su antecesor y fundador de la obra, el padre Jaramillo cuenta cómo durante 60 años –tiempo que lleva emitiéndose el programa de televisión que cada noche pone en manos de Dios “el día que ya pasó y la noche que llega” –, un sueño se convirtió en una obra social que continúa dando testimonio de la solidaridad.

Hábleme de su primer encuentro con el padre Rafael García Herreros…
Uno de mis profesores, cuando estaba en lo que llamábamos en esa época cuarto de bachillerato, como tarea me invitaba a leer artículos que aparecían en periódicos o en revistas escritos por el padre Rafael, que era un sacerdote profesor de seminarios. Así comencé en el año 1948. En el año 50 entré en el seminario de Usaquén y en diciembre del año 51 estaba de vacaciones y, por dar una vuelta, pasé por el seminario. Cuando llegué, el portero me dijo que por ahí estaba el padre García Herreros, entonces le pregunté en dónde para ir a conocerlo y él me respondió: “en la capilla”. Yo entré hasta la puerta y, efectivamente, vi a un sacerdote, en esa época era todo de sotana. Entonces me quedé en la puerta a esperar. A los minutos salió, y recuerdo que dijo: ‘quién es este joven simpático’. Yo tenía 18 o 19 años. Y le dije: “me llamo Diego Jaramillo, soy seminarista aquí y quería contarle que colecciono sus artículos”. Entonces me dijo: “muy bien, entonces usted de ahora en adelante es quien me los va a guardar, y cuando yo vaya escribiendo se los mando y usted me los colecciona”.
 

Foto cortesía Minuto de Dios
Foto cortesía Minuto de Dios

 

¿Cómo nació el programa de televisión?
El padre García Herreros regresó a Bogotá, después de haber estado en Medellín; en esa época la Radio Nacional quedaba en la avenida Caracas con la calle 26. Él llegó a pedir y comenzó un programa de radio, pero se fue haciendo amigo de Fernando Gómez Agudelo, que era el director, y conoció a un señor Jaime Quijano, que era rector de la Incaa, y él hablo de un programa en televisión, le pidieron permiso al entonces ministro de Comunicaciones y le dieron ‘El Minuto de Dios’. El 10 de enero de 1955 arrancó el programa.
¿Qué significaba en ese tiempo el programa?
Era un programa en donde aparecía un sacerdote todos los días. El padre era original en su expresión, llamaba la atención, y cuando poco a poco comenzó la parte social fue aglutinando a mucha gente. En ese momento yo era seminarista de teología, pero en esa época el régimen de los seminarios era duro y no podía ver el programa. Le propuse al rector del seminario, creyendo que con el padre García Herreros podía tener esa palanca, “padre, yo le digo al padre García Herreros y si quiere conseguimos un televisor”, y el rector me dijo: “consíganlo si quieren, pero no lo verán” (risas). En esa época había un aparato de radio en una pieza de los padres, solo los profesores tenían llave para ir a oírlo; ahora todo el mundo tiene celular y tableta, eso era otro mundo (risas).
¿Cómo inició la ayuda?
Beneficencia de Cundinamarca lo comenzó a patrocinar con 1.500 pesos al mes. Todo era gratis, entonces el Padre anunció por televisión “he recibido 1.500 pesos de Beneficencia de Cundinamarca, yo realmente no los necesito, vamos a regalarlos a tres familias pobres dándoles 500 pesos a cada una”, entonces llevó a una familia y le dio los 500 pesos, que era plata en esa época, y así el segundo y el tercer día. Entonces dijo: “Ya repartí lo que recibí, esperamos el mes entrante que vuelvan a entregarme ese dinero y repetimos esa acción”. ¿Qué pasó?, al día siguiente él dijo discretamente: “llegó una mujer, que claramente se percibía trabajaba en oficios nocturnos, y me dijo: ‘Padre, vi lo que hizo con su dinero. Yo tengo unos ahorritos y le traigo otros 1.500 pesos para que usted tenga para otras tres noches repartirle a la gente’ ”. Después de eso todo el mundo comenzó a mandarle plata. Luego apareció Azúcar Manuelita y ofreció 5.000 pesos de patrocinio.
¿Y la construcción de viviendas?
Al Padre le encantaba salir a caminar, y una vez vio unos tugurios. El Padre empujó la puerta de uno, y había un hombre acostado en un camastro. Él lo saludó, y le dijo: “Quiero hacerle una propuesta, ¿por qué no pintamos este tugurio de blanco…?” Al sábado siguiente llegó con pintura y muchachos que le ayudarían, y pintaron de blanco el tugurio. Pero contaba el Padre que ese tugurio pintado de blanco se veía feo, porque la pintura resaltaba los materiales; entonces dijo: “¿por qué no tumbamos esto y hacemos una casita?”, así comenzaron las casas. El Padre empezó a decir los lunes en el programa: “Ayer hicimos una casita, quedó linda, va a ser el barrio más lindo de Bogotá”. Al principio los ladrillos ni se compraban porque cerca había un tejar abandonado, entonces a los muros se les quitaban los ladrillos y se llevaba cemento, pero después el Padre comenzó a pedir por televisión: “los que tengan puertas, ventanas”…
¿Pero tengo entendido que ese terreno era ilegal?
Cuando llevaban como 8 o 9 casas llegó una carta del dueño que decía: “Padre, usted está haciendo una obra muy bonita en sí, pero le pido que la interrumpa porque ese terreno es mío y cuando yo tenga que pagar las mejoras por todo lo que usted ha hecho voy a perder el terreno y a quedar con deudas”. El Padre leyó la carta por televisión, y dijo que tenía que suspender la obra. Entonces Antonio Restrepo Barco llamó al Padre y le dijo que en Engativá, porque en esa época esto no estaba anexado a Bogotá, tenía una fanegada de terreno y que se lo regalaba para que pudiera construir en barrio propio. Luego otro señor, que se llamaba Estanislao Olarte, le regaló otra fanegada aquí aledaña… Como al año al Padre le ofrecieron en venta el resto del terreno, y él dijo por televisión: “me están ofreciendo un terreno, vale 100.000 pesos, yo quisiera comprarlo… si alguien me los quiere prestar yo creo que en dos años se los podría devolver, con una condición: que no me cobren intereses porque no tengo de dónde”. Pues a los dos días se vinieron de Medellín tres familias judías y le dijeron: “Padre, aquí están los 100.000 pesos, pero no es un préstamo, es un regalo”.

¿Actualmente cuántas casas tiene?
Sin estar absolutamente seguro, tengo en la cabeza como que son, con lo último que se compró, 54 hectáreas. Aquí hay en total, lo que el padre Rafael hizo, 1.980 y algo de casas y apartamentos, es decir casi 2.000 soluciones aquí en este barrio. Pero hemos hecho en muchas partes de Bogotá y de Colombia.
¿El Padre era consciente de que se estaba convirtiendo en un líder de opinión a través de ese programa?
Yo pienso que sí. Él, con su personalidad y manera de ser, calibraba lo que hacía y por eso opinó sobre ciertos temas que causaron polémica.
Entre las polémicas no se puede olvidar la finca que donó Pablo Escobar.
Esa finca El Minuto de Dios la vendió; pero cuando murió Escobar, el anterior propietario dijo que él la había vendido porque Escobar lo había obligado… La habíamos vendido porque no teníamos realmente qué hacer con esta. No sirvió sino para dolores de cabeza, y la devolvimos al dueño que la había vendido. Es decir, beneficio cero.
¿Qué es en este momento El Minuto de Dios?
Ha sido el esfuerzo y las ideas del padre García Herreros y de mucha gente, que como benefactores de dinero o con ideas o como entusiasmo, en fin de una u otra manera, han apoyado y hecho crecer una obra. No todo lo hizo el padre Rafael, pero él fue el iniciador de ese dinamismo. Fue quien pensó primero los programas de televisión, quien inició que mucha gente pudiera colaborarle económicamente, quien inició la construcción de viviendas, quien comenzó la obra de educación de los colegios.
¿Cómo está la labor educativa?
Entre guarderías infantiles y colegios hay 30 en toda Colombia. Unos propios, otros los manejamos habiendo alquilado el local y otros del Gobierno administrados por nosotros. La universidad comenzó con cuatro facultades en 1992, que fueron Comunicación y periodismo, Filosofía y educación, Administración e Ingeniería. Ahora hay como ciento ventitantos programas aprobados.
¿Cuántas personas se han visto beneficiadas?
El programa de televisión ha sido visto durante 60 años, ¿a cuánta gente le ha llegado?, no sé. Las emisoras, tenemos dos en Bogotá, otra en Medellín, también en Barranquilla, Cartagena y alquilamos una en Buga, ¿cuánta gente escucha la radio?, no te sé decir. Vivienda, no solo nueva sino mejoramiento, calculo que se ha podido llegar a 150.000 trabajos puntuales, lo cual de a 5 o 6 personas son unas 800.000 personas que han tenido alguna influencia. Educación, el colegio comenzó a graduar bachilleres desde el año 1967, de manera que vamos sobre casi 50 años. Actualmente, sumando todos los colegios, debe haber entre 20.000 y 25.000 alumnos; en la universidad el semestre pasado lo terminamos con 106.000 estudiantes, entre presencial y virtual.
¿Actualmente cuáles son las líneas de trabajo?
Vivienda, comunicación social, educación, medio ambiente y evangelización, sobre todo esas cinco son las más características. La otra línea es el trabajo, tenemos una corporación industrial que comenzó siendo de confecciones y ahora le dimos el viraje hacia otras industrias. Asesoramos empresas para microempresarios, PyMES y cosas de esas, y manejamos algunas plantas de producción importantes.
¿Cómo se financian?
Qué te digo…, los colegios se financian con los aportes de los muchachos, pero hay colegios que subsidian a otros. La universidad lo mismo, todo alumno aquí tiene el 15 o 20 % de descuento sobre lo que el Gobierno nos permite cobrar. Pero además de eso tenemos becas, y de todas maneras la universidad vive de lo que dan los alumnos, son tantos que pese a los subsidios logra vivir. Industria hace contratos para administrar cosas, entonces no necesitan que nosotros les ayudemos; el centro carismático, que administra las librerías, las emisoras, la casa de retiros y las escuelas de evangelización, tal vez ahí la fuente primera es librerías. La de medio ambiente vende microorganismos para agricultura y ganadería, tiene unos balances sanos, pero no muy pujantes, ahora hemos hecho algunos convenios para manejar los residuos de las plazas de mercado. En vivienda mucho es donación, hay gente generosa.
¿Qué metas inmediatas tienen?
Jurídicamente la meta es crear la Corporación Organización Minuto de Dios, pero cada una de las entidades tiene sus metas; por ejemplo, la que yo consideraría fundamental para la universidad sería tener la acreditación como institución. Tenemos muchos programas acreditados de alta calidad, pero estamos buscando que sea la entidad como tal la que sea acreditada. Pensaría que una meta, tal vez un ideal muy bello, muy soñado, para la Corporación y para la presencia social de El Minuto de Dios en el país, sería la paz en Colombia… todos tendríamos que dar un aporte, comenzar sembrando paz en cada uno y en nuestro ambiente.