22 de agosto del 2019
15 de Enero de 2019
Por:
Redacción Credencial

Después del éxito de Mi padre y otros accidentes, la escritora caleña presenta Horóscopo, una ficción que juega con el destino, tal y como las estrellas lo hacen con la realidad.

“Un país sin padre corre detrás de todo líder o caudillo que se ofrezca paternal”: Paola Guevara

Su primera novela fue un fenómeno editorial, ¿temió que Horóscopo –al no ser biográfica– no tuviera el mismo éxito?

Nunca imaginamos lo que llegaría con Mi padre y otros accidentes. Al escribirla creí que contaba mi vida, y que mi historia –conocer a mi padre a los 34 años y que él resultara ser el único sobreviviente de una accidente aéreo- era la excepción a la regla. Sin embargo, los lectores conectaron con esta historia de una forma que jamás sospechamos: después de casi tres años del lanzamiento, todavía me escriben muchas personas, semana tras semana, que me cuentan su vida, su caso, personas que tras leer la novela salieron a buscar a una hija, o a un padre, personas que encontraron a su padre vía Facebook y que ahora tienen hermanos, nueva familia expandida. Personas que sospecharon que eran adoptados, buscaron y confirmaron sus sospechas. Por supuesto, el reto para la segunda novela era muy fuerte. Muchos esperaban una segunda parte de la historia, me pedían que contara ahora la historia de la madre ‘abandonativa’, la del padre desaparecido de mi infancia, o que retomara la historia en el punto en que termina Mi padre y otros accidentes para narrar lo que pasó después. Pero yo no quería eso. Creo, con convicción plena, que de las fórmulas solo queda el agotamiento. Quise salir de la zona de confort que había logrado hallar: la narración en primera persona, la historia personal o ficción del yo, la búsqueda de temas en la cantera de la vida familiar. Me alejé por completo y me impuse un reto muy grande: ‘saltar’ de lleno a la ficción novelada, a la escritura en tercera persona y a una historia y a unos personajes que nada tuvieran que ver con mi biografía. La pregunta por el éxito es relativa, porque para mí poder escribir, que es lo que más amo en la vida, es ya una realización existencial imposible de medir en ejemplares vendidos, pues miro mi carrera a 20 o 30 años o más, así que me lancé a escribir Horóscopo. El riesgo fue tan grande como en la primera novela, porque creo que solo del riesgo, solo de la dislocación, pueden salir las cosas más interesantes.

 

 

Sin embargo, la historia se desarrolla en una sala de redacción. ¿Qué tanto de sus vivencias como periodista quedaron inmortalizadas en esta novela?

Trabajo como editora de cultura y revistas del periódico El País, de Cali, y a lo largo de mi carrera he pasado por cinco salas de redacción, así que conozco el mundo de los medios impresos. Cuando el periódico fue rediseñado no sabían dónde insertar la página del horóscopo, y por alguna razón alguien decidió que fuera al final del cuadernillo de cultura, así que todos los días, entre mis tareas, está leer el horóscopo y corregir cualquier error ortográfico que pueda tener. A veces, cuando necesito que algo me ocurra, altero un poco mi signo, Géminis. Y así surgió la idea de esta novela: un día, mientras me vaticinaba “gran capacidad oratoria” para una charla que debía dar ante 1.100 personas, me dije “eso es una novela, la historia de un hombre que altera el horóscopo para ganar el amor”. Mis vivencias en una sala de redacción para nada corresponden a las que ocupan a Leonardo y Ariana, mis protagonistas.

 

 

¿Por qué usar el horóscopo como eje narrativo?

Cuando uno pasa la mayor parte de su tiempo en una sala de redacción vive imbuido en el discurso del periodista héroe, que salva el día. Miremos películas como Spotlight, como The Post. El mismo Superman es periodista en su modo Clark Kent. Yo quería revolucionar este discurso heroico, y arrojar esta vez el spotlight, el foco de luz, sobre el más insignificante de todos los seres que habitan una sala de redacción: el hombre del horóscopo. Y al tiempo desentrañar los intríngulis de un oficio universalmente famoso como el del horoscopista. Me interesaba mostrarlo como el coautor del destino de varias generaciones de lectores, y analizar lo literario que pueda haber en este género tan denostado. El horóscopo es la bisagra que da paso a dos mundos: convive a diario con las noticias sin ser noticia, y entrega microcápsulas de ficción a los lectores, sin ser literatura respetada. Esa zona gris, esa zona bisagra que comunica dos mundos, es la que quiero explorar con esta novela.

 

 

¿Cree que hoy los lectores de un periódico pueden cancelar suscripciones por cuenta de un horóscopo?

Absolutamente, creo que los suscriptores son altamente sensibles hoy día, esa parte es realista, los lectores de periódicos suelen ser personas adultas que tienen hábitos muy bien formados y no les gusta que les toquen sus rutinas adquiridas. Cuando en algunos rediseños han sugerido eliminar páginas como las sociales, el horóscopo o las caricaturas, se han topado con la grandísima oposición de los lectores. Es que suponemos, con un cierto aire de superioridad, que lo único que importa es lo que proviene del universo cartesiano, lo medible, lo cuantificable, y resulta que hay otros universos simbólicos que constituyen lo que somos como cultura. Contra esa división arbitraria entre lo importante y lo aparentemente ‘prescindible’ o ‘frívolo’ también quise rebelarme, pues entre más completos seamos más integraremos lo duro y lo blando de la cultura que habitamos.

 

 

Leonardo es padre soltero. ¿Por qué decidió abordar la paternidad desde esa óptica?

Hay varios abordajes a la paternidad en esta novela. Leonardo, un padre soltero abandonado por su esposa. El padre de Ariana, un pedagogo ejemplar que al ver a sus hijas criadas decide librarse y dar rienda suelta a sus pasiones postergadas. Y Arturo Sanclemente, padre e hijo, directores del periódico donde trabajan Leonardo y Ariana, un hijo que no llena los zapatos de su padre y que recibe un negocio cuyos tiempos de esplendor ya pasaron. La paternidad es un tema importante en mi literatura, lo fue en Mi padre y otros accidentes y lo sigue siendo en Horóscopo. Colombia tiene niveles de paternidad ausente más graves que los del África subsahariana, tal vez por eso un país sin padre corre detrás de todo líder o caudillo que se ofrezca paternal. Eso, el abandono de la infancia, y la falta de respaldo a la mujer madre, debemos corregirlo. Para corregirlo debemos pensar qué pasa con la figura del padre en nuestra sociedad y por qué es tan endeble cuando debería tener muchísimo más valor.

 

 

 

 

*Publicado en la edición impresa de enero de 2019.