23 de agosto del 2017
Archivo Particular
28 de Julio de 2017
Por:
Mario Alcalá

Como historia, confirma que aún hoy el vínculo y la necesidad de la humanidad por el oro se mantienen intactos.

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'Gold', el poder de la ambición… y lo que cuesta conseguirlo

El oro está ligado a la vida humana. Económicamente ha representado la riqueza de los pueblos, y durante muchos siglos;era el sinónimo de respaldo del dinero circulante en varios países. Si pasamos al plano simbólico, gran cantidad de pensadores han realizado comparaciones del valor del oro con la vida misma; desde Mahatma Ghandi, quien dijo: "Los grilletes de oro son mucho peores que los de hierro", pasando por el político norteamericano Benjamin Franklin, quien expresó: "La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro", hasta el novelista estadounidense estadounidense Henry Miller, quien pronunció la frase: "Cada momento es de oro para los que saben ver como tal". En los deportes, especialmente en los Juegos Olímpicos, la máxima distinción es la presea dorada; y en la sociedad misma, las joyas exhibidas por las clases domminantes o acaudaladas están fabricadas con este metal noble cuyo brillo enceguece.

Si fuéramos al plano químico, son muchas las bondades que hacen superior al oro respecto del resto de elementos de la tabla periódica. La manera como es extraído de la naturaleza y sus escasas reservas ante la demanda mundial hacen de su consecución algo que involucra enormes cantidades de dinero y un juego de poder que traspasa fronteras. 

Sobre “la fiebre del oro” trata el largometraje Gold, presentado para el público de habla hispana como El poder de la ambición. En teoría, está inspirado en hechos reales, pero en la práctica toma varios de los elementos de estos sucesos y cambia nombres y escenarios, aunque trata de dejar plasmada en la pantalla grande la misma situación. El personaje central es Kenny Wells, quien sobre el papel es un perdedor y cuyas palabras son infinitamente superiores a sus acciones. Después de dar tumbos en la vida y caer en bancarrota, tiene –según sus propias palabras– una iluminación de carácter onírico. En el sueño, ve un lugar en Indonesia donde se presume una gran cantidad de oro en el subsuelo. Para acolitarlo en esta empresa descabellada aparece Michael Acosta, un geólogo con más pasado que presente y cuya alicaída reputación aún se sostiene por un importante hallazgo mineral que representó en el pasado grandes ganancias para la compañía en la cual él trabajaba. En contra de todos los pronósticos, muy a pesar de las puertas que se cierran, arriesgando lo poco que les queda y la vida misma, Kenny y Michael llegarán a ese lugar exótico en la jungla de Indonesia y harán un descubrimiento que revolucionará el mercado del oro mundial. 

Como historia, El poder de la ambición confirma que aún hoy el vínculo y la necesidad de la humanidad por el oro se mantienen intactos. El filme hace gala de ese apropiado título para los espectadores hispanoparlantes sobre el poder de la ambición a través de sus personajes y de los puntos de giro que tiene el relato. Las tácticas, las decisiones y las reglas para algunos seres humanos inquebrantables pueden lograr en la audiencia algún tipo de reflexión, o prestarse para jugar un poco a qué habríamos hecho si estuviéramos en los zapatos de los protagonistas. 

El ‘talón de Aquiles’ de Gold es su reparto. A pesar de ser un gran actor y de haber ganado un Oscar, Matthew McConaughey se muestra tan repetitivo en sus expresiones y en su tono de voz que ya resulta exasperante. Ni siquiera el cambio físico que requirió su personaje lo aleja de esa reiteración sobre sus propios roles. Édgar Ramírez, quien interpreta a Michael Acosta, luce poco creíble, plano y sin alma, a pesar de ser un eslabón muy importante en la historia. Los actores secundarios apenas lucen aceptables y hasta intrascendentes. 

La película pertenece a ese grupo de cintas que si se llegan a ver no se pasa un mal rato, pero que no quedan en la memoria precisamente porque pudieron ser mejor elaboradas. Con un tono muy al estilo de El lobo de Wall Street, Gold es otro punto de vista sobre la injerencia del oro en el hombre. Mejor resumida podría estar esta cinta con la frase del filósofo griego Heráclito de Éfeso: “Los buscadores de oro cavan mucho y hallan poco.

 

 

*Publicado en la edición impresa de abril de 2017.