18 de septiembre del 2020
Archivo particular
23 de Junio de 2020
Por:
Mario Alcalá

Esta producción audiovisual, catalogada como una de las tres películas Big Top a estrenar en 2020, se convirtió en el escenario perfecto para homenajear la música, los paisajes, los jinetes y los caballos del desconocido paraíso colombiano: El Llano. 

Jinetes del paraíso

EN EL imaginario colectivo que ha creado el cine a lo largo de su historia, asociamos la figura del vaquero con aquel hombre que, montado en su caballo, recorre unas llanuras inmensas. Su figura se ve a lo lejos, cerca del ocaso, con un sol que, como telón de fondo, brilla con fulgor. Jinete y caballo avanzan desafiantes hacia una cita, como en el viejo western. A la hora señalada, deberán saldar una deuda o cobrar venganza. Sin embargo, por más que romanticemos aquella figura, cada cultura tiene a sus propios vaqueros, quienes pasan largas jornadas domando caballos y cantando tonadas que plasman sus más elocuentes gestas en sus letras. Y allá, en el excelso y alucinante llano colombiano, cabalga con propiedad el hombre llanero, nuestro vaquero, jinete de un paraíso terrenal.
 
 
 
Jinetes del paraíso es un documental realizado por Talía Osorio Cardona, una antropóloga y documentalista que, durante una década entera, capturó en fotogramas una nación de ensueño dentro de Colombia. Un lugar que, más allá de las maravillas que le entregó la naturaleza –con extensas llanuras y un sinnúmero de especies–, ha sido perfecto para forjar una raza brava, de gente auténtica. Una en cuya sangre fluye el amor por las costumbres y por la tierra. Paradójicamente, la historia nos la cuenta un boyacense, el talentoso ‘Cholo’ Valderrama, que hoy es un portador de tradición llanera reconocido en escenarios internacionales. Él nos lleva de la mano, junto con sus acordes y sus líricas, a un viaje por esta ecorregión del país. Y gracias a ello somos testigos del día a día de hombres y mujeres que se han familiarizado con caballos desde que son unos críos y conocen el ecosistema como a su propio cuerpo, y sobre todo de que han trabajado duro para sobrevivir, pero lo han hecho gozosamente pues sus labores diarias son un homenaje a la vida que les nutre un arraigado sentido de pertenencia.
 
 
 
 
 
Y pese a que en tiempos de feminismo y de identidad de género la figura de la mujer se ve un poco relegada –salvo por una canción– con Jinetes del paraíso tenemos un documental de gran factura técnica: en cada secuencia se le nota un trabajo esmerado que no escatimó tiempo ni esfuerzos para traducir en imágenes tamaño tesoro nacional. Con un buen trabajo de edición y el uso acertado de recursos como la música llanera y entrevistas, esta producción invita a visitar algún día –quizás cuando pase la pandemia– un paraíso que para los colombianos está a la vuelta de la esquina. ‹
 
 
 
Sitio oficial:
 
¿Dónde verla? 
 
*Artículo publicado en la edición impresa de junio de 2020.