20 de agosto del 2017
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10 de Febrero de 2017
Por:
Catalina Baldrich

A propósito de la decisión de la Superintendencia de Sociedades de intervenir las empresas de Odebrecht en Colombia, el presidente emérito de la organización Diálogo Interamericano, Peter Hakim, considera que, a pesar de las implicaciones de este caso, la corrupción de Odebrecht y su relación con el Gobierno brasileño no tiene nada de particular.

“Odebrecht no era la única”: Peter Hakim

¿Cree que Odebrecht es la única compañía que trabaja en estas condiciones?

Brasil no es un país especial. Las relaciones cercanas y corruptas entre Gobierno y sector privado se dan en todas partes. En algunos lugares más, en otros menos. Y en Brasil, Odebrecht no era la única empresa dedicada a la corrupción. Prácticamente todas las grandes constructoras del país participaron en una organización similar a un cartel, que compartía contratos gubernamentales. El cartel decidió qué empresa tenía qué contratos. Las empresas de construcción, debido a que participan en proyectos grandes y caros financiados por el Gobierno, pueden ser particularmente propensas a injertos y corrupción, pero también participan muchos otros tipos de empresas. En resumen, nada especial sobre Brasil y Odebrecht, excepto el enorme tamaño de ambos. De hecho, Transparencia Internacional, que produce un ranking de la percepción de la corrupción en los países de todo el mundo, registró durante muchos años que Brasil era el cuarto país latinoamericano menos corrupto, detrás de Uruguay, Chile y Costa Rica. México, Argentina, Venezuela y Colombia obtuvieron resultados mucho peores.

 

¿Hay condiciones específicas en Latinoamérica que facilitan la corrupción?

Los estudios que he visto, incluyendo Transparencia Internacional, sugieren una fuerte correlación entre las bajas tasas de corrupción, por un lado, y el alto ingreso per cápita y las instituciones democráticas robustas por el otro. La correlación no es perfecta (muchos países ricos productores de petróleo, como Venezuela, son muy corruptos), pero se ajusta bastante bien a América Latina, tanto en comparación con otras regiones del mundo como con el ranking interno de las naciones latinas. Ciertamente el hecho de que Chile y Uruguay sean vistos como los menos corruptos de la región no sorprenderá a nadie, como tampoco que Haití, Honduras y Venezuela lo sean entre los más corruptos. A nivel internacional, los países latinoamericanos se desempeñan en gran medida en línea con sus ingresos per cápita. Hay pocas excepciones, como Argentina y México, que son más corruptos de lo que deberían ser, y Chile y Uruguay, que son menos. Así, América Latina es tan corrupta u honesta como el resto del mundo.

 

¿Qué consecuencias traerá este escándalo?

Es difícil de predecir. Tomemos el caso de Brasil, donde la justicia ha sido particularmente agresiva en la investigación y enjuiciamiento de casos de corrupción en los niveles más altos de Gobierno y negocios, y en poner a los líderes políticos y empresariales detrás de las rejas. Pero si esto conducirá a un país menos corrupto en el futuro es imposible de saber. Por otro lado, también puede ser que seamos testigos de un cambio en las actitudes brasileñas hacia la corrupción. Los brasileños están enojados por la corrupción que impregna a sus representantes y líderes, y comenzarán a usar su voto para mantenerlos fuera del cargo. La corrupción ha sido, durante mucho tiempo, una forma de política, negocios y vida en Brasil y muchos otros países de América Latina. Ha empeorado a medida que la política y las elecciones se han vuelto más caras. No hay cura instantánea.