12 de diciembre del 2018
Cortesía Black Velvet FICCI 58
5 de Marzo de 2018
Por:
Catalina Barrera

El director colombiano presentó su película Sal, una oda al mineral pero también al verbo salir.

William Vega: “Con una película se le va a uno la vida”

Sal, una película que transforma el significado de la sal y que se cuestiona el sentido de la familia, se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Cartagena 2018. Protagonizada por Heraldo, un hombre sin identidad que queda atrapado en un desierto cuando emprende un camino para buscar a su padre, esta película es un viaje entre el drama y la aventura.

 

Hablamos con el director del largometraje, que compite en la sección de cine colombiano.

 

 

¿De dónde surgió la idea de hacer una historia alrededor de la sal?

 

Los procesos creativos son muy raros porque el inicio tiene muchos orígenes y este en particular ocurrió cuando terminaba mi anterior película. Estaba en México pasando por una zona muy árida y además iba en un bus en el que estaban proyectando un documental de unos desiertos en los que el subsuelo era salado, y me interesó mucho. Fue un momento de mi vida muy especial, porque además estaba invadido por la soledad y la única voz que tenía era la del narrador de ese documental. Me sentí un poco como parte de ello y por ahí comencé a investigar sobre la sal. Sin embargo, lo empecé a conectar con una idea que ya venía trabajando desde la escritura acerca, justamente, de esa relación de un hombre que va buscando las ideas de su padre.

 

¿Qué concepto tiene usted de familia?

 

Lo que nos hace humanos son las relaciones.. Hay familias que no se comunican y siguen siendo familia, o hay gente que no es directamente familiar, que no tiene una relación consanguínea pero con la que siente que ahí hay una, que ahí se encuentra a un hermano, a un padre o a una madre. Creo que, más allá de ese vínculo de sangre, la humanidad es como una gran familia que a veces es armónica y a veces no.

 

¿Cómo construyó los personajes?

 

Me guié por dos personajes reales, que eran Heraldo y Salomón. Muy buena parte de la película está inspirada en ellos y en su relación. Heraldo perdió a su padre cuando era niño y, en algún momento, cuando lo conocí y le pregunté quién había reemplazado esa figura paterna, él me habló de Salomón. Me gustó trabajar sobre eso. Quería mostrar cómo uno encuentra en alguien una figura y una relación cuando esa otra persona no está interesada en ello. Trabajé mucho sobre cómo hablaban, se relacionaban, se querían, se distanciaban, etcétera. El personaje de Magdalena sí es totalmente ficticio, no lo tenía cercano a la realidad pero lo necesitaba para crear ese triángulo de afectos, y para ella fue un poco más difícil esa construcción del personaje porque no había un referente real.

 

 

¿Por qué, si tenía dos personajes reales, hizo ficción y no documental?

 

Me interesaba más diseccionar las relaciones de familia en finas capas e ir viendo, bajo un microscopio, qué es lo que te está ofreciendo cada una. Yo quería hacer eso un poco, y uso esa metáfora del microscopio porque eso permite aislar el entorno. En un documental no habría podido hacerlo, los protagonistas habrían estado rodeados de una cantidad de relaciones o trabajos que habrían hecho que perdiera el foco de lo que yo en realidad quería: era hablar de la relación de ellos dos, de cómo se construye y cómo se fragmenta. Mi forma de aislarlos fue usar la ficción. Lo decía Abbas Kiarostami: “a veces para decir una verdad se tenía que construir toda una mentira”,Ese  es un poco el caso de Sal.

 

 

¿Qué fue lo más complejo durante el proceso de creación de esa película?

 

Yo quería renunciar un poco a la escritura del guion tan consciente. Quería tener una búsqueda de creación y esa búsqueda implicaba que en el set pudiera escribir la película de verdad. Por las mismas condiciones del lugar y por el presupuesto, no pudimos rodar tantos días como yo quería. Si quería hacer una película en el set, y no tanto en la escritura en papel, necesitaba más tiempo y en ese sentido las condiciones no fueron las que deseábamos inicialmente. Estuvimos tres semanas en el desierto. Eso limitó un poco esa primera intención, y fue lo más difícil.

 

Le da muchos significados a la sal en esta película. ¿Por qué?

 

La sal, por lo menos en mi entorno, siempre había tenido una connotación negativa. Desde el condimento hasta esa mala suerte por estar ‘salado’. Lo que fui encontrando es que hay toda una contradicción. Hay diferentes corrientes de pensamiento, e incluso científicas, que encuentran en la sal poderes maravillosos, curativos y demás. Pero sin perder de vista que lo que hoy somos como sociedad económica pasa por una cosa, que todos buscamos, que se llama el salario. Y salario viene de sal, de cómo esa se vuelve una moneda de intercambio y por supuesto esto tenía que llegar a la película. Entonces volví a recuperar el papel de la sal como moneda. También asocié este verbo conjugado de ‘sal’. Una invitación a irse, a mutar, que es también lo que quiere hacer el protagonista.

 

Usted duró 5 años haciendo esta película, ¿qué aprendió durante todo ese tiempo?

 

Esta película me ha enseñado mucho del cine, de la vida, porque al final las películas se vuelven escuelas. Hacer una película es como hacer una tesis doctoral, es un proceso de investigación que luego termina en ese resultado. Con una película se le va a uno la vida. Uno se transforma, y transforma a la gente que está alrededor.