18 de octubre del 2019
Foto:Mark Abrahams
3 de Septiembre de 2012
Por:

Se ha hecho famosa por ser la más exigente de los jurados del famoso programa ‘Project Runway’. Además es directora de moda de la revista ‘Marie Claire’ y acaba de publicar un libro con sus mejores consejos. Esta barranquillera es hoy una de las mujeres más poderosas del mundo del espectáculo.

Por Margarita Vidal

Nina García, profesión glamour

Como todas las niñas, la barranquillera Nina García (Ninochtka, reza su fe de bautismo) acechaba el momento en que el guardarropa de su madre se abría para descubrir un tesoro deslumbrante de zapatos, finas prendas, accesorios, joyas de ensueño, que ella se probaba con un deleite desmedido e inusual en una muchachita de tan escasos años.

Ante la mirada de su progenitora, Nina acariciaba perlas, se terciaba sedas, agachaba sobre su frente las alas de sombreros exquisitos y danzaba entre linos y encajes. Dejaba que su imaginación la convirtiera en una de las extraordinarias modelos que tanto admiraba en las revistas de moda, que no se cansaba de mirar horas enteras. Sabía ya que esos serían los territorios de su futuro reino. Lo supieron también sus padres, acaudalados industriales, que le mostraron sofisticadas vitrinas en París, Londres, Nueva York, Milán, lujos orientales en países remotos, capitales crepitantes con sus museos, su arquitectura, sus icónicos e inolvidables monumentos. Nina se forjó una sólida cultura y aprendió a apreciar con ojo clínico la belleza, la elegancia y el glamour.

Estudió, trabajó, se esforzó y sufrió las consabidas dificultades de quien no tiene una visa de residente en Estados Unidos. Pero su tenacidad a prueba de bala la llevó, hace ya veinte años, a reinar en el mundo ferozmente competitivo y millonario de la moda de Nueva York. Primero como directora de moda de la revista Elle y después en Marie Claire, dos árbitros mundiales del estilo, desde donde se ha convertido en una verdadera papisa de la elegancia. Es jurado del programa de televisión Project Runway, un reality que busca promover a los mejores diseñadores principiantes en Estados Unidos. Por medio de un juicio inapelable y duro arma ―o desarma― semana tras semana prospectos de diseñadores. Los perdedores la llaman ‘Cruela de Vil’; los triunfadores le acarician el ego con el apelativo de ‘Hada Madrina de la Moda’.

¿Cómo se inició en la carrera de moda y diseño?
-Desde muy pequeña tenía claro que me gustaba la moda y que de grande quería pertenecer a ese mundo. Nunca tuve dudas, mi familia tampoco. Estudié diseño de moda en París y luego mercadeo de moda en Nueva York.

Fue directora de moda de la revista Elle antes de llegar al mismo cargo en Marie Claire. ¿Cuál ha sido su aporte a este par de iconos mundiales de la industria?
-En Elle las páginas de tendencia y moda tomaron mayor importancia y tuvieron mucho éxito, dado que logré cambiar el concepto y la dirección de arte, pero conservando y profundizando una de las características que la diferenciaba de las otras publicaciones: sus raíces europeas. Por otra parte, a través de mi participación en Project Runway, la revista obtuvo mucha popularidad en todos los medios y se incrementó notablemente la circulación.

Dirige la parte de moda de Marie Claire desde hace más de una década. ¿Con qué visión?
-Marie Claire es una revista completamente distinta a Elle. Su público objetivo son mujeres emprendedoras, actualizadas, trabajadoras, independientes. Son mujeres que no desean ser víctimas de la moda; aquellas que, por el contrario, son decididas e inteligentes tanto en la adquisición de sus prendas como en la lectura que hacen de las modas y tendencias.

¿Qué tanto ha cambiado la industria en los últimos veinte años?, ¿qué factores han incidido en ese cambio?
-Muchísimos, y se esperan más. La democratización de la moda, por decirlo así (Zara, H&M), cambió por completo para muchos la forma de vestir y, sobre todo, la forma de apreciar y de alcanzar el mercado de lujo y diseño. Internet no sólo aportó nuevas opciones, sino que revolucionó la forma de comprar, las costumbres y la manera de informarnos sobre las nuevas y variadísimas tendencias que se presentan, a veces con un ritmo de vértigo.

No es fácil llegar a un cargo tan competido y codiciado. ¿Cómo lo logró?
-Con mucho enfoque, determinación y trabajo. Lo más difícil fue balancear mi vida privada con el trabajo, porque se puede perder muy fácilmente la perspectiva y olvidar que se tiene una vida propia.

En la película El diablo se viste de Prada se pinta la industria de la moda y a quienes trabajan en ella de una forma tremendamente descarnada, codiciosa y egoísta. ¿Eso es real?
-Sí, es una industria sumamente competitiva y fuerte, pero también apasionante y creativa.

A usted la han tildado de ‘Cruella de Vil’ en el programa Project Run Way. ¿El apelativo la divierte o le molesta?
-No me molesta para nada. Soy exigente, directa y sincera, pero sobre todo muy justa a la hora de dar mi veredicto y hacer mis críticas y observaciones: a los participantes los juzgo con los parámetros de las circunstancias y exigencias del mercado.

La escasez de tiempo y la presión que se ejerce sobre los potenciales diseñadores son brutales. ¿Deben los jurados ser tan críticos y despiadados? ¿No cree que terminan humillando a los participantes?
-Primero, es un programa de competencia en el que deben prevalecer la creatividad y el talento. Todos los participantes deben estar preparados para recibir críticas si su trabajo no corresponde a las expectativas. Se trata de crítica constructiva, para su propio bien. En ningún momento nuestra intención es humillar a nadie. Segundo, si desea hablar sobre críticas que perjudican, creo que las del New York Times, el Herald Tribune, o las de los fashion blogs pueden ser definitivamente más perjudiciales y devastadoras en la vida de un diseñador.

Usted considera que no hay que invertir grandes cantidades de dinero para vestir bien y lograr un efecto glamuroso y chic. ¿Cómo ser elegantes sin arruinarse?
-Evitando comprar todo un look por impulso y sólo porque es tendencia, pues pasará de moda en una temporada. Basta invertir en algunos accesorios de moda y comprar prendas más versátiles y de buena factura, que tendrán mucho más vida útil.

Las estaciones (en los países que las tienen) obligan al cambio de vestuario cada tres meses. Por otra parte, cada año cambian las tendencias, los colores y los diseños, dejando obsoleto lo del año anterior. Y la publicidad, además, crea falsas necesidades. ¿No es esa una presión demasiado fuerte para la mujer actual?
-Sí, totalmente, y no sólo para la mujer sino también para los diseñadores, que tienen que ‘re-crear’ constantemente y aparecer con nuevas ideas en sus colecciones. Por eso le reitero que a la hora de comprar hay que escoger prendas combinables: ropa de calidad y clásica, que nunca pasará de moda. El toque atrevido se le deja a los accesorios.

En moda hay personas que sostienen: ‘Menos es más’. ¿También lo cree así?
-Sí, ¡absolutamente! Encuentro que hay mucha belleza en lo más sencillo y puro.

¿Cuáles son los errores más notorios que pueden cometerse en materia de vestuario y arreglo personal?
-Para las latinas, principalmente, ponerse prendas que no son de su talla (apretadas); usar al tiempo escotes y faldas cortas por creer que es más sexy, cuando en realidad es una forma automática de perder elegancia y caer abruptamente en la vulgaridad; exagerar con los accesorios y maquillarse demasiado.

Usted ha sido jurado de Miss Universo. Muchos critican los reinados de belleza por considerarlos denigrantes para la mujer. Aquí, el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, prohibió los reinados en los colegios, argumentando que lo que se debe estimular es el talento, el estudio y la competitividad sana en la mujer. ¿Qué opina?
-Estoy de acuerdo en que la belleza no es suficiente y que no debería ser lo principal para fomentar autoestima y estimular el progreso de la mujer. Considero que las herramientas más fuertes ―para todos los seres humanos― son el conocimiento y la educación, porque hoy en día es indispensable tener una buena preparación académica y ser competitivos.

La moda parece haber entrado en algo similar al ‘eterno retorno’: es circular. Todo lo que se usó antes, vuelve una y otra vez. ¿Falta de imaginación de los diseñadores?
-Es cierto que en los últimos treinta años no ha habido grandes e innovadoras ideas. Creo que el principal motivo radica en que existe demasiada presión a los diseñadores para crear y vender muchas colecciones al año. Eso los limita y les impide dedicar el tiempo necesario para reflexionar, dar rienda suelta a la imaginación y arriesgarse.

En enero de 2002, cuando se retiró, Yves Saint-Laurent dijo: “No tengo nada en común con este nuevo mundo de la moda. La elegancia y la belleza se han esfumado”. ¿Qué opina?
-Respeto mucho al señor Yves Saint Laurent, un verdadero ícono de la moda, pero no estoy de acuerdo con sus palabras. Considero que los paradigmas de elegancia y belleza deben no sólo evolucionar al ritmo de los cambios sociales, económicos, culturales y hasta políticos, sino incorporar también nuevas esencias.

¿No le parece que en general la moda hoy se caracteriza por el sensacionalismo y por lo que alguien ha denominado ‘anatomismo’, es decir, mostrar cada vez más el cuerpo?
-Hollywood y la televisión han influido demasiado en nuestra cultura. Muchos aspiran a ser famosos y a tener éxito sin esfuerzo, de modo que echan mano de ese tipo de extravagancias que a veces llegan hasta lo grotesco. Pero considero que todavía existe ―y prevalece― el buen gusto, y la diferencia es notable.

Ha escrito varios libros sobre diversos aspectos de la moda y la elegancia. ¿Cuál es su propósito?
-Me encanta compartir con las mujeres lo que he aprendido en mis veinte años dentro de esta industria. Hay muchas cosas que a simple vista parecen ser mas fáciles de lo que en realidad son. Mi intención es ayudar a que comprendan y disfruten la moda. Publicar todos los meses una revista me ha dado mucha experiencia en este campo. Sé distinguir entre una tendencia pasajera y prendas que siempre serán imprescindibles.

Usted ha sido el ojo implacable de ‘Los mejor y peor vestidos de Colombia’. ¿Cómo ve el estilo de las colombianas?
-Me siento muy orgullosa de la elegancia de nuestra gente. Verdaderamente hay un lindo balance entre lo sobrio, lo clásico, lo actual, lo juvenil, y lo moderno. En general hay muy buen gusto y mucha clase en nuestros hombres y mujeres.

Usted ha dicho que le gusta la armonía, pero que en la imperfección también hay belleza. ¿Eso qué significa?
-Se le da demasiada importancia a la ‘belleza perfecta’. Las mujeres más elegantes y atractivas históricamente no siempre han sido las más bellas y perfectas físicamente.

Los diseñadores son verdaderos ‘divos y divas’ inalcanzables que se consideran artistas. ¿La moda es arte?
-La moda es un balance entre comercio y arte, pero los almacenes no son museos. He ahí la diferencia. El boom del luxury business contribuyó a crear y proyectar ese perfil de personajes inalcanzables. Pero hoy somos conscientes de que esa estrategia no siempre ha conseguido el mejor resultado.

¿Qué tan difícil es para un principiante hacer una carrera exitosa en el exclusivo mundo de la moda?
-Es difícil, no lo voy a negar. La competencia es grande y se necesitan mucho talento, determinación y suerte.