15 de diciembre del 2017
Archivo Particular
30 de Noviembre de 2017
Por:
Redacción Credencial

En 2007, el periodista y escritor Andrés Felipe Solano emprendió un viaje a Medellín para vivir como nunca lo había hecho. Lejos de su casa y de su trabajo, aceptó el reto de vivir como un empleado de fábrica, en una habitación alquilada y con el salario mínimo. El resultado de este experimento fue una crónica periodística que, ocho años después de haber sido publicada en la revista SoHo, y merecer el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, llega a las librerías.

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“Vivir con nada es diferente de vivir sin nada”: Andrés Felipe Solano

¿Qué ha sido de su vida en estos ocho años?

Bueno, me casé dos veces con la misma mujer, he vivido en Seúl por varios años, aparte de este último libro he publicado tres más, y ahora mismo trabajo en otro; ya no puedo oír a U2 ni loco, me han comenzado a gustar más las sopas y volví a leer Viaje al fin de la noche, de L. F. Céline. Mi hígado también se ha debilitado un poco y, por consiguiente, las resacas duran varios días. Como quien dice, he envejecido.

 

Muchas personas subsisten toda la vida con un salario mínimo. ¿No cree que su percepción al respecto pudo estar viciada con su nivel de ingresos real?

Mi percepción al escribir estuvo –y está– viciada por los trabajos que he tenido, por lo que me han pagado por ellos, por mis padres, por los libros que he leído, por los lugares a los que he ido, por los barrios en los que he vivido y por mil cosas más. Con esto quiero decir que no existe tal cosa como la objetividad, y asumir esta condición fue precisamente el arranque de la crónica para que fuera todo lo honesta posible. 

 

¿Qué manías desaparecieron tras esos seis meses de vivir con el salario mínimo? 

Pagar más de diez mil pesos por un corte de pelo me parece una pendejada.

 

¿Qué buenas costumbres adoptó gracias a esos seis meses?

Oír “Marejada feliz”, de Roberto Roena, varias veces al año.

 

En el epílogo del libro cuenta que después de esos seis meses pudo encarar una vida como escritor de ficción.  ¿Resultó tan difícil la inestabilidad económica como lo pensaba antes?

Aún más difícil de lo que pensaba, pero no me arrepiento un segundo.

 

¿Después de su experiencia, cree que vivir con el salario mínimo es vivir sin nada?

Vivir con el salario mínimo es vivir con nada, como lo indica el subtítulo del libro; una gran diferencia a vivir sin nada. En ese vivir con nada está la cuota de dignidad y casi heroísmo de las personas que prefieren ganar un salario mínimo en Colombia a tomar caminos oscuros por donde la plata llega más fácil y más rápido.

 

¿Qué extraña de sus días en Santa Inés, el barrio donde vivió con el salario mínimo?

La terraza de la casa donde vivía. Desde ahí se podía ver media Medellín.

 

¿Y qué extrañaba durante sus días en Santa Inés?

A los amigos y a la familia. Lo bueno es que hice otros amigos y tengo otra familia.

 

¿Le dejó algún sinsabor su labor de infiltrado?

Me habría gustado no tener que mentirle a nadie, pero esas eran las condiciones bajo las cuales estaba planteada la crónica. Traté de sortear lo mejor que pude esa situación.

 

*Publicado en la edición impresa de diciembre de 2015.