16 de septiembre del 2019
Cortesía Black Velvet FICCI 58
2 de Marzo de 2018
Por:
Fernando Gómez Garzón

La directora argentina presentó en el FICCI su más reciente película, Zama, que entrará este mes en la cartelera nacional. Una visión muy particular de la conquista de América, basada en la novela homónima de Antonio di Benedetto.

"Mis opiniones no sirven para gobernar": Lucrecia Martel

¿Fue Zama la oportunidad para hacer su propio descubrimiento del Nuevo Mundo? Si es así, ¿qué mundo fue el que descubrió?

Bueno, es difícil de contar lo que descubrí. Quizás es un poco ambicioso usar la palabra descubrir, pero toma su modesta escala aplicado a mí misma, es decir, algo que no sabía y ahora sé. Es sobre la literatura. Sobre los aspectos más materiales y formales de la literatura. Hay al leer un sistema de ritmos y tonos. Los ritmos son fáciles de comprender, y es un trote al que nos obliga la escritura. Los tonos quizá son más difíciles de explicar, porque son un sistema de intensidades que está compuesto por materia muy diversa: el terreno entre tinieblas que hay detrás de las palabras, su referencia y toda la historia de esa relación entre la palabra y su referencia, más el sonido inaudito que desatan las palabras en nuestra cabeza, en fin. Todo eso conforma un algo, que llamo veneno. Podría llamarse remedio también. Transforma el organismo. La fiebre, comer mariscos que no están frescos, una inesperada reacción alérgica a la nuez, podrían servir como experiencias de referencia. Algo adentro se está modificando. Y el pasaje al cine, ¿qué es? Ahí ya la distancia entre la literatura y el cine desaparece, esa cuestión tan mentada deja de tener sentido, y uno va hacia las imágenes y el sonido con procedimientos íntimos, regulados por esa enfermedad o intoxicación.

 

¿Es una versión fiel al libro o se tomó algunas libertades? ¿Cómo fue el proceso de adaptación y qué fue lo que la deslumbró?

El libro es maravilloso, claro. Los que se sientan tentados por mi película, sin conocer la novela, ojalá lleguen a esa experiencia tan singular y definitiva que es Zama la novela. Un poco lo de su lenguaje es lo que he dicho en la pregunta anterior. Un orden gramatical que altera nuestro organismo. Una recurrencia, un remolino muy particular al que te somete. Y yendo a lo más inmediato, su argumento es este Diego de Zama con el que tan fácilmente podemos trabar amistad en su torpeza y la delicada manera de no ver.

 

Es bien significativo que la película no se concentre en la exuberancia que tanto nos han vendido del Nuevo Mundo. La América de Zama es un moridero del que se busca huir. ¿La historia de Zama es la de un conquistador que no se halla?

Más bien diría la de un hombre que se resiste a aceptar el sinsentido, hasta que lo abraza, sin manos.

 

¿Eso del pez que es rechazado permanentemente por el agua, pero vive empeñado en que el agua lo acepte es la descripción de los americanos? 

Sí, pero no de todos los americanos, sino de los que se sienten injertados. Pero también podría decirse de cualquiera que, parado en este planeta, se resiste a partir, que es inexorable.

 

En vez de buscar la identidad latinoamericana, ¿no va siendo hora de aceptar que no la tenemos?

¿Será la identidad un fenómeno con fecha de vencimiento? ¿Será posible existir sin ser alguien predefinido en condescendencia? Todo el que ha leido Opus Nigrum, de Yourcenar, ha intentado aprender de memoria la oración de Pico della Mirandola. No nos ha sido dado un lugar, ni un rostro, ni dones en particular, para que nosotros mismos, como un hábil escultor, esculpamos nuestra propia forma. Por supuesto que es fácil criticar el peligro de esa construcción en soledad, un individuo a la más alta potencia, claro. El peligro de la identidad, creo, es quedar asociada a un territorio de una manera tan salvaje que los límites de ese territorio sean una frontera. Será posible una identidad cuya aventura no sea permanecer idéntica, sino desplazarse y mutar, constantemente. La circulación. Y que en eso consista la felicidad.

 

Zama también es una historia sobre el tedio. Y de la burocracia. En la América de los primeros españoles todo se tomaba su tiempo y debía cumplir con ciertos requisitos que se demoran o son imposibles. No es que haya cambiado mucho hasta nuestros días. ¿Estábamos condenados desde el principio?

No me parece que la espera sea un problema en sí. No lo entendí de esa manera al menos. El problema es el poder y querer ser alguien en relación con eso. La burocracia es una modulación del poder, una infinidad de falsos movimientos donde se licúa el bien común. Todas mis opiniones no sirven para el buen gobierno de nada. Ni siquiera son democráticas. Quiero aclarar esto. Son malabarismos para no sujetarnos, en lo posible, y a ver si alguna cosa aparece.

 

Su propio trabajo cinematográfico es lentísimo. ¿Cómo es adaptarse a una industria que abruma por el número de estrenos y a la que se le ha añadido la nueva costumbres de las series de televisión tipo Netflix que pueden verse por la pantalla de un teléfono?

Me cuesta pensar desde esa urgencia, porque no la tengo. Creo que hay demasiado de todo y poco tiempo para detenernos en cada cosa. No hay tiempo suficiente para releer, volver a las mismas ciudades, la locura del turismo. La novedad es un valor falso. Todos lo sabemos, del mismo modo que todos sabemos que trabajar sólo por el sustento es absurdo. Pero es difícil sobrevivir sin un poco de dinero. La ficción tiene un poder atroz, y es el de la representación, no de lo real, sino de las relaciones entre las cosas. La ficción puede vulnerar esas relaciones. Todo eso es difícil de hacer a las corridas. He criticado mucho las series y su imperio. La nave nodriza que es Netflix. Sólo por oponerme a la dictadura del argumento, que me parece que es empobrecer las dimensiones del lenguaje audiovisual. Volviendo a lo del consumo, nada me emociona más que una persona comentando el único libro que leyó varias veces.    

 

¿Es suficiente el circuito de los festivales para dar a conocer sus películas?¿Por qué hay esa fractura cada ves más ostensible entre el cine de los festivales y los circuitos comerciales?

La fractura es cada vez menor, a mi juicio. Eso me da más miedo. No sé cómo podría mejorarse. Como te dije, mis opiniones no sirven para gobernar.