16 de septiembre del 2019
Cortesía Black Velvet FICCI 58
28 de Febrero de 2018
Por:
Redacción Credencial

Junto a Tilda Swinton y el director Bruno Dumont, la actriz española será uno de los grandes invitados al Festival Internacional de Cine de Cartagena, que se celebrará entre el 28 de febrero y el 5 de marzo.

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“Todo lo he hecho en el cine antes que en la vida”: Maribel Verdú

Desde los 13 años, cuando debutó en la pantalla, Maribel Verdú se ha dado el lujo de trabajar para los más prestigiosos directores iberoamericanos. Los españoles Vicente Aranda, Fernando Trueba, Pablo Berger, Carlos Saura, Gracia Querejeta, por poner un ejemplo; los mexicanos Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Ella misma reconoce que ha crecido en su vida gracias al cine, pues ha pasado prácticamente toda su vida delante de las cámaras, y luego lidiando con la fama, los compromisos derivados de las producciones, la exigencia por brindar un mejor papel que el anterior, los premios… Verdú es la actriz más nominada de los Premios Goya, el galardón que reconoce el trabajo de la industria cinematográfica española. Ha sido candidata en once ocasiones y ha ganado dos: uno en 2008, por Siete mesas de billar francés, bajo la dirección de Gracia Querejeta; y otro en 2013, por su interpretación de la madrastra en Blancanieves, de Pablo Berger, una cinta muda y en blanco y negro que traslada el cuento de los hermanos Grimm a territorio español, en una familia de toreros.

 

Motivos suficientes para que los organizadores del 58º Festival Internacional de Cine de Cartagena hayan decidido rendirle tributo, por sus más de 30 años de carrera artística y más de 90 películas. Su más reciente estreno es Abracadabra, donde trabaja de nuevo para Pablo Berger, quien reconoció hace poco que el guion lo escribió todo en función de Maribel.

 

Pablo Berger dijo que había reescrito el guion de Abracadabra, en el que venía trabajando desde hace años, solo para poder reconstruirlo a la medida suya. ¿Por qué cree que lo hizo?

No tengo idea. Deberías preguntárselo a él. Lo único que puedo decir es que me hizo muy feliz que me hubiera buscado para una segunda película. Es que si a mí Pablo me dice ‘ven’, lo dejo todo. 

 

¿Cómo conoció a Pablo Berger y cómo se sintió cuando supo que Blancanieves era una película muda y en blanco y negro?

Yo le conocí hace muchos años. Él me vino a hablar de la historia de Blancanieves, a ofrecerme el guion. Quedamos para desayunar. Me lo dio como hace él, después de toda una preparación preciosa, en una caja con toda la información. Y estuve con el guion en la mano como cinco o seis años, hasta que se pudo llevar a cabo el rodaje.

 

Y una vez se pudo filmar la película, ¿cómo fue el desarrollo del personaje? 

¡Con Blancanieves me lo pasé tan bien! Yo que me paso la vida sufriendo en el cine, de repente no llorar y rodar haciendo maldades a los demás era muy divertido. ¿Cómo me lo planteé? Es que no sé cómo contar eso, cómo trabajo los papeles. No lo sé. Juego, me tiro a la piscina, hablo con el director. Es que eso no sé explicarlo nunca, qué hago, cómo lo hago. No lo sé.

 

Usted empezó muy joven. ¿Ha aprendido a actuar porque los directores le enseñaron, o tuvo otro método?

Llevo 33 años trabajando y ha habido de todo. He aprendido de directores, de actores, fundamentalmente de la vida, de las experiencias que uno va atesorando, de las cosas buenas, de las malas que te pasan, de todo. Y el no parar de trabajar, al final hace que te curtas de todo y que aprendas de todo.

 

¿Cuál es su método de trabajo y cómo resuelve los obstáculos cuando un director tiene una visión del personaje distinto del suyo?

Es difícil de contestar. Lo genial, lo ideal, el sueño, es que tanto la idea que tenga el director como la que tienes tú acerca del personaje, coincida. Si no, pues al final el que manda es el director. Obviamente. Y luego tú, si tienes ideas, las negocias e intentas convencerlo de cosas que tienes claras. Pero al final, es el director el que manda. Ahora: cuando a veces me han pedido hacer algo en lo que no estoy de acuerdo, yo intento pero hago que no sé hacerlo. Digo "es que no me sale".

 

¿Es más un truco?

Es más un truco, que solo ha pasado con directores, donde tú dices ‘¡Ay qué malo es, ay en la que me metí!’ Yo hago como que no lo sé hacer. Le digo: ‘¡Ay, es que te has equivocado eligiéndome!’

 

En serio, ¿le ha pasado?

Afortunadamente me ha pasado muy poco, pero, hombre, claro. ¡Si yo he hecho cien películas! ¿Qué te crees, que todas han sido un camino de rosas? No.

 

También ha trabajado con algunos de los mejores directores de España. Entre los grandes, ¿con cuál se ha sentido más cómoda?

No puedo decir solo uno, tengo obviamente mis favoritos con los que trabajaría con los ojos cerrados todo el rato, pero decir solo uno me parecería horroroso.

 

¿Con cuáles trabajaría todo el rato?

Por ejemplo con Pablo Berger, con Gracia Querejeta, con Javier Ruiz Caldera, con el que acabo de hacer Super López, que ha sido una experiencia maravillosa. Con Gerardo Olivares, con quien hice El faro de las orcas. Fue una maravilla trabajar con él.

 

Entre todos hay una sola mujer…

También tuve una experiencia con otra mujer que se llama Paula Ortiz, en De tu ventana a la mía. He trabajado con ellas dos. Ojalá pudiera hablar sobre más directoras, ojalá hubiera paridad entre directores y directoras. 

 

¿Cuál es la diferencia de trabajar con un director y con una directora?

Hay diferencias, sobre todo a nivel personal. Con una mujer me siento más a gusto, por el mismo motivo que prefiero una entrenadora que un entrenador. Hay una especie de entendimiento diferente, si te llevas bien con esa persona, claro está. 

 

¿Por qué dicen que Amantes, de Vicente Aranda, en 1991, constituyó un antes y un después en su carrera? ¿Lo siente así?

No. Lo que pasa es que antes yo había hecho una serie de películas maravillosas, con Trueba, con Moncho Armendáriz, pero era una cría. De repente con Amantes como que se dieron cuenta de que esa cría había crecido. A mí, en las críticas que me hacían, hablaban de la película pero nadie me encumbraba. Fue como si me hubieran descubierto. 

 

La película Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, en 2001, fue una especie de hito en el cine latinoamericano. ¿Cómo llegó a participar en el proyecto?

Me llamó Fernando Trueba y me dijo que había un director mexicano que quería conocerme, y organizó una cena para que conociera a Alfonso y a Carlos, su hermano. Ahí nos conocimos. Me encantó la historia y comenzamos a trabajar juntos en el texto, en desarrollar el personaje. Luego vinieron a España a ensayar con Diego (Luna) y Gael (García Bernal). Estuvimos un mes ensayando. Esa preparación fue un sueño. 

 

¿Y esa película fue la que la llevó a trabajar con Guillermo del Toro en El laberinto del Fauno?

Eso pensaba yo. Pero Guillermo había visto todos mis trabajos anteriores. Fue así: estaba en Madrid, comiendo en casa de unas amigas, cuando recibí su llamada. Me dijo que quería comer conmigo porque tenía un guion para ofrecerme. Comí con él y con Berta Navarro. Me dieron el guion, me lo leí por la noche y al día siguiente lo llamé a preguntarle qué era esa maravilla.

 

¿Y qué tiene Guillermo del Toro que no había encontrado antes en otro director?

Él es un ser maravilloso. Divertido. Cariñoso. Respetuoso. Es que lo tiene todo. Y talentoso a más no poder.

 

¿Cómo le ha servido la actuación para la vida y cómo le ha ayudado la vida para la actuación?

Va tan unido, desde que tenía 13 años, que comencé a hacer cine. Hay como una simbiosis difícil de separar. Creo que me ha servido mucho más la vida para la actuación, que al revés.

 

¿La vida le ha servido para construir los personajes?

Hombre, claro, porque realmente la experiencia es importante a la hora de trabajar. La experiencia es vital, de tu vida, a la hora de construir personajes. Lo he hecho muchos años. He hecho el amor en el cine antes que en mi vida. Me he drogado en el cine antes de haberlo probado en la vida; he fumado en el cine antes que en la vida. Lo que pasa es que, luego, cuando realmente has hecho todas esas cosas, puedes construir los personajes de otra manera.

 

¿Lo hizo primero en el cine que en la vida? ¿Entonces ha construido la vida en el cine?

Yo todo lo he hecho primero en el cine que en la vida.

 

O sea que el cine le ha enseñado también a vivir, ¿o no?

Pero de otra manera. Es otra serie de vivencias.

 

¿Qué opina del movimiento #Me too? ¿Es acaso el acoso una especie de tradición fatal en la industria cinematográfica?

No he tenido esa mala suerte, desde luego. Lo que creo es que va a haber un antes y un después luego de esa campaña. Vamos a estar más protegidas. Pero debería pasar en todas partes. ¿Qué te crees, que solo en el cine ha habido acoso? El poder por parte del hombre ha estado toda la vida, y seguirá estando. Entonces denunciarlo y no quedarse callada es una manera muy importante de salir adelante.

 

 

*Publicado en la edición impresa de febrero de 2018.