15 de octubre del 2018
14 de Septiembre de 2018
Por:
Mario Alcalá

A sus 70 años de vida, el artista panameño abre su, hasta ahora, desconocida vida privada ante el lente del cine.

El lado B de Rubén Blades

Sucedió un 16 de julio de 1948, en Ciudad de Panamá, ese día, en un barrio de clase media, nació Rubén Blades Bellido de Luna. Desde ese instante, comenzó a moldearse la figura de un hombre que, según sus propias palabras: “He tenido la fortuna de hacer las cosas que siempre soñé”. Si se analiza su carrera en la música, resulta difícil encausar la gran cantidad de información que se desprende, con respecto a su aporte a este maravilloso arte. En su faceta de ideólogo y político, es una figura con una voz que retumba desde su natal Panamá, y que se esparce por toda esa América Latina que tantas veces ha visitado en medio de sus numerosas giras. Se dio el lujo de alejarse durante cinco años de los escenarios para convertirse en un servidor público de su patria. Un día, solo por curiosidad, quiso saber qué se sentía al ser actor de cine y, aunque en un principio esta experiencia no lo convenció del todo, terminó por rodar más de 20 largometrajes. Hoy, con siete décadas encima, piensa que ha llegado el punto de dar su versión de las cosas, para evitar las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad.

Yo no me llamo Rubén Blades, es el documental que un también panameño, Abner Benaim, rodó con la ‘bendición’ del llamado “Poeta de la salsa”. A lo largo de sus casi 90 minutos de duración, este realizador nos acerca, como nunca, a esa vida privada de un artista que empezó desde muy abajo, para llegar a ese “Olimpo” de los dioses de la salsa. Con la figura de Rubén Blades hablándole de frente a la cámara y, a través de imágenes de su trayectoria, acompañadas de entrevistas con hombres de la talla de Sting, Paul Simon, Ismael Miranda, Andy Montañez, y de otros menos relevantes, como René Pérez (ese que se hace llamar Residente), la audiencia podrá ver, como lo canta el mismo Rubén a capela, que una vez él se baja del escenario es un ser humano como todos.

La gran virtud del documental es la libertad con la que su protagonista nos entrega, de manera honesta y amena, auténticas lecciones de vida, reflexiones sobre la existencia, la muerte, la familia, el éxito y las vicisitudes que nos entrega nuestro paso por el planeta, y ese legado que cada quien podría dejar como huella. El pero de Yo no me llamo Rubén Blades reside en sus tonalidades, tal vez resulte siendo muy claro, esa parte oscura que es inherente al ser humano desapareció casi por completo, a excepción de un escenario con su paternidad, porque si lo que el gran Rubén quiso fue dejar testimonio en vida de su filosofía, debió haber ido más allá y también hablar de esos momentos donde su comportamiento no fue el indicado, que lo hubieran mostrado mucho más humano.

 

Ficha técnica

Título original: Yo no me llamo Rubén Blades

Año: 2018, Panamá, Argentina, Colombia

Idiomas: español, inglés

Duración: 84 minutos

Géneros: documental, musical

Director: Abner Benaim

Reparto: Rubén Blades, Sting, Paul Simon, Gilberto Santa Rosa

 

Calificación (en la escala del 1 al 5): 4