Cortesía de Diana Burco | Fotógrafa Diana Dulcey
19 de Diciembre de 2019
Por:
Catalina Uribe Tarazona

Con 24 años, esta cantautora, acordeonera y actriz es la primera mujer nominada a los Latin Grammy en la categoría cumbia-vallenato. A través de su música, y con el ímpetu que la caracteriza, combate las ideas que han apartado a las mujeres del escenario musical tradicional. 

Diana Burco, contra los estereotipos

  • Aunque usted es de Bucaramanga, tiene un ‘sabor’ y un ‘dejo’ muy costeño en sus interpretaciones. ¿De dónde viene esa vena especialmente vallenata?
Yo empecé tocando violín pero me aburrí de todo el régimen clásico porque quería algo que me permitiera liberarme, ser auténtica y que no tuviera ninguna técnica o fórmula para expresarme. Eso lo conseguí con el acordeón. Al principio siempre estuvo presente esa idea de no ser suficientemente costeña. Así que hubo un punto en el que preferí reconocerme como colombiana más que como bumanguesa o costeña. Lo que me vincula al Caribe es mi gusto por el acordeón, un instrumento que he adaptado como mi herramienta o mi canal para conectarme con la música. También debo decir que siempre me he sentido muy atraída por las cantadoras y los tambores. Además, he viajado para empaparme muy bien de la cultura del Caribe. Creo que de ahí viene. 
 
  • ¿Cómo describe su relación con el acordeón?
Se ha convertido en una conexión muy linda con mi pecho y mi corazón. He tenido que aprender a respirar con él. También me encanta cómo lo hemos acogido en el país, a pesar de que es una herencia europea.
 
  • Cuando comenzó con el acordeón le decían: “hágalo como un hombre: toque más duro, cante más duro”. ¿Cómo fue enfrentarse al universo machista del vallenato?
Para mí no era correcto que eso pasara. Después de involucrarme más e identificar las razones de este pensamiento, me di cuenta de que la música es algo así como el reflejo de la sociedad. Primero me tocó entender la cotidianidad de la relación mujer-hombre que había en la costa, en el país y en Latinoamérica. En ese ejercicio me encontré también con que existe timidez o desinterés por parte de la mujer por arriesgarse y participar en escenarios tradicionalmente masculinos. No lo veo necesariamente como algo malo, pues, de todas formas, con el talento de los hombres se hizo una música impresionante. Ese es un rasgo que hace parte de nuestra historia. El que hoy haya mujeres involucradas da cuenta de la evolución que estamos viviendo en la música colombiana.
 
  • ¿Por qué considera importante que existan mujeres intérpretes en el folclor colombiano?
Es indispensable para que se rompan estereotipos. No solo en la interpretación sino también en la composición. Las mujeres podemos plasmar nuestras realidades y transmitirle al mundo cómo estamos viendo las cosas. Eso es lo más importante: que se empiece a cantar lo que se siente y lo que es una mujer. Además, también es una manera de mantener vivos estos géneros.
 
  • Bailo mi pena es su más reciente sencillo junto con el maestro Carmelo Torres, pionero de la cumbia sabanera. ¿Cómo se dio esa colaboración?
La cumbia es un fenómeno muy grande en Latinoamérica y una fuente importante de este género está en San Jacinto, Bolívar. Viajando descubrí que el sonido que se estaba gestando allí, en la Sabana, era diferente a lo que pasaba en Valledupar. En uno de esos viajes, hace unos dos o tres años, supe de Carmelo Torres, en quien encontré un sonido especial. En él había una joya y yo tenía la fortuna de tenerlo vivo para aprender de toda su sabiduría. Además, como la industria me pedía colaboraciones musicales yo dije “listo: hagamos una que no sea solamente por interés, sino que además yo pueda hacerle una especie de homenaje a Carmelo en vida”.
 
  • Viene un segundo disco, que mezcla la cumbia sabanera y el vallenato. ¿Qué nos puede adelantar sobre él?
Viene con una fuerza impresionante. Ya solté demasiados miedos en mi primer álbum y estar tan ligera me permitió disfrutar un momento creativo en el que me exploré y exploré todas las bases de la cumbia y el vallenato. Además, este trabajo me ha dado la oportunidad de tener intercambios culturales con diferentes países: Estados Unidos, Suecia… En estas experiencias he podido ver la magnitud de lo que es el mundo y la música. Este segundo trabajo se produce a través de los ojos de una mujer muchísimo más libre y empoderada para decir y sentir.
 
 

 

*Publicado en la edición impresa de diciembre de 2019.