25 de septiembre del 2020
Fotografía | Andrés Botero y David Micolta / Cortesía Superlitio
5 de Marzo de 2020
Por:
Catalina Uribe Tarazona

El 22 de febrero se celebra el Día del rock en Colombia. Entrevistamos a los miembros de una de las bandas colombianas que son hoy un ícono del género tras más de veinte años de carrera.

“Hacemos música para la vida”: Superlitio

  • En Cali es preponderante la salsa, el baile y el folclor. ¿Cómo es que, en ese entorno tan tropical, nace esta banda de rock?
Nosotros nacemos de algo que siempre ha existido en Cali y en ciudades donde se suelen masificar los géneros musicales: de los ‘nichos alternativos’, que han sido una especie de contracultura. Ese término lo hace sonar como si la gente estuviera en contra de la salsa, pero es todo lo contrario. Los caleños buscaban otro tipo de música, de ‘parche’, de diversión. Nosotros crecimos en ese underground de donde no solamente salieron músicos, sino también cineastas como Jorge Navas, Carlos Moreno y Andrés Caicedo, así como los famosos ‘cine clubs’. En nuestra época había muchas bandas alternativas que estaban editando CD y cassettes, que trataban de construir una escena local. De ese modo, en uno de los tantos circuitos de bares –específicamente en un establecimiento llamado Plaza Sésamo–, nos conocimos los que más adelante seríamos Superlitio. En un par de años forjamos una identidad y, finalmente, sacamos el primer disco de la banda. Estamos hablando de 1997, cuando la ciudad era un espacio muy ‘rockero’. De hecho, la banda que suena en esos primeros discos tiene una influencia mucho más rockera que, con el tiempo, fue volcándose hacia otros géneros.
 
  • El productor argentino Tweety, con quien trabajaron ustedes, les dijo alguna vez: “los discos no se acaban, se abandonan”. Es decir: cuanto más se busque la perfección, más detalles por ‘mejorar’ se encontrarán en el estudio. ¿En qué momento se sabe que un producto tiene suficiente trabajo como para que salga al público?
Esa es una muy buena pregunta. Siempre hemos sido una banda muy mala cuando nos ponen una pistola y nos dicen: “necesitamos una canción para mañana”. Nosotros nos solemos tomar el tiempo para analizarla, escoger los detalles, etcétera. Tal vez nos damos cuenta de que es hora de ‘abandonar’ cuando ya todos estamos en paz con lo que está ahí musicalmente. Ese suele ser un momento particular en el que ya nadie dice: “¿Y qué pasa si agregamos esto? “¡Quiero volver a grabar mi bajo!” “¡Quiero volver a grabar la guitarra!”. En lo que nos hemos vuelto buenos es en llegar a ese momento un poco más rápido y de una forma más objetiva. La lección que nos queda es que nunca debes pretender que cada canción esté cerrada a la perfección porque hay una cosa que tú nunca controlas y es cómo la gente la percibe. Cuando uno entiende eso empieza a desprenderse cada vez más y deja que las canciones tomen vida propia. Nos pasa con casos como el de No sé si volverá o Viernes otra vez: se vuelven una gran comunión entre nosotros y el público que la vive en su cotidianidad y porque, en los conciertos, las cantan a todo pulmón. El poder de cada canción no está en que la hayamos hecho nosotros, u otros, sino en lo que se crea entre la gente que la escucha y los que la hicieron.
 
  • Y a ustedes, ¿qué artistas les hacen sentir, justamente, eso? ¿Cuáles han sido sus más claros referentes musicales?
¡Wow, muchos! Si vamos hacia el rock clásico, están Los Beatles y Pink Floyd. Si es la escuela más hippie alternativa, pueden ser Jimmy Hendricks o The Doors. También en la parte más caribeña está Bob Marley con el reggae. En los latinos están Willy Colón, Rubén Blades y Roy Barreto. Si miramos el rock gringo, los Red Hot Chili Peppers y los Beasty Boys. Y si miramos por el lado del rock inglés, está Blur. La lista de influencias es extensa.
 
  • En Rock al Parque de 1998 debieron tocar antes de lo previsto cuando Robi Draco Rosa se bajó anticipadamente del escenario. ¿Qué pasó con Superlitio en ese momento?
Nunca habíamos tocado en un concierto de más de mil personas y de repente estábamos en una tarima de Rock al Parque, en la noche y frente a más de 70.000 personas que no habían escuchado nuestra música. Psicológica, física y musicalmente, uno tiene que estar muy preparado para subirse a un escenario así. Ese momento fue de mucha adrenalina, y quizás esa adrenalina fue la que nos hizo sobrevivir a ese instante y meterle todas las ganas para que saliera bien. El resultado fue muy bueno. Sin embargo, decíamos: “¡wow! tenemos que estar preparados para estos momentos, tenemos que ser como un atleta que se prepara para brillar, no puede ser solo a punta de adrenalina”. Ese concierto fue como un bautizo por fuego.
 
  • ¿Cuáles creen que son las claves para entender la evolución del rock desde los noventa, cuando era el género más popular, hasta hoy?
Desde que nosotros empezamos hasta hoy ha habido dos cambios evidentes: el avance tecnológico y el alcance de las redes sociales. A nosotros nos tocó una época en la que el audio digital era naciente, así que ese gran avance ha permitido que salgan unos productos nacionales muy buenos, aunque también otros que todavía no están tan maduros. Con respecto a las redes y la facilidad que les dan a las bandas para darse a conocer, digamos que a nosotros nos tocó la época en la que eso se lograba yendo a tocar; no había otra forma de propagar nuestra música. Eso nos dio la posibilidad de crear una fanaticada tremenda que hasta el día de hoy se mantiene. Ahora, muchas bandas esperan que las redes sociales y las plataformas hagan todo. Otra cosa que definitivamente ha mejorado es que ahora hay gran hermandad y admiración entre las bandas colombianas. Ya nadie discute el poder de bandas como Superlitio, Bombaestéreo o Systema Solar, pero tampoco discute el poder de una banda emergente como pueden ser Los PetitFellas.
 
  • Ustedes hacen especial énfasis en que prefieren los true fans, siendo así ¿cómo acogen ellos las fusiones entre géneros que propone Superlitio?
Tremendamente bien. Nosotros tenemos fans que nos siguen a todos los conciertos y que nos cuentan historias vividas con las canciones. Algunos se han tatuado nuestras letras o nos han pedido que toquemos una canción, porque ese día van a pedir matrimonio. En fin, la gente entiende que esta música no se está haciendo por el vulgar interés de ser popular y hacer plata, sino que la hacemos para que trascienda. Alejo, que es el que toca la guitarra, siempre lo ha dicho: “hacemos música para la vida”. Eso ha sido lo más bonito: ser testigos de que nuestra música está llegando a otro plano.
 
  • Hablemos del álbum que saldrá este año. ¿Qué nos pueden adelantar?
Para empezar, digamos que saldrá en 2020, pero no nos gusta ponerle fecha específica. Todo ha sido muy curioso: en una conversación con nuestro equipo de trabajo, nació el interés de sacar una canción nueva. Durante el proceso creativo terminamos haciendo tantas ideas que se nos dificultó escoger. Teníamos casi diez ideas grabadas, otras ‘maqueteadas’ y, en conclusión, dijimos: “acá hay un disco”. Además, hicimos la música fuera del estudio: nos reuníamos en las salas de las casas a hacer letras, tomarnos un trago, un buen vino, ‘echar lora’ un rato y disfrutar esa energía un poco ‘más casera’, sin la presión del reloj. A veces trabajábamos en la casa de Pipe en Cali, otras veces nos veíamos en Bogotá donde Armando, o de nuevo en Cali, donde mis padres. El nuevo álbum quedó con una energía muy cool, ‘cero’ pretensiosa y más ‘tranqui’. Viene, también, de estar calmados en otro momento de nuestras vidas, pues ahora somos como una familia extendida. ◆
 
 

*Publicado en la edición impresa de febrero.