11 de diciembre del 2019
Archivo particular
2 de Septiembre de 2016
Por:
Catalina Barrera

El filósofo español lanza su libro Aquí viven leones, un recorrido por los lugares que marcaron la vida de ocho grandes de la literatura universal.

Fernando Savater: “Me gustaría, como Keats, que mi nombre fuera escrito en el agua”

Aquí viven leones es el más reciente libro del escritor Fernando Savater. Son 251 páginas que recopilan los lugares fundamentales en la vida de William Shakespeare, Ramón del Valle Inclán, Edgar Allan Poe, Giacomo Leopardi, Agatha Cristhie, Alfonso Reyes, Gustave Flaubert y Stefan Zweig. Diálogo con un español entrañable.

 

Friedrich Nietzsche, Jorge Luis Borges y Arthur Schopenhauer son algunos de sus referentes, ¿por qué no los incluyó en este libro?

 

El libro tenía la idea de mencionar a literatos, no podían ser filósofos como Nietzsche o Schopenhauer que, aunque son especiales, son filósofos. Además, tenían que ser autores que yo no hubiera tratado en los programas “Lugares con genio”, que hicimos antes que esto con una productora argentina, en los cuales recorrimos ciudades y escritores que habían vivido allí. Entre ellos Borges, Neruda, etcétera.

 

Si quisiéramos saber cuáles son los lugares que a usted lo identifican o que cuenten algo de su vida, así como el libro muestra algunos autores como Shakespeare o Agatha Christie, ¿cuáles serían?

 

Mi lugar más característico es San Sebastián, en el país vasco. Donde nací, donde he pasado toda mi infancia y donde en realidad he estado siempre. Ahí he tenido mi casa y ahora que estoy retirado no ha cambiado nada. De modo que ese es el lugar más significativo de mi vida. Obligatoriamente Madrid. Es el lugar donde hice mi carrera. Probablemente muchas ciudades de América Latina. Hace más de 35 años he viajado seguido a América. Empecé por México pero he ido conociendo, creo que salvo Bolivia, todo el continente. Ha sido muy importante para mi vida y para mi desarrollo, tanto intelectual y afectivo.

 

En el libro además hay fotografías de los epitafios de los literatos. ¿Se ha sentado a pensar en el suyo?

 

No (risas). Yo creo que no he pensado nunca en mi epitafio y espero diluirme un poco en el mar sin necesidad de que me pongan uno. Pienso en el más bonito de todos, que es el epitafio de John Keats, el poeta inglés, que está en el cementerio protestante de Roma y que dice: “Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”. Me gustaría que mi nombre fuera escrito en el agua de verdad.

 

No hay ningún literato suramericano, ¿por qué?

 

Bueno, en el primer libro hicimos a Borges y a Neruda y, como tenían que ser autores que estuvieran muertos, no pudimos hacer a Gabriel García Marquez porque en ese entonces todavía vivía, aun cuando habíamos pensado en incluirlo.

 

 

¿Por qué en el título de su libro utiliza la palabra “leones”?

 

Es curioso porque creí que todo el mundo lo sabía pero me he encontrado con que no lo sabe nadie. En sus mapas, los antiguos cartógrafos mencionaban cada lugar con su nombre, pero cuando se trataba de alguno que no habían explorado, ellos lo marcaban como “Hic sunt leones”, que traduce “Aquí hay leones”. Me hacía gracia pensar en estos “leones” literarios que estaban escondidos en medio de la gente normal pero que también tenían una vida de fieras, distinta de los demás.

 

¿Cómo ha variado su gusto literario en las diferentes etapas de su vida?

 

Se va ampliando. Siempre me han gustado las aventuras, los relatos con argumento. No he buscado el preciosismo literario sino más bien la contundencia narrativa. Al principio a uno le gustan las aventuras de piratas o de ciencia ficción y con el tiempo empiezas a pensar que hay otras aventuras quizá más sosegadas pero no menos aventureras, entonces se amplía el concepto. Pero en el fondo yo creo que sigo siendo el mismo tipo de lector.

 

Entonces, ¿tiene algunos escritores que hayan definido cada una de las etapas de su vida?

 

En mi niñez, desde luego Edgar Allan Poe fue decisivo, ha sido casi una lectura de toda mi vida. Después, en el centro de mi vida, Borges ha sido el autor más importante. En los últimos años, estoy releyendo algunos autores. Por ejemplo, uno nacido en mi misma ciudad, Pío Baroja, que es un autor al que siempre vuelvo con mucho gusto.

 

El recorrido para hacer su libro lo hizo junto a su esposa Sara Torres. Luego de su muerte, ¿qué perspectiva cambió en usted?

 

Por supuesto se acabó el camino. Nosotros fuimos juntos y el libro estaba pensado para hacerse entre los dos. Ella hacía dosieres completos con cada uno de los autores porque yo tengo cierta tendencia a la improvisación y ella quería que todo estuviera bien documentado. Pero desde luego el momento más placentero del libro era el viaje que hacíamos por cada uno de esos sitios. Cuando ya no se pudo continuar, hubo que acabar el libro, que estaba planeado para tener más autores, pero con la muerte de Sara bastante ya era que lograra acabarlo.

 

¿Por qué Agatha Cristhie es la única mujer?

 

Bueno, fue la mala suerte. Porque nosotros teníamos a Isak Dinesen en Dinamarca, a Louisa May Alcott en Estados Unidos y, por supuesto, a Emily Dickinson, la poetisa que teníamos ilusión los dos en hacer. Y justamente, por el orden en que hicimos los autores, a ellas las habíamos dejado al final. Por eso, desgraciadamente, no las pudimos hacer.

 

¿Tiene alguna experiencia en particular con alguno de los autores?

 

Yo creo que el autor que más nos gustaba a Sara y a mí era Edgar Allan Poe. Más que gustarnos, con él teníamos una relación más cordial y afectiva, era casi como de nuestra familia.

 

En cada capítulo del libro hay una caricatura, ¿de dónde surge esta idea?

 

Sara quería que el libro no fuera simplemente una serie de páginas escritas, porque por la piratería en internet y muchos otros factores, desgraciada y probablemente los libros se quedan escasos, así que solo presentarían eso. Ella creía que el libro tenía que ser un objeto bonito, atractivo, y que tuviese sentido por sí mismo, no solamente por su contenido, por su forma también. Intentamos pensar que cada uno de los autores tuviera un apoyo gráfico.

 

¿Qué quería transmitir con este libro más allá de contar la historia de cada autor?

 

A nosotros nos hubiera gustado mostrar, primero, que se puede viajar de otro modo. Que no es exclusivo el viaje solo buscando la playa o la variedad gastronómica, sino que puede haber cosas subjetivas más curiosas. Y segundo, este es un libro dirigido a los que ya les gustan esos autores, para que amplíen su familiaridad con ellos. A todos cuando nos gusta un actor o un cantante, nos gusta también saber cómo es su vida más allá de sus actividades artísticas. Con los literatos es igual. Si uno ama un escritor le gusta también saber sus pequeñas manías, sus gustos, el paisaje que veía, por qué ventana se asomaba para ver el mundo. Y también creemos que las personas que no hayan leído a esos autores, leyendo el libro puede despertárseles el apetito de leerlos.