23 de septiembre del 2019
Imagen publicada por Muhammad Najem en Twitter
16 de Abril de 2018
Por:
Ana Catalina Baldrich

En más de 30 videos en YouTube que denuncian el drama sirio, un niño de este país deja al descubierto el fracaso de la comunidad internacional en una guerra que ya lleva siete años, más de 200.000 civiles muertos y cinco millones de refugiados.

Siria, entre la impotencia y el abandono

Un adolescente que se convierte en Youtuber, ama el fútbol y espera poder disfrutar del Mundial de Rusia no parece tener nada de particular. Muchos jóvenes de todo el planeta inundan la plataforma de videos con historias cotidianas, así como otros tantos compran la camiseta de su equipo y cientos de ‘monas’ para completar su álbum. Pero la cotidianidad de Muhammad Najem hace que sus historias y aspiraciones sean diferentes. “Quiero contarte –dice en uno de sus videos– sobre mi amor por el fútbol. Espero ver la Copa del Mundo, pero no puedo ni imaginarlo. Será en Rusia. Rusia nos mata todos los días, jugará al fútbol mientras bombardea a los niños con esas bolas de bombas de racimo”.

Muhammad Najem nació en Siria. Tiene 15 años, desde los 8 ha vivido en medio de la guerra y desde diciembre del año pasado publica videos en YouTube en los que muestra las secuelas de los ataques. “Ese sonido que estás escuchando –dice en otro video– son los bombardeos del régimen de Asad”.

El pasado 1º de abril, el canal del joven cambió de escenario. Su ciudad, Guta Oriental, fue sitiada, y él y su familia se vieron forzados a emigrar. “El régimen de Asad y Rusia están bombardeando con todo tipo de armas prohibidas, con el pretexto de matar terroristas. Pero sus blancos son directamente hospitales y albergues, matan a niños, mujeres y hombres. Después de que destruyeron completamente todo, la gente se desplazó. Ahora mi familia y yo estamos en Idlib”, dijo a REVISTA CREDENCIAL.

Desde marzo de 2011 hasta marzo de este año, según el más reciente informe de la Red Siria para los Derechos Humanos, la guerra había causado la muerte de 217.764 civiles, entre ellos 27.296 niños. “Se han producido –dice el documento– 217 ataques químicos en Siria. El régimen sirio perpetró 212 de ellos, causando la muerte de no menos de 1.421 personas, mientras que ISIS ha perpetrado 5 ataques”.

Esta situación se ha recrudecido en los últimos meses por cuenta de los ataques del régimen de Bashar Al Asad y Rusia en Guta Oriental, en donde –según Médicos Sin Fronteras– desde el 18 de febrero hasta el 3 de marzo habían muerto, en promedio, 71 personas al día. “Durante las dos primeras semanas de ofensiva, desde la tarde del 18 de febrero hasta la del 3 de marzo de 2018, las cifras revelan que 1.005 personas murieron y 4.829 resultaron heridas”, dice un comunicado de la organización.

Las cifras y las alertas, así como los clamores de Muhammad, son débiles para conseguir siquiera amainar los bombardeos. Inocuas a la hora de detener el éxodo de más de cinco millones de personas. El problema es que en este punto el poder del conflicto es tan fuerte que hasta las estrategias de la comunidad internacional, al menos en apariencia, son inoperantes. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado cerca de 20 resoluciones frente a la guerra en Siria. La primera, el 14 de abril de 2012, condenaba las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades sirias y los abusos por parte de los grupos armados. La más reciente, la 2401 del pasado 24 de febrero, exigía a las partes poner fin a las hostilidades por un periodo de al menos 30 días consecutivos en todo el país. 

 

Silencio cómplice 

La opinión de que la comunidad internacional se está quedando corta ante la devastación de la guerra ha alcanzado incluso a los responsables de coordinar la ayuda en el terreno. Seis días después de que se aprobara por unanimidad la resolución 2401, Jeffrey Feltman, secretario de Asuntos Políticos de la ONU, admitió ante los miembros del Consejo que no existen palabras para expresar la frustración de la organización ante lo que llamó “el fracaso colectivo” para dar fin a la guerra; mientras que el secretario para Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, resumió que lo que se estaba presentando eran más bombardeos, enfrentamientos y muertes: “En otras palabras, más de lo mismo”. 

Kristin Helberg, periodista alemana que hasta hace unos años fue corresponsal desde Damasco, aseguró en una entrevista con la Deutsche Welle que en realidad los detractores de Al Asad –lo que incluye a activistas, rebeldes y opositores– no han recibido el apoyo necesario para derrocar al régimen y que el problema es que no se ayuda a la población civil. “Ninguna potencia militar en Siria se ocupa de proteger a los ciudadanos. Todos persiguen sus propios intereses. Es en realidad el fracaso de la comunidad internacional”.

En medio de culpas, lamentos y debates, está la población civil, que parece sentirse abandonada. Muhammad Najem, quien le dijo a CNN que quiere ser periodista cuando sea grande, ha publicado casi 30 videos en los que muestra las consecuencias de las bombas, entrevista a otros niños y recuerda que en su país el tiempo realmente cuenta: “Sabemos que te aburres de nuestras imágenes de sangre. Sabemos que has visto videos de cómo nos matan. Pero seguiremos apelando por que te sientas culpable. Somos asesinados por tu silencio. Bashar Al Asad, (Vladimir) Putin y (el líder supremo de Irán Alí) Jamenei han matado nuestra infancia. Sálvanos antes de que sea demasiado tarde”. υ

 

El primero de abril, Muhammad Najem publicó un video sobre cómo fue su viaje desde Guta hasta Idlib, desde donde le dijo a Revista Credencial:

“Ahora vivo en Idlib. Quiero contarle al mundo lo que está pasando en Siria, y la verdad que ellos esconden. La comunidad internacional falló por completo en ayudarnos. El régimen de Asad, con el apoyo de Rusia, bombardeó Guta, la destruyeron por completo. Lo perdimos todo. Quiero que la guerra en mi país termine. Quiero vivir una vida normal como todos los niños del mundo. Ese es mi deseo para mí y para todos los niños en Siria”.

 

“Los ataques podrían detenerse mañana”

 

Anna Ridout, directora de comunicaciones de la Campaña por Siria, un grupo independiente que trabaja por un futuro pacífico y democrático en el país, habla sobre lo que se podría hacer para detener la guerra.

 

¿Cómo está la situación después de siete años?

El régimen sirio y Rusia siguen matando a civiles con impunidad. En Guta Oriental, en este momento, los médicos están tratando a personas lesionadas por Napalm, bombas de barril y ataques con misiles, así como ataques químicos de cloro gaseoso. Estamos trabajando con héroes increíbles que arriesgan sus vidas en Siria para salvar a otros y luchar por un país democrático y pacífico. Juntos estamos demostrando al mundo que puede haber un final al horror si nuestros líderes mundiales actúan para detener el bombardeo.

¿Por qué no funcionó la resolución?

La resolución ha sido pisoteada por el régimen sirio y por Rusia, ya que continúan violando el alto el fuego y cometiendo crímenes de guerra.

¿Qué hacer?

Durante años hemos visto asesinar a civiles sirios mientras el mundo no actúa. La historia más dañina que ha surgido es que es un conflicto singularmente complicado en la Historia de la humanidad, que no tiene una solución posible. Pero estos ataques podrían detenerse mañana. Las fuerzas europeas y estadounidenses podrían atacar las bases aéreas y los aviones del régimen sirio utilizados para lanzar bombas sobre civiles. Estas medidas punitivas enviarán un mensaje inequívoco al régimen de Al Asad y a Rusia de que los crímenes de guerra contra civiles en Guta deben terminar. 

Además, Europa y Estados Unidos deben estar preparados para crear una presión real sobre Rusia por su conducta en Siria: los embajadores podrían ser expulsados de la noche a la mañana, los patrocinadores podrían boicotear la Copa del Mundo, la lista es interminable. 

Solo un cese del fuego forzado puede crear las condiciones necesarias para poner fin al sufrimiento de las familias en Guta y crear las condiciones para negociaciones reales que terminen el conflicto para siempre. 

 

 

*Publicado en la edición impresa de abril de 2018.